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TEATRO

Bertolt Brecht y Kurt Weill a la criolla

Deslucida versión de ‘La ópera de tres centavos’ en el teatro Alvear.


‘La ópera de tres centavos’pieza musical en un prólogo, tres actos y ocho escenas, con texto de Bertolt Brecht y música de Kurt Weill. Coreografía: Florencia Viterbo. Iluminación: Francisco Ballarati. Escenografía: Lucía Tayler. Vestuario: Vanesa Abramovich. Régie: Gabriel Calderón. Con: Roberto Peloni, Alejandro Paker, Laura Silva, Evelyn Basile, Jessica Abouchain, Juan Cottet, Enrique Dumont, Rocío Noziglia. Coro (direc.; Matías Chapiro) y Orquesta (Annunziata Tomaro). El jueves 20 en el teatro Alvear.


 

 

Los años de entrambas Guerras configuraron una etapa de particular trascendencia en la vida alemana. La frustración colectiva por la derrota, el desabastecimiento y pago de crecidas indemnizaciones a las potencias vencedoras, el derrumbe del imperio y las turbulencias y fracasos de la República de Weimar, todo ello generó una suerte de reexamen existencial, laboratorio de nuevas búsquedas, que en el terreno de la cultura se manifestó con tendencias de creativa ruptura con el pasado. En este caldo de cultivo, y en lo que hace al arte lírico, Bertolt Brech y Kurt Weill, un gran dramaturgo y un notable renovador musical elaboraron ‘Die Drei Groschen Oper’, una obra escénica singular y precursora, que se estrenó en el Theater am Schiffbauerdamm, de Berlín, en 1928.

 

PARODIA Y CADENCIAS

Además de un texto con cáusticas referencias de crítica social (acentuada en la versión que nos ocupa), y ambientada en la Londres victoriana, ‘La ópera de tres centavos’ es un exponente del denominado expresionismo paródico. Destinada a actores-cantantes, contiene una sucesión de números de exquisita factura sonora, entrelazados con espacios hablados. Incorpora nuevos ritmos (fox-trot, shimmy, tango), e instrumentos nada habituales (bandoneón) a una reducida orquesta casi sin cuerdas. Y despliega melodías consonantes envueltas en insinuantes cadencias, un lirismo irónico, desencantado, todo en un marco de equilibrados pliegues dinámicos (‘Moritat’, la deliciosa ‘Balada de Mack’, en tiempo de blues).

Lotte Lenya, prototipo ideal del cabaret musical germano de aquellos años, con sus recitados y entonaciones suavemente arrastrados, fue una de sus grandes intérpretes, y ya pasado el nazismo, nada menos que Giorgio Strehler acuñó en Milán una puesta magnífica, que tuvo amplia difusión.

 

VERSION ARGENTINA

Luego de la algo lejana entrega del San Martín (Víctor Laplace, Guillermo Gallardo, Daniel Suárez Marzal), el teatro Alvear presentó el jueves una nueva producción de esta ópera-ligera, por cierto alejada de sus esencias. En una especie de edición rioplatense, el uruguayo Gabriel Calderón plasmó en efecto un espectáculo de corte revisteril, plagado de gritos aturdidores, movimientos enloquecidos y confusos, por añadidura demasiado largo. Ello, sumado al error de hacer cantar en serio a quienes no poseen condiciones para ello, al uso de vocablos altamente soeces y alteraciones del libreto, desvirtuó desde sus raíces la magnífica creación de Weill y de Brecht. ‘La ópera de tres centavos’ no es una pieza propia del Maipo o el Nacional de altri tempi.

Se trata de una esperada coproducción entre el Teatro Colón y el Complejo Teatral de Buenos Aires. (Foto: J. Bruzza).

El conjunto musical fue conducido por la joven estadounidense Annunziata Tomaro con aplicación y carencia de swing. Lucía Tayler optó por reducir la escenografía a un solo esquema, y el vestuario y la iluminación diseñados por Vanesa Abramovich y Franco Ballarati resultaron aceptables. En el tinglado, en un nivel parejo, se destacó sobre todo Alejandro Paker (Peachum), sin perjuicio de Laura Silva (su esposa), Evelyn Basile (Polly) y Rocío Noziglia (Lucy). El esfuerzo del conjunto (coros destemplados, bailarines y actores), corolario de un ajustado trabajo de ensayos, fue de cualquier manera muy meritorio y digno de encomio.

 

Calificación: Regular