Por Julio Borda *
En junio de 1880 se produce uno de los acontecimientos más curiosos de nuestra historia; ese año se celebraron las elecciones para Presidente de la Nación, siendo los candidatos Julio A. Roca, Ministro de Guerra de Avellaneda que contaba con gran prestigio debido a la exitosa Campaña del Desierto llevada a cabo entre enero y mayo de 1879, y el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, don Carlos Tejedor, un prestigioso político de claras simpatías mitristas.
Roca -apoyado por 11 provincias- finalmente resulta electo el 11 de abril de 1880. El resultado sin embargo, no es aceptado por Tejedor, quien decide ir a la guerra a fin de impedir el acceso a la Primera Magistratura de Julio A. Roca; para ello convoca a distintas instituciones como las milicias, la Guardia Nacional y la Policía, a fin de que lo apoyen en su litigio.
Avellaneda por su parte, hará todo lo posible para evitar derramamiento de sangre entre hermanos pues apostará a la paz, encareciéndole a Tejedor poner término a una situación belicosa que podía estallar en un grave conflicto, en donde el odio iba a dominar los corazones de millones de argentinos.
Tejedor ignoró las palabras de don Nicolás; sin embargo Avellaneda insistiría en su posición pacifista pues estimaba que la sangre no debía llegar al río. Es así que en una de sus últimas exhortaciones para evitar la guerra civil, el Presidente expresa con gran convencimiento: "Viva la paz que es condición de duración para la Nación poderosa, y condición de vida para los pueblos nacientes que se hallan expuestos a precipitarse en descomposiciones internas... ¡La paz! La paz que es para unos un interés y para otros un acto oficioso del patriotismo, es para mí un deber supremo. Mantener la paz es la obligación de mi empleo”.
A pesar de esta conmovedora exhortación de Avellaneda, Tejedor continuó con su dura posición belicista.
Lo curioso es que en medio de esta crisis, el 4 de junio de 1880 Avellaneda -a instancias de Carlos Pellegrini, su Ministro de guerra- decide mudar su gobierno a la Municipalidad de Belgrano, declarando a ese municipio como capital provisoria de la República y mudándose allí con todo su gabinete. Hacia allí también partieron los congresales y los Ministros de la Corte Suprema que se instalaban donde podían, ya sea en pensiones, hoteles o casas particulares.
En esa época el barrio de Belgrano contaba con dos edificaciones importantes: la parroquia y el edificio de la municipalidad. Sus calles además, no tenían empedrado y según un testigo, era una zona de quintas y arboledas que pronto cobró una animación que sus habitantes jamás hubieran podido imaginar. "En esa zona reinaba una profunda calma a veces interrumpida por el galope de los caballos de guerra...".
Las tropas nacionales eran muy superior en número a las que respondían a Carlos Tejedor. Los combates decisivos se librarían entre el 20 y 21 de junio en la zona de Puente Alsina participando en ellos, alrededor de 20.000 soldados con grandes piezas de artillería. La firme resistencia de las tropas de Tejedor, no fue suficiente para frenar las embestidas de las fuerzas nacionales.
Luego de esta lucha sin cuartel que dejó un saldo de 1.000 muertos aproximadamente, el gobierno se alza con la victoria. Por consiguiente, el 29 de junio se inician conversaciones para alcanzar un acuerdo, en donde el derrotado Tejedor renuncia a la gobernación de Buenos Aires y la paz se restablece en forma definitiva. Por lo tanto, el 12 de octubre de 1880, el general Julio A. Roca asume la Presidencia de la Nación.
Posteriormente, y luego de un proyecto de ley presentado por el Presidente saliente don Nicolás Avellaneda, Buenos Aires era proclamada como capital de la República Argentina.
* Historiador. Autor de “Don Nicolás, vida de Nicolás Avellaneda”.