Un viejo edificio de fines del siglo XIX alberga en el 1542 de la calle Tucumán, en la zona de Tribunales, un pequeño negocio donde al ingresar rápidamente se siente el olor del cuero.
Bajando la escalera, en el subsuelo, aparece el taller. Allí, Sebastián, tercera generación de artesanos en el país va trabajando el cuero, estirándolo, dándole forma a lo que luego de un proceso muy cuidado se transformará en un nuevo par de guantes.
Desde 1931, la familia Portolano realiza ese accesorio que en un tiempo fue infaltable para hombres y mujeres. Sebastián cuenta a La Prensa que la historia de los Portolano con los guantes se inició en 1890, cuando su bisabuelo, Alberto, empezó a fabricarlos en Nápoles, Italia.
"Mi bisabuelo tuvo 7 hijos. Las guerras, el hambre hizo que tuvieran que emigrar y dos de ellos, el más grande y mi abuelo, Genaro, con 18 años vienen a la Argentina y empiezan a hacer su oficio", relata.
"Acá había mucha producción de cuero vacuno -agrega-, pero muy poco de ovino y caprino que es el que se usaba en Italia para fabricar los guantes. Y de ahí surge la necesidad de ese tipo de cuero. No tenían gran competencia entonces abren una curtiembre en Villa Domínico. Lo hacen para trabajar en el proceso del cuero caprino para los guantes. Así, se curtía y se fabricaba".
Diez años después la fábrica iba muy bien. "Se llegó a tener unos 120 empleados hacia la década del cuarenta. Pero el hermano de mi abuelo fallece, y Genaro queda solo con un sobrino".
Ante esa situación, y viendo que el producto seguía creciendo deciden quedarse solo con la fabricación de guantes, abandonando la curtiembre. "Hacia la década del 50 hay un gran auge con las primeras galerías en avenida Santa Fe, y la venta a mayoristas y minoristas".
AÑOS DORADOS
Los años 40, 50 y 60 fueron los mejores para la industria. "Hasta fines de los 60 hay un gran auge. Las mujeres usaban sus zapatos combinados con la cartera y los guantes. Y también andaba bien la exportación a países como Estados Unidos", comenta el artesano.
"Siempre el cuero argentino fue muy preciado. Se utilizaban cueros de muchos colores, había mucha producción y se llega a tener grandes stands en tiendas como Harrods, la industria argentina tenía muy buena promoción a nivel mundial. Se vendían granos como productos terminados también".
Sin embargo, ya en los 70 la situación empezó a empeorar. "En la época de Martinez de Hoz me contaba mi papá comenzaron a entrar productos importados y la demanda empieza a caer. Y después con Alfonsin y la hiperinflación se vendía menos. Y con Menem para nosotros fue lo peor".
Fueron tiempos de vacas flacas para la empresa familiar. "Tuvimos que indemnizar a casi todos los empleados y yo me tuve que ir a trabajar a otra empresa porque el negocio no daba".
Hacia 2003 las cosas volvieron a mejorar. "Fue muy difícil conseguir la gente para hacer este trabajo, porque es algo muy artesanal. Había que encontrar un cortador. No es un cuero que se corta como una cartera o una billetera. Es un cuero flexible que hay que darle el ancho, el largo, tiene que calzar como una media".
Pero una vez más, como una metáfora argentina donde la bonanza y las crisis están siempre en un interminable vaivén, volvieron los problemas. "En esta nueva etapa íbamos bien vendiendo para negocios de la calle Florida, después se fue cayendo y empezamos a vender para el interior con el campo. Mas tarde veníamos vendiendo muy bien en el sur hasta que viene la erupción del volcán Puyehue y cayó toda la venta".
Actualmente la situación también es delicada. En el taller solo queda Sebastián, un cortador y la costurera. Emocionado, cuenta que tal vez él sea sea la última generación que produzca los guantes Portolano. "Lo más preocupante es que no se si va a haber una cuarta generación argentina. Mi hijo tiene 17 años, yo a su edad ya estaba al lado de mi abuelo cortando y haciendo guantes. Esto es algo que también me hizo volver a la fábrica. Uno lo tiene en la sangre".
CAMBIO DE MODA
- ¿Que recuerdo tiene de chico en la fábrica, el local?
- Me acuerdo que jugaba con los cueros, los moldes, probar. Ya de más grande arreglaba las planchas, cambiaba un tubo, aproveché esos conocimientos porque estudiaba en el industrial. Después acompañaba a mi papá los sábados, mañana y tarde. Ahora ya no abrimos esos días.
- El guante también dejó de ser lo masivo que era décadas atras. Va hacia un público más definido
- Sí, ya no se usa por la moda sino más por necesidad. Capaz por viaje a un lugar frío o porque viven en un lugar frío. Ya no se da más como antes que la mujer por ejemplo nos compraba como una manera de vestirse bien. Ya no los usa para ir al teatro.
- ¿Que debe tener un buen guante?
- La materia prima es muy importante. Tiene que ser buena porque al cuero se le da mucho trabajo. Al cuero se lo estira de largo, de ancho. Ahí recién se le da la medida, y se vuelve a trabajar. Se corta y va todo cosido a mano. Es con una máquina, pero no automatizada. Después se hace el terminado, el guante se cose al revés, hay que darlo vuelta, se plancha, se revisa y ya se entrega. Es importante conocer como trabajar el cuero. Lo que se necesita más que nada es el largo más que el ancho. El ancho se adapta a tu mano. El largo es lo más importante. Es como con el zapato, el ancho se adapta. Lo mismo el guante, puede quedar ajustado y es bueno, despues se va amoldando. Nosotros utilizamos cuero de cabra, cabretilla y algo de carpincho, para la gente que es de afuera que le gusta llevarse algo autóctono.
- ¿Cuanto vale el guante más lujoso que hacen?
- El guante más caro es de carpincho que lo forramos con piel de nutria. Y esos pueden salir 3500 o 4 mil pesos. Nos diferenciamos de lo que es chino, aunque hay que reconocer que vienen cada vez mejores. La diferencia es que el cuero de cabra que nosotros utilizamos ellos no lo tienen, y carpincho tampoco. Lo que es un nicho ahora es un micronicho.
- ¿Tienen clientes de hace muchos años?
- Si, viene la tercera generación. Vinieron sus abuelos, los papás y los hijos a comprar guantes. Pasa que guantes de mujer, encontrás marcas que traen, pero guantes de hombres no es fácil de conseguir donde comprar. De la producción, nosotros años atrás vendíamos un 60 % para mujeres y 40 por ciento para hombres. Ahora de lo que se vende es un 70 por ciento guantes de hombres y un 30 por ciento guantes de mujer. Hoy el hombre además se viste distinto. Usa zapatos coloridos y hay hombres que buscan combinar con el guante. Cambió la horma, hay más exigencias.
- ¿Y famosos que vistieron los guantes de Portolano?
- Vendemos por medio de marcas. Guantes de polo hemos regalado a todos los polistas y del polo femenino también. Horacio Cabak suele usar nuestros guantes. Después muchos militares. Cuando se recibían los cadetes de escuelas tenían que estar con guantes. Hacemos vestimenta para obras de teatro. Le hicimos a Lúpiz para interpretar al Zorro en teatro.
- Se sigue trabajando en forma artesanal
- Sí, sigue siendo un trabajo muy artesanal que es lo que busca la gente. Los extranjeros lo primero que mira en guantes es que diga "Industria Argentina". Es un símbolo de confianza.