El presidente del Banco Central, Santiago Bausili, explicó a los senadores que las reservas de oro que no están en el Central se encuentran depositadas en el Bank of International Settlements (BIS) en Suiza, y no en Londres como alegaba el peronismo. Lo dijo durante un plenario de las comisiones de Economía y de Presupuesto y Hacienda de la Cámara Alta, que fue convocado por la reforma de la carta orgánica de la entidad y que obtuvo dictamen favorable para ser tratada en el recinto.
Bausili, además, cuestionó a los senadores Juliana Di Tullio y Martín Soria por preguntarles dónde se encontraba “el oro de los argentinos” y dijo sentirse preocupado por la la falta de “comprensión de texto” de ambos senadores peronistas. Aseguró que esa operación estaba informada y auditada “sin observaciones” por la AGN. Soria lo contradijo y exhibió un informe en su celular que resultó ser una información periodística. “Ah, contestó Bausili, sería bueno que leyera el informe de la AGN”.
En su cuestionamiento Soria, con un lenguaje descalificador al Gobierno y a sus funcionarios, alegó que el Banco Central no había dado la información correspondiente a la AGN sobre el traslado de las reservas y hasta arriesgó que podían estar en la Isla de Man que pertenece a la Corona Británica.
Bausili, en sus argumentaciones, explicó que se trata de una suerte de banco central de los bancos centrales. El funcionario opinó que era “fácil armar una telenovela” con ese tema.
REFORMA
En relación a la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, dirigida a devolver a la entidad el objetivo único de preservar el valor de la moneda e impedir el emisionismo para combatir la inflación, se obtuvo el dictamen en comisión para ser tratada en el recinto de la Cámara Alta.
La iniciativa cuenta con sanción de la Cámara de Diputados y fue rechazada en duros términos por el peronismo, incluso con agravios para los funcionarios del Banco Central presentes en la reunión, donde estuvieron, además de Bausili, el vicepresidente Vladimir Werning. Al presidente a la entidad, Soria lo calificó de “caradura” después de acusarlo de representar a los poderes económicos. También enrostró a ambos por su trayectoria en la actividad financiera.
La reforma impulsada por el Gobierno promueve la autonomía de la entidad monetaria poniendo como condición para que su presidente pueda ser removido una mayoría de dos tercios los votos en ambas Cámaras del Congreso. Dispone también la eliminación de la emisión para financiar el déficit fiscal y el uso de las “ganancias” de la entidad -que son simples asientos contables- con igual objetivo. Pone fin asimismo al uso de las letras intransferibles (por ejemplo, Leliqs) que funcionaron como instrumento financiero para que los gobiernos kirchneristas pudieran hacerse de los dólares del BCRA.
En su exposición, Werning cuantificó el “daño patrimonial” que había causado desde 2003 el emisionismo y el uso del Central para financiar al Tesoro en 550 mil millones de dólares, equivalentes al 85% del PBI. Señaló que la consecuencia del “impuesto inflacionario” generado por los sucesivos gobiernos desde ese momento había sido pagado por toda la población, que su monto alcanzó los 390 mil millones de dólares y que la sociedad se había defendido de la exacción promovida desde el Estado con ahorro doméstico muy bajo y fuerte fuga de capitales. En conclusión, la inflación tuvo como consecuencias directas una licuación de los salarios y las jubilaciones, la desmonetización de la economía y varias crisis cambiarias.
Por su parte, el kirchnerismo cuestionó el proyecto con dos argumentos principales. El primero consistió en descalificarlo en tanto instrumento de la política económica del Gobierno y el segundo, al considerar una “vergüenza” que se quisiera dar estabilidad a los directivos del Central.