Por Fernando Adrián Bermúdez *
Usualmente, hablar de Arthur Conan Doyle es hablar de su principal personaje, Sherlock Holmes, cuyos relatos policiales y representaciones cinematográficas seguirán conviviendo con nosotros por mucho tiempo. Bien ha dicho Chesterton que: “Cualquier inglés que se precie ha leído los relatos de Sherlock Holmes. Son obras tan buenas en su género que es difícil soportar con paciencia la conversación de quienes se dedican sólo a subrayar que no pertenecen a otro género. La cualidad específica de esta clase de relatos es estrictamente eso que llamamos ingenio; es necesario que tengan inventiva, estén bien construidos y posean agudeza, igual que un chiste en un periódico satírico. Una obra así es inefablemente superior a la mayor parte de las obras serias mediocres”. La admiración depositada por el autor del Padre Brown nos da una pista del valor literario de su obra y la grandeza de su legado.
INQUIETUD INTELECTUAL
El autor inglés no solo escribió la saga del mayor detective de la historia del género, después del inspector Auguste Dupin de Edgar Allan Poe, sino que sus inquietudes intelectuales lo llevaron por territorios de lo más diversos e inhóspitas geografías intelectuales.
Así podemos observar las novelas de ciencia ficción que tienen como protagonista al profesor Challenger, como El mundo perdido, así como sus novelas históricas y una serie infinita de ensayos de todo tipo y cuestión. Uno de esos territorios en los que acampó y reclamó ciudadanía fue el de los libros, su aprecio y eterna gratitud.
Esto último se puede observar en uno de ellos titulado Más allá de la puerta mágica; un libro no tan conocido, pero de un valor invaluable que fue publicado por partes en la revista Casell’s Magazine entre diciembre de 1906 y noviembre de 1907, editado posteriormente en un volumen titulado Mis libros, que reúne diversos ensayos sobre lectura y escritura. En las siguientes líneas, quisiéramos reflexionar sobre el mismo y analizar esta puerta mágica y sus vínculos con el libro, la lectura y la amistad literaria.
LA PUERTA MAGICA
Estamos en una auténtica historia de amor; sí, una historia de un ser enamorado que nos relata el motivo de sus alegrías, desvelos y sufrimientos. Esta es la historia de un escritor y el amor por sus libros, cuya relación nos relata en páginas dignas de elogio y admiración. Al comienzo, se dirige a nosotros como lectores y, con palabras emotivas, nos dice: “No importa lo modesta que sea su biblioteca ni lo discreto de la habitación que adorna. Cierre atras de usted la puerta de la estancia, deje tras las preocupaciones cotidianas, rodéese de la relajante compañía de los difuntos ilustres, y habrá cruzado el portal mágico que lleva a una tierra maravillosa donde los problemas y las obligaciones no pueden seguirle…. Ahí están sus nobles y silenciosos camaradas aguardando en formación”.
Como se puede apreciar, el libro no será solo un recurso material o un elemento utilitario, como tampoco la lectura es una mera exteriorización de la grafía, sino que cada libro es para Conan Doyle un alma momificada, embalsamada en papel, piel y tinta que alberga la esencia concentrada de una persona que, al elegir uno de las filas de la biblioteca, partiremos juntos a la tierra de los sueños, más allá de la puerta mágica, como nos invita el libro. Y una vez allí no importa el estado de ánimo que se tenga: “…las grandes personalidades del mundo acuden a brindarnos apoyo”.
Arthur Conan Doyle nos invita a cruzar la puerta mágica y tomar asiento en el sillón verde, desde donde podremos ver su biblioteca para que hablemos de todos ellos, sus queridos amigos, camaradas de todas las épocas y edades, cuya fidelidad continúa al servicio de todos nosotros. Mirando su biblioteca, nos invita a hablar con ellos: “Nada me complacería más, porque no hay un libro que no sea un íntimo y querido amigo ¿y qué hay más grato que hablar de los amigos? Hay más libros por allá, pero estos son mis favoritos, los que releo y tengo siempre a mano. No hay una de esas manoseadas cubiertas que no me traiga dulces recuerdos”.
Por esto es tan agradable tener cerrada la puerta mágica, porque al otro lado quedan “...el mundo y sus problemas, esperanzas y miedos, dolores de cabeza y quebrantos del corazón, ambiciones y decepciones; pero aquí adentro, recostado en el sofá verde, frente a las largas filas de camaradas silenciosos y relajantes, en compañía de los grandes difuntos, solo encuentra usted paz espiritual y reposo para la mente”.
A lo largo del libro, realiza un recorrido de los grandes escritores que lo acompañaron durante toda su vida, cuya admiración queda reflejada en cada una de sus páginas. Entre los autores que se pueden ver, tenemos a Macaulay, Milton, Byron, Johnson, Dickens, Gibbon, Stevenson, Poe, entre otros. Es increíble cómo en cada uno resalta la gratitud y la deuda que tiene para con ellos, que no se limita a una cuestión meramente intelectual o del posible conocimiento recibido, sino en el haberle permitido, con su compañía, ampliar la mirada, ensanchar la vista, rechazando los prejuicios e intolerancias propias de un escritor o intelectual.
APRECIO, AMOR, ADMIRACION, AMISTAD
Era tan el aprecio que tenía por los libros y fue tan grande su influencia que los consideraba como una de las tres grandes fuerzas que definen a una persona. En un pasaje inolvidable nos dice al lector: “Sea tan paciente como pueda, mientras hablo de esos viejos amigos y le explico por qué los quiero y todo lo que significaron para mí. Si coge usted cualquier libro de esa fila, estará tocando asimismo una pequeña fibra de mi mente, una muy pequeña, sin duda, y aun así una parte profunda y esencial de lo que soy. Los impulsos hereditarios, las experiencias y los libros, esas son las tres fuerzas que hacen a un hombre. He aquí los libros”. Por esto, en más de un pasaje dice que el amor por los libros es uno de los más preciados dones otorgados por los dioses.
Hablando de Gibbon y las dotes del escritor, podremos observar que se aplican perfectamente a nuestro querido escritor Conan Doyle. Esas cualidades eran: una sed insaciable de toda clase de conocimientos, inmensa laboriosidad, una memoria retentiva y el temperamento abierto y filosófico que permite a un hombre elevarse más allá del ciudadano de a pie y convertirse en crítico imparcial de la humanidad. Efectivamente, ese temperamento abierto le permitió elevarse a alturas literarias, creando obras de arte narrativo que hemos podido disfrutar y heredar como un patrimonio de toda la humanidad.
Si bien, para el autor de Sherlock Holmes, intentar despertar el interés por los libros en el desafortunado que no los ama es lo mismo que interpretar música para un sordo o guiar a un ciego en un paseo por un museo, escuchemos su recomendación: “Aprenda a amarlos, aprenda a admirarlos; aprenda lo que significa su amistad, pues hasta entonces no podrá disfrutar del mayor solaz y alivio que Dios haya concedido al hombre. Aquí, tras la puerta mágica, se halla el hogar de reposo, donde puede usted olvidarse del pasado, disfrutar del presente y prepararse para el futuro”.
Bendita puerta mágica, que nos permite ampliar nuestra mirada, vivir otras vidas y ver con otros ojos. Esperemos que nosotros, los hombres del siglo XXI, podamos asumir y comprender tan afortunadas, profundas y significativas recomendaciones de un auténtico enamorado. Gracias, Arthur Conan Doyle.
* Docente Universitario UM – UNCuyo.