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Cabo de miedo

 

A principios de los 90 se estrenó una película que asustaba en serio. Era muy buena. Trataba de un ex convicto malo que perseguía a un abogado quien, a su entender, no lo había defendido bien en el juicio que lo mandó a las sombras. El villano iba detrás del leguleyo y su familia con la intención de asesinarlos. Tarea que intentó hasta el último minuto de la peli. No daba respiro el asunto si uno estaba delante de la pantalla. La cinta se llamaba (y se llama) Cabo de miedo. Imposible no relacionar la trama con el temor y la incertidumbre que le generó Cabo Verde al Seleccionado nacional el viernes por la noche.

Como si emulara al filme de Martín Scorsese, el equipo africano lo puso en aprietos al defensor del título durante 120 minutos (o más en realidad, porque ahora los partidos son interminables vayan a o no al alargue). Los Tiburones Azules (gran parte de la historia de Scorsese transcurrr en el mar, vaya casualidad con los escualos) estuvieron siempre oliendo sangre a lo largo del duelo de dieciseisavos de final frente al Seleccionado. Y eso que Argentina comenzó ganando con un golazo (más) de Leo Messi. Pero ni siquiera esa posibilidad, la de empezar en ventaja, le dio tranquilidad al equipo que jugó, para muchos, el peor partido en lo que va de la Copa del Mundo.

Esa es una verdad posible. La otra es que Cabo Verde resultó la gran sorpresa del Mundial y que se fue de Miami con todos los honores. Empató con España y Uruguay y, de paso, eliminó a los Charrúas. Contra Argentina, el tercer equipo que enfrentó con estrellas en su escudo, estuvo a punto de llegar a los penales.

La otra parte del medio vaso indica que no jugó bien Argentina. No lo pudo hacer en gran medida porque no lo dejó el honorable rival de turno, pero también debido a fallas estructurales que habrá que tener en cuenta de cara a lo que viene. El futuro inmediato marca un ritmo frenético de duelos frente a conjuntos cada vez más poderosos y que irán subiendo la vara.

Para empezar, el viernes hubo desacoples en el mediocampo y la pelota ya no viajó ni tan clara ni tan rápida como nos tenía acostumbrado el equipo. La Messi-dependencia volvió a aparecer por momentos y Lautaro siguió con su racha seca, más allá del gol de penal que marcó frente a los jordanos. Y los laterales no pasaron con eficacia. Y no se pudieron aprovechar las ventajas. En tres oportunidades Argentina estuvo arriba en el marcador y en ninguna logró jugar en paz. Nunca. Siempre al borde del abismo. Como le pasaba durante toda la película a la familia del abogado: todo el tiempo con el corazón en la boca.

El medio campo de lujo, lo mejor del equipo a largo del brillante ciclo de Scaloni, no hizo del todo pie. Por momentos Enzo Fernández dio la cara pero Alexis Mac Allister no rindió tanto de cinco retrasado o como primera salida y a Thiago Almada se lo vio poco y nada. Los africanos asfixiaron esa zona y, en lugar de meterse atrás como bien saben hacerlo, propusieron con sus armas nobles: no pegaron casi ninguna patada y el Dibu tuvo que revolcarse.

Cabo Verde lo empató dos veces con dos golazos. Y eso que el trabajo de los zagueros argentinos fue de lo mejor. Cuti Romero ganó el partido con un cabezazo y Lisandro Martínez jugó el encuentro de su vida… no solo por el gran gol que hizo y la asistencia de luxe para Leo en el primero, sino porque también defendió con el alma. Licha está cada vez más parecido a Daniel Passarella, el capitán de la gesta del 78. Hasta físicamente se asemeja cuando se lo ve de lejos, imponiendo respeto. Tiene la estirpe del Gran Capitán.

El último dato es obvio: cuando el fútbol no fluye, la fuerza y el sudor ayudan a imponerse. Pero ahí el asunto es más comprometido. Porque cualquier error puede ser un gol del rival. Y un gol en contra, el pasaje de vuelta. El fin de la cita.

Entonces, ¿jugó su peor partido Argentina en el Mundial 2026? Sí, es la verdad. Tan cierta como que Cabo Verde fue un rival muy superior a Austria, Argelia y Jordania. Y que, de ahora en más, vendrán duelos durísimos. Y que hostigarán al equipo nacional como el asesino de Cabo de miedo a aquella pobre familia, hasta el último minuto, sin respiro. Como hizo Cabo Verde. Salvo que Scaloni y sus muchachos le encuentren la vuelta muy rápido. El martes se viene Egipto. No parece de los rivales más encumbrados, también es cierto… pero Argentina ahora tampoco. Habrá que revalidar la condición de candidato.