Espectáculos
CECILIA MILONE Y JUAN DARTHES DERROCHAN SEDUCCION EN "ARRANCAME LA VIDA"

Aún se puede soñar con el amor

Ficha técnica:
Arráncame la vida. De Chico Novarro y Betty Gambartes. Dirección: Chico Novarro. Puesta en escena: Pablo Novak. Coreografía: Analía Riamonde. Arreglos y dirección musical: Daniel García. Puesta de luces: Fernando Di Yorio. Diseño de sonido: Gabriel Soriano. Vestuario: Javier Peloni. Intérpretes: Cecilia Milone, Juan Darthés, Daniel García (piano), Pablo Giménez (bajo) y Rubén Calegari (batería). En el teatro Picadilly (lunes y martes, en el Auditorium de Mar del Plata).

Se ha formado una nueva pareja (artística) que, a juzgar por los resultados a la vista, merece ésta y otras oportunidades de compartir un proyecto. La integran la siempre grácil y entonada Cecilia Milone y el aplomado Juan Darthés, quienes dan vida en la sala Picadilly a una obra pequeña pero sumamente agradable que estrenaron hace casi veinte años Chico Novarro y Andrea Tenuta en el escenario (ya desaparecido) de la Fundación Banco Patricios.

Precisamente a Novarro -ahora director- y Betty Gambartes corresponde el mérito de haber hilvanado un rosario de boleros y canciones tropicales de antigua data para convertirlos en el hilo conductor (tal vez demasiado delgado pero eso es lo de menos) de una historia de amores contrariados.

De un lado está ella, Milone, inquieta y elegante, segura de hallarse en la antesala de una noche para recordar. A su lado está él, Darthés, áspero, inexpugnable, resuelto a terminar la relación que los une, de una vez y para siempre. Es ese el punto de partida y la razón de todo lo que sucederá luego, siempre en clave musical y con aires de comedia.

UN AMOR CANTADO

Casi no hay diálogos en "Arráncame la vida"; todo aquí se dice entonando fragmentos de canciones que la mayor parte del público que desborda la sala (casi todos por encima de los cuarenta años) recuerda al menos en su estribillo.

Las letras teatralizadas, como piezas de un rompecabezas, se van ensanblando unas con otras formando diálogos que llevan adelante la historia. La selección ha sido cuidadosa, dentro de un repertorio sumamente amplio. Dos momentos muy logrados se alcanzan cuando el dúo interpreta, sobre una misma base rítmica, diferentes temas.

Con este material entre manos, Milone y Darthés transitan un divertimento pícaro y apasionado que evidentemente les atrae. El enojo y la pasión, la desazón y el miedo, son sentimientos que los embargan a cada paso. Cantan con seguridad y afinación (es notable el progreso de él en este aspecto) pero es cierto también que ese juego del gato y el ratón, de "me voy pero me quedo", por momentos bordea lo esquemático. De cualquier modo, en ese punto puede uno dejarse llevar por las melodías, y por las voces de estos dos actores-cantantes que invitan a soñar.

Cuenta la dupla protagónica con el sólido respaldo de un trío de músicos en escena (conducido por Daniel García) que aprovecha cada resquicio de la obra para demostrar que juega en primera. Las luces son funcionales a los climas que demanda la historia, mientras que el vestuario da un baño de elegancia a la figura de por sí seductora de los protagonistas.