Economía
LA VISION LIBERAL PARA UN NUEVO PAIS

Basta de desvíos políticos y económicos

 

Mientras se mantenga el rumbo trazado por el presidente Javier Milei, que implica llevar a cabo una profunda reforma económica y social con sus correlaciones jurídicas y políticas, hay muchas posibilidades que Argentina salga adelante.

Esperamos que se tengan en claro las lecciones anteriores donde el remedio no era terminar con la inflación sino en tratar de reprimirla. La raíz de los problemas estuvo en los métodos gradualistas a través de los cuales se pretendió contenerla. Si la presente gestión fracasara dada la situación en que el anterior gobierno dejó al país, o por errores de ejecución, las consecuencias serian preocupantes.

El Gobierno ha tenido algunos inconvenientes, los más por una oposición cerrada en el Congreso que ha retardado los proyectos que necesitaban temprana solución. Ello ha hecho perder tiempo, pero si se cambiara la actitud por otra de mayor sintonía con la parte de la oposición que desea el bien del país, todo podría mejorar.

Se está haciendo esperar una profunda reforma tributaria y previsional, ambas son clave en emergencias como ésta. Se debería realizar con políticas globales y de aplicación simultanea. En la Argentina se han cometido errores económicos fundamentales durante décadas, dañaron profundamente la economía, desintegraron la trama social y desplegaron una mentalidad proclive a la corrupción.

Al Gobierno hay que reconocerle que está tratando de revertir, como lo hizo Carlos Menem, esa fatal situación, la expectativa es que sea con una durable estabilidad monetaria. Necesita de una amigable respuesta de parte de la oposición y de los argentinos.

INFLACION

La inflación, y más aún la inflación reprimida, trajeron enormes perjuicios para la sociedad. Perjudicó a quienes tenían renta fija: pensionados, jubilados, asalariados y en general, a quienes tenían ingresos bajos y habían sufrido mucho más el aumento de los precios de bienes esenciales.

Ello aumentó los reclamos de los sindicatos que vieron los efectos desestabilizadores que provocaba al diferenciarlos tanto de quienes tenían ingresos mayores. Sus reclamos, junto a otros sectores que también exigían, provocaron desestabilización y contribuyeron a aumentar la inflación.

Este mal tan temido por los países que la sufren o han sufrido es lo que bien se llama “un impuesto al pobre”, influye también sobre el funcionamiento de la democracia, la cual es pervertida por los efectos inflacionarios que opera sobre grandes masas sociales, especialmente sobre las necesitadas de apoyo y protección.

Los gobiernos argentinos, salvo excepciones, como fueron los de Arturo Frondizi, el de Carlos Menem y ahora el de Javier Milei, poco han hecho para atacarla de raíz, no combatieron las causa sino los efectos, por lo cual se repitió una y otra vez.

La inflación siempre se aproxima a acciones y reacciones que provocan desorden, marginalidad, las cuales generalmente desembocan en situaciones insostenibles: por lo general una sociedad cansada de padecerla busca un gobierno fuerte, casi siempre una dictadura, para contener el desborde que provoca. Brasil, Chile, Argentina fueron muestras significativos de lo anteriormente expresado.

Hoy en día tenemos ejemplos que nos muestran que con sacrificio de gobiernos y ciudadanos se puede controlar, a eso apunta la política del Gobierno y es lo que habría que apoyar. El gran ejemplo de que se puede, con sacrificio, nos lo dio con políticas liberales Alemania después de vivir en profundidad los estragos de la inflación: nadie sabía cuánto valían las cosas, el caos tomó formas cada vez peores, los precios subían en forma arbitraria, todo el que podía compraba, aunque no lo necesitara, para revenderlo a precios inimaginables.

Se relajó la moral, el que tenía deudas se vio libre de ellas, especular, sobornar, aprovecharse se convirtió en una rutina. Ante la evaporación del dinero, todo consistía en ser el más hábil y desconsiderado, en pescar en río revuelto. Ante las necesidades extremas, para alimentarse la gente debía comprar un producto, antes de precio muy bajo, a precios exorbitantes.

Se empobrecieron ricos que habían trabajado toda su vida y resultaron millonarios grandes especuladores. Por la inflación buena parte de la sociedad vivió alejada de la moral, la economía colapsó, la pobreza los desabrigó. Hoy se está intentando dejar atrás el peligro de la hiperinflación cambiando el modelo intervencionista, dirigista e inflacionario, por una economía de mercado la cual necesita de un ambiente donde reine la libertad, la democracia, para poder subsistir.

Sin embargo, últimamente se está produciendo un ruido por errores y actitudes, que en vez de dar tranquilidad traen inquietud hacia un futuro, sobre todo en el manejo que se pretende hacer de la Justicia. Para llegar a un segundo mandato se van a necesitar de más respeto por las instituciones, más transformaciones, acercar a los que pueden ayudar, reconquistar a quienes por una u otra causa se dejaron atrás aun siendo del mismo palo y plasmar un frente con ideas semejantes para ir unidos hacia las futuras elecciones.

POLITICA

Ayudaría, también, una actitud personal del presidente, más tolerante y empática con quienes no piensan exactamente como él. Es lo que la gente en general desea, se podría lograr con unos cambios en la política, el plano más débil del Gobierno.

Por otra parte, hay detractores fanáticos contra la figura de Milei que no piensan ayudar a que se cumplan las metas de reformas estructurales. Desde ya están viendo de qué manera poner piedras en el camino. No es justo, por lo general son personas que no han vivido épocas inflacionarias en toda su dimensión y no valoran el esfuerzo que se está haciendo en este combate a muerte.

Al pan, pan, y al vino, vino: está bien mostrar los errores unidos a soluciones, pero también los aciertos que han sido grandes a pesar de un sector de la población fanatizada por los subsidios y dádivas que un gobierno irresponsable les ofreció para luego sumirlos en una crisis que costará bastante abandonar.

No habría que enamorarse de los problemas sino de las soluciones. Dar importancia a los aspectos positivos por la trascendencia que implican, sin por ello dejar de hacer las críticas necesarias para que no se modifique el rumbo prometido, dejando de lado las amonestaciones insidiosas de los que creen que un Gobierno puede satisfacer todas las expectativas.

Por supuesto, sin transar en lo que signifique alejarse de la doctrina liberal y que comprometa el buen rumbo. Por el contrario, debe ser la guía de un buen gobierno. Apoyar no significa dar un cheque en blanco.

No es hora de buscar correcciones parciales. Se tendría que llegar al fondo de los problemas, no lo pueden hacer ni radicales ni peronistas, ya que ellos fueron los responsables por sus ideas de la crisis. La meta debería consistir en descartar intentos socialdemócratas y pararse frente a verdaderas soluciones: liberar la economía de mercado y abrir el país a la competencia y a las finanzas internacionales, privatizar todas las empresas del Estado y defender la estabilidad monetaria.

No se tendría que olvidar la experiencia menemista: en 1994, en el segundo mandato del expresidente Menem, el rumbo liberal se desmayó, reapareció el déficit del presupuesto nacional, dejando atrás el impulso liberal y paralizando la gran transformación iniciada.

Al suprimir la emisión no hay remedio, caen las actividades, fábricas y empleos desarrollados artificialmente al compás del impulso de la inflación. Aunque estamos progresando, la recesión todavía afecta a algunos sectores y el desempleo es aún difícil de bajar. Recuperar la economía no se da de la noche a la mañana. La impaciencia en este caso es un enemigo.

* Miembro de Número de la Academia Argentina de la Historia. Miembro del Instituto de Economía de la Academia de Ciencias Morales y Políticas. Premio a la Libertad 2013 (Fundación Atlas). Autora de “El Crepúsculo Argentino” (Ed. Lumiere, 2006).