Política
Siete días de política

Bullrich no para de doblegar al kirchnerismo en el Senado

La imagen de Karina Milei festejando triunfos legislativos desde los palcos del antiguo bastión peronista se convirtió en la postal de una oposición resignada de antemano a la derrota

“Qué le vas a hacer, ñato, cuando estás abajo todos te fajan. Todos, che, hasta el más maula”.
Julio Cortazar, “Torito”, “Final de Juego” 1956

Las sesiones extraordinarias cerraron con una imagen más elocuente que mil palabras: la de Karina Milei y su entorno aplaudiendo desde las galerías del Senado la sanción de las reformas promovidas por el Ejecutivo. Un día tras otro, como si se hubieran abonado al palco.

Mientras tanto, abajo, Patricia Bullrich hacía que la nueva mayoría formada tras el éxito electoral de octubre derrotara disciplinadamente en una votación tras otra a un peronismo que dominó de manera hegemónica la cámara desde 1983, pero que ahora se desgrana por falta de conducción, de liderazgo y de una estrategia racional para frenar la sangría de legisladores.

En menos de tres meses Javier Milei consiguió sancionar el presupuesto, el olvido fiscal, la reforma laboral, la penal juvenil, el nombramiento de Fernando Iglesias como embajador y abrió la puerta para la reforma de la Ley de Glaciares para atraer inversiones mineras.

Una verdadera aplanadora ante la cual empalidece el “rodillo parlamentario” con el que en su época de hegemonía Cristina Kirchner forzaba al Congreso a sacar leyes “exprés”.

El giro de 180 grados en la relación de Javier Milei con el parlamento tiene varias causas, entre ellas, el fortalecimiento de los bloques libertarios, pero la decisiva es el colapso peronista del que fue un testimonio más el martes pasado la pérdida de la vicepresidencia del Senado que le correspondía por ser la primera minoría real del cuerpo.

La designación para el cargo de una peronista disidente, Carolina Moisés, enfrentada abiertamente con Cristina Kirchner por cuestiones partidarias, fue un golpe simbólico, pero demoledor para la imagen del kirchnerismo. Esa posición de poder es más formal que efectiva, pero demostró que Bullrich controla la cámara y que equivale al suicidio político la inflexibilidad del kirchnerismo que se opuso también a integrar las comisiones porque no conseguía la cantidad de lugares que pretendía.

Todo el peronismo está preso de la estrategia de CFK de apostar exclusivamente al colapso del plan de estabilidad para aprovechar el caos político subsiguiente y volver al poder. Todos los posteos de la ex presidenta, todos los discursos de su vocero en el Senado José Mayans y todas las declaraciones de los camporistas dicen lo mismo: el programa de Luis Caputo va camino al desastre.

Creen que ese conjuro los exime presentar una alternativa, pero el problema es que ata de pies y manos al peronismo en su totalidad para elaborar una propuesta superadora. La idea de los “K” bloquea cualquier iniciativa. Desde esa perspectiva la clave del futuro está en el pasado. Pero ni Axel Kicillof, cada vez más devaluado en la interna peronista, se aparta un milímetro del libreto.

Esto explica afirmaciones como la del gobernador Quintela (“Este gobierno no llega a 2027”), que son variaciones sobre el mismo tema del helicóptero recitadas ya hace mucho por Albistur y otros peronistas desnortados.

La perplejidad imperante en el PJ explica también reacciones insólitas como la de Miguel Pichetto que después de reunirse con Cristina Kirchner afirmó que “el peronismo tiene que perdonarse”, frase que lleva a la sospecha de que la dirigencia opositora no entiende o directamente prefiere ignorar los cambios ocurridos en la sociedad que los rechaza.

El problema no es que los peronistas no se perdonen entre ellos, sino en que la sociedad no los perdona. No perdona ni a Cristina Kirchner, ni a Alberto Fernánez, ni a Martín Guzmán, ni a Silvina Batakis, ni a Sergio Massa. No perdona más del 50% de pobres, la inflación desbocada, ni la dirigencia política preocupada sólo por sus “cajas”, mientras la miseria se extendía casi tan rápido como la corrupción.

Los políticos no son, sin embargo, los únicos que se resisten a admitir el cambio. Otro tanto ocurre con empresarios como Rocca y Madanes que quedaron en la mira de Milei en su condición de representante del modelo prebendario estatista. “Algunos vamos a quedar en el camino”, admitió el jueves el presidente de la Cámara de Comercio después de visitar a Adorni.

Mientras tanto la crisis del modelo Milei-Caputo parece lejana. Las finanzas están acomodadas, el BCRA compró 2.500 millones de dólares, Caputo “rolea” deuda a menos del 6% y el dólar se mantiene estable. Los que hicieron crecer la economía en 2025 fueron el agro, el petróleo, la minería y los bancos.

La economía “real”, sin embargo, no está tan acomodada. Los asalariados sintieron la inflación y desmejoró la percepción del plan de estabilidad (ver “Expectativas pesimistas”), pero ese es un problema al cual Milei y Caputo se dedicarán el año que viene.