Opinión
El rincón del historiador

Arturo Dresco y el monumento a Martín Rodríguez en Tandil

 

El 2 de abril del año pasado se cumplió el sesquicentenario del nacimiento de Arturo Dresco. Le debo su valorización como artista a Tomás Hess, cuando visitando la ciudad de General Belgrano, su ojo certero en materia de esculturas me hizo detener el coche frente a la plaza principal para admirar el monumento al creador de nuestra Bandera. Ello motivó una nota en este diario el domingo 5 de setiembre de 2020, para la que el reconocido historiador y coleccionista local Ricardo Buiraz supo facilitarme algunas imágenes de su archivo, constituyendo entendemos el primer reconocimiento al artista.

En una amable conversación con los hermanos Daniel y Juan Reyes sobre la ciudad de Tandil, surgieron lugares comunes y la figura del general Martín Rodríguez que fundó el Fuerte Independencia, una avanzada en medio del desierto ante el avance indígena el 4 de abril de 1823. Y ello me llevó a recordar la imagen del monumento que desde lo alto del cerro vigila la hoy pujante ciudad, que observé en la mañana, en el atardecer y en la noche.

CENTENARIO

El centenario de la ciudad movilizó a las fuerzas vivas, se formó una comisión de festejos honoraria encabezada por el presidente Marcelo T. de Alvear, el gobernador José Luis Cantilo y el obispo de La Plata, monseñor Alberti, además de figuras representativas del ámbito local y exintendentes o comisionados municipales. Todos buscaron colocar a Tandil, originariamente agrícola ganadera, con empresas picapedreras, marmolerías, canteras, como una de las más desarrolladas del centro de la provincia. Las colectividades italiana y española dejaron un bello aporte arquitectónico en el Parque Independencia, que se inauguró el día del centenario con el obsequio de la portada de estilo romántico de la entrada y el castillo morisco en la cima.

Como bien lo ha señalado María Suasnabar: “Para los tandilenses, la figura de Martín Rodríguez debía ser expresada por un escultor nacional que conociera y pudiera resaltar los valores patrióticos que las fiestas por el Centenario intentaban rescatar”. Arturo Dresco, de acreditado prestigio, ganó el concurso y es también el autor del monumento al fundador que se encuentra en su tumba en el cementerio de la Recoleta.

La obra fue fundida en el Arsenal de Guerra, en tres piezas la base y los miembros del caballo, su cuerpo y la figura del general, y llevada hasta lo alto del cerro en una carreta tirada por un par de percherones conducida por el vecino Eloy Diez, nombre rescatado por Castelnuovo. Allí se armó la grúa que unió las partes, siendo de imaginar el interés de los vecinos avistando en la altura del cerro semejante tarea.

Tandil celebró con sus mejores galas el centenario. Despertó a los remolones de las fiestas de la víspera, a la salida del sol, el ruido de las bombas de estruendo y el repique de las campanas de la parroquia. Presidió las ceremonias el gobernador José María Cantilo, hubo sobrevuelo de dos aviones, un gran desfile, una concentración de alumnos, y todo lo que era de rigor comenzando por los discursos.

El de la entrega del monumento estuvo a cargo del escribano José A. Cabral, figura destacada en la sociedad local quien dijo refiriéndose a Dresco: “Ha forjado en bronce la majestuosa figura del patricio, traduciendo aquel momento histórico en que el brigadier general y gobernador de Buenos Aires avizoraba el horizonte y auscultaba el porvenir, aquí mismo, para ubicar el Fuerte Independencia como cimiento de Tandil, donde el aire es más puro, más diáfano el cielo, más hermosa la tierra.Impulsado por su profunda gratitud coloca este monumento en lo más alto, haciendo pedestal de la misma montaña, para que ese testimonio de afecto y de reconocimiento hacia el prócer se distinga de lejos, de muy lejos, para que el monumento sea prominente, como lo fue él en la lucha por la independencia, como lo es en la historia argentina, para que se destaquen sin otro fondo que el azul del cielo patrio…”

CELEBRACIONES

No faltaron exposiciones artísticas, conferencias, conciertos y banquetes. Para dar una idea de lo que se esperaba de la ciudad, la empresa Max Glucksmann, precursora de los noticieros argentinos, envió un equipo para el registro fílmico de los actos. El salón de fiestas o Salón Blanco de la Municipalidad fue el escenario de muchas de las actividades, en las que las señoras tuvieron un papel importante en la Comisión que presidió Sara G. de Figueroa. Digamos también que otras colectividades con menor cantidad de representantes en la población dejaron su recuerdo en ese centenario: la sirio-otomana y libanesa colocaron placas de bronce en el frente del edificio de la sucursal del Banco de la Nación Argentina y en la Iglesia parroquial, respectivamente. Los franceses obsequiaron dos relojes eléctricos: uno fue colocado en el frente del Palacio Municipal y otro en el cruce de las avenidas Colón y España. Los daneses donaron dos jarrones de porcelana realizados por el artista Elías Petersen, procedente de Copenhague, con sus respectivas columnas.

La popular revista Caras y Caretas, en su edición del 7 de abril, dedicó unas páginas al centenario con imágenes de los edificios públicos, la calle 9 de julio, las autoridades: el intendente Alfredo Martínez, el presidente del Concejo Escolar, Esteban Maritorena; el párroco Julio Chienno y el comisario de policía, Augusto Cristiani. También un grupo de señoritas de las familias Rabal, Carné, Vilches, Zebillo, Malaspina, Lamas, Esteves, Gastañaga, Duffau, Cinque y Sanlorenti ponían la nota juvenil.

Hace poco hemos visto una fotografía del cerro a poco de inaugurarse el monumento, despoblado casi de vegetación -apenas tres árboles-, tomada por Carlos Pierroni, que atesora en su colección José Luis Betelú. A un costado, un galpón sirve de confitería para solaz de los que llegaban allí por ese camino de tierra, y el autor de la nota con agudo ingenio la tituló “la soledad del fundador”.

El paisaje ha cambiado. Ayer, Tandil ha celebrado un nuevo aniversario de su fundación. Estos días se habrá visto visitado por turistas que participan de los cultos de Semana Santa en el Calvario local, y seguramente atraerá a muchos visitar la ciudad, que es un digno exponente de aquella gran Argentina.