Suplemento Económico

Argentina recuperará posiciones en el comercio mundial

Impulsadas por los hidrocarburos, la minería y el campo, las exportaciones argentinas se pondrán a tono con el mercado global. Se llegaría a los u$s 180.000 millones en 2035. Sería el fin de un drama nacional: la escasez de dólares.

Por Marcelo Elizondo *

Desde hace décadas, Argentina ha venido perdiendo participación en el total de exportaciones mundiales. Como consecuencia de una pobre performance exportadora, el país ha experimentado un prolongado debilitamiento como actor global en el comercio exterior, manteniendo una relación exportaciones/PBI históricamente rezagada, incluso al contrastarla con sus propios niveles recientes.

El examen de la evolución nominal de las exportaciones de bienes y servicios a lo largo del primer cuarto del siglo XXI expone la profundidad de este rezago estructural en comparación con el resto de la región.

Al analizar el comportamiento “punta a punta” entre los años 2000 y 2025, se evidencia que la gran mayoría de los países de América Latina expandieron su frontera comercial de manera masiva a través de modelos de especialización eficientes:

* Perú lideró el dinamismo regional multiplicando el valor nominal de sus despachos externos por 9,25 veces, impulsado por un agresivo auge minero y agroindustrial de niche.

* Brasil se expandió 6,28 veces mediante la escala global de su agribusiness.

* Costa Rica y Chile multiplicaron sus ventas externas por 5,60 y 5,50 veces, respectivamente, apalancados en tratados de libre comercio y su inserción en cadenas de alta tecnología.

* Ecuador, como bloque de diversificación energética, logró expandir su flujo comercial punta a punta en 3,50 veces al consolidar su matriz dolarizada de extracción petrolera y escalar industrias no tradicionales como la acuicultura pesquera (camarón).

En contraste, la República Argentina registró un factor de expansión de apenas 2,78 veces en sus valores corrientes, posicionándose como la trayectoria más débil de la muestra analizada debido a un entramado de distorsiones macroeconómicas que constriñeron su oferta exportable tradicional hasta el cambio de tendencia iniciado a partir de 2023.

Esta asimetría se corrobora de manera concluyente al examinar el agregado macroeconómico de América Latina y el Caribe. Según las series consolidadas de balanza de pagos del Banco Mundial, la región en su conjunto multiplicó el valor nominal de sus exportaciones totales de bienes y servicios por 5,92 veces entre los años 2000 y 2025, pasando de u$s 349.068 millones a un récord histórico de u$s 2.068.261 millones.

El hecho de que la tasa de expansión media regional duplique holgadamente el desempeño acumulado por la Argentina (2,78) valida estadísticamente que el estancamiento del frente externo local respondió a un sesgo disfuncional de la política económica doméstica y no a una falta de dinamismo en los mercados internacionales.

RETROCESO

Por eso, desde hace décadas, la relevancia argentina en el comercio internacional total decrece. Mientras varios países de Latinoamérica han mejorado su participación en el comercio internacional planetario, Argentina ha caído.

Por su parte, los datos históricos (elaborados en base a información de Indec y el Banco Mundial) demuestran cómo las exportaciones argentinas -tanto en bienes aislados como en el consolidado de bienes y servicios-perdieron participación relativa en el total mundial de forma sostenida entre 1960 y 2023.

Se ha tomado al efecto el año 2023 por ser el piso histórico. Nunca Argentina participó en menos (porcentualmente) en las ventas externas mundiales totales.

Este recorrido histórico permite identificar tres dinámicas claras:

1) El declive secular: el país arranca en su punto más alto en 1960 (rozando el 0,81% en bienes) y pierde escalones década tras década.

2) Oasis de recuperación parcial: se observa una leve mejora en los registros de 2000 y 2010, impulsada por el superciclo de precios de las materias primas, antes de reanudarse la tendencia a la baja.

3) El piso histórico: el año 2023 refleja el impacto extremo de la sequía, dejando la participación en su mínimo absoluto (0,29% en bienes y 0,27% en el total), justo antes de iniciar la actual curva de rebote.

¿CAMBIA LA TENDENCIA?

A partir de 2023 (el año del piso en la participación de las exportaciones argentinas en le total mundial) la dinámica comercial argentina exhibe un crecimiento de sus exportaciones que supera el alza del total mundial, un dato no menor considerando que el comercio internacional planetario se encuentra en niveles récord.

Este impulso ha permitido mejorar el ratio exportaciones/PBI del país. Si bien este indicador muestra una recuperación en la comparación histórica interna, todavía permanece en niveles rezagados cuando se lo contrasta con el panorama de los países vecinos.

No obstante, ahora los datos consolidados de 2024 y 2025, sumados a las proyecciones para el cierre de 2026 (con 9 meses ya transcurridos), parecen ponernos ante una novedad: permiten esbozar un principio de cambio de tendencia estructural.

Esta inflexión obedece a que la oferta exportable local está creciendo muy por encima de la media global. La siguiente es la participación de las exportaciones argentinas en el total mundial (2023-2026):

* 2023: 0,29% en Bienes y 0,27% en Bienes y Servicios (piso histórico).

* 2024: 0,34% en Bienes y 0,32% en Bienes y Servicios.

* 2025: 0,37% en Bienes y 0,35% en Bienes y Servicios.

* 2026 (Proyectado): 0,39% en Bienes y 0,37% en Bienes y Servicios

El cambio obedece a que desde 2024 hasta el corriente 2026 las exportaciones argentinas crecen muy por encima de lo que crecen las mundiales, aun cuando el comercio internacional en el planeta mantiene una buena performance.

Lo relevante para esto es que diversos estudios privados auguran para los próximos años un crecimiento sostenido de las expectaciones argentinas para los años venideros. Y ello permitiría recuperar participación en el total mundial.

EL FUTURO

Diversos trabajos (públicos, pero sobre todo privados) están previendo un buen crecimiento de exportaciones argentinas en los próximos años. Empujadas por la productividad agroindustrial, el despegue energético, el avance minero, la mejora en algunos sectores industriales y hasta la relevancia de determinados servicios, muchos esperan que las ventas externas argentinas tengan un alza que no pocos están ya midiendo por su impacto en lo productivo, lo cambiario y lo fiscal.

A continuación, se detalla el modelo de proyección multianual que consolida las metas de incremento exportador para el período 2026-2035. Este esquema analítico

cuantifica el impacto marginal de las reformas estructurales, traduciendo la maduración de las inversiones físicas en un sendero de crecimiento sostenido.

El comportamiento del sector externo no es lineal sino que refleja picos de aceleración estratégica vinculados de forma directa con hitos de infraestructura clave, tales como la puesta en valor de nuevos ductos, la implementación de tecnologías avanzadas para minerales críticos y el encuadre normativo de grandes inversiones, alcanzando un volumen final que redefine la inserción comercial del país a nivel global.

Lo referido es de elaboración propia en base a diversos informes macroeconómicos y sectoriales que proyectan un cambio estructural e histórico en el perfil externo de

Argentina hacia el horizonte 2026-2035, estimando un sendero de crecimiento sostenido que llevará el valor total de las exportaciones desde los u$s 105.150 millones iniciales hasta consolidar un techo de u$s 179.945 millones anuales para 2035.

Entre los principales análisis se destaca el estudio estratégico Argentina 2035: Los 4 motores de las exportaciones, elaborado por la Fundación Producir Conservando, el cual fundamenta la diversificación de la matriz productiva nacional a través de la sinergia entre la agroindustria, la energía, la minería y la economía del conocimiento.

En sintonía con las proyecciones de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), el modelo contempla un fuerte impulso inicial en el periodo 2026-2027 (+19,1% y +8,5% respectivamente) apalancado por grandes cosechas agrícolas y la puesta en marcha de nueva infraestructura gasífera y de oleoductos.

Asimismo, las estimaciones del sector privado alineadas con informes del Banco Central de la República Argentina (BCRA) validan una aceleración hacia el año 2030 (+9,4%), momento en que las ventas al exterior alcanzarán los u$s 142.900 millones motorizadas por la entrada en operación de grandes proyectos mineros bajo el amparo del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI).

Finalmente, los reportes técnicos de la Cámara de Exploración y Producción de Hidrocarburos (CEPH) y la Secretaría de Minería respaldan el tramo final del esquema proyectado (2031-2035), donde la maduración de las tecnologías de Extracción Directa de Litio (EDL), el déficit estructural global de minerales críticos y la plena operatividad de la matriz energética a escala global permitirán estabilizar tasas de crecimiento orgánico y mitigar definitivamente la restricción externa de divisas del país.

Y si eso se concreta como está previsto, podemos anticipar (comparando con la previsión de organismos internaciones de la evolución del comercio internacional mundial) que Argentina recuperaría más posiciones (aun viniendo desde muy abajo) en materia de participación en el comercio exterior total mundial.

Como se ha expresado antes, de concretarse ello, estaríamos ante un alza relevante de la participación de las exportaciones argentinas en el total mundial. Así, haciendo solamente un ejercicio (y no una predicción), podría darse el caso de una recuperación en una “curva” que toma fuerza ascendente.

* Director General de la Consultora DNI (Desarrollo de Negocios Internacionales).

Granos: récord de exportaciones

Por Fundación Capital

El agro encara 2027 con perspectivas de consolidar su buen desempeño productivo y reforzar su aporte de dólares a la economía. La producción de soja, maíz y trigo sostendría el elevado nivel de la campaña previa y se ubicaría un 23% por encima del promedio de los cinco ciclos anteriores (excluida la 2022/23 de sequía).

Aún más, de concretarse las expectativas de buenas lluvias asociadas a El Niño, los rindes de la gruesa podrían ser incluso superiores. A este panorama se suma la fuerte recuperación de los precios internacionales de nuestros productos de exportación, que se mantendrían en niveles favorables durante el próximo año.

Así, las ventas externas agrícolas alcanzarían los u$s 36.500 millones, unos u$s 1.800 millones más que en el 2026, de muy buen desempeño. Después de una campaña 2025/26 récord, el nuevo ciclo apunta a consolidar el muy buen nivel.

Las proyecciones de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA) ubican la producción de trigo, maíz y soja del ciclo 2026/27 en 143 millones de toneladas (Mtn.), prácticamente en línea con los 142 millones del ciclo anterior y un 23% por encima del promedio de las cinco campañas previas (excluyendo la 22/23 de sequía).

En detalle, las buenas perspectivas sobre los cultivos de verano compensarían la normalización del trigo. En efecto, la producción de trigo alcanzaría 23,4 millones de toneladas, un 15,8% menos que la campaña excepcional previa (27,8 mtn.), pero aún un 26% por encima del promedio de las cinco campañas anteriores.

Si bien se prevén rendimientos elevados, el deterioro de la relación insumo/producto al inicio de la campaña (marzo-abril, en el comienzo de la guerra con Irán) condicionó la decisión de siembra (-3%, 6,5 millones de hectáreas) y la inversión en tecnología.

Por su parte, para el maíz la BCBA proyecta 66 millones de toneladas, un 3,1% más que en 2025/26 y un 29% por encima del período de referencia. Con un área de siembra destinada a grano comercial de 8,4 millones de hectáreas, sin cambios frente al ciclo previo, la mejora descansaría principalmente en los rindes.

En soja, la producción alcanzaría 53,6 millones de toneladas, con un aumento del 7% anual y del 15% respecto del promedio de referencia. En este caso, la leve expansión del área (de 16,8 a 17 millones de hectáreas destinadas a la siembra), se combinaría con mejores rendimientos.

El clima es el principal factor que sostiene esta buena expectativa. En efecto, el fenómeno agroclimático El Niño que ya comenzó, aumenta la probabilidad de precipitaciones por encima de lo normal para el área centro-este argentino y suele involucrar buenos rendimientos agrícolas.

La evidencia histórica respalda el sesgo favorable. De hecho, la herramienta AgroENSO, desarrollada por investigadores de Conicet y del Inta, muestra que de las 12 campañas El Niño registradas, el maíz superó su rendimiento medio en 10 y la soja de primera en 11 (una vez

corregida la tendencia tecnológica).

En este sentido, si el episodio se traduce en buena disponibilidad hídrica durante los meses de diciembre, enero y febrero, la producción podría terminar algo por encima de las primeras estimaciones.

Otro factor positivo es que la campaña gruesa se encara en un contexto de significativa recuperación de los precios internacionales. Según el mercado de Chicago, la soja subió un 21,4% en el acumulado del año, alcanzando los u$s 473 por tonelada en el promedio de octubre.

Entre los cereales, el maíz alcanzó los u$s 197/t, aumentando un 13,9%, y el trigo los u$s 251/t, con un alza del 31,6%. Esta dinámica estuvo impulsada por una combinación de factores de demanda y oferta.

Entre los primeros, la prolongación del conflicto en Medio Oriente sostiene los precios energéticos y, por esa vía, favorece la competitividad de los biocombustibles, impulsando la demanda de maíz y soja. Por el otro lado, la guerra entre Rusia y Ucrania continúa generando disrupciones logísticas en el Mar Negro que restringen la disponibilidad exportable de trigo y maíz.

En materia de costos, este contexto internacional también implica subas en combustible (+38% el gas oil local), fletes y fertilizantes (+10,6% en el año, según el Banco Mundial). En sentido contrario, se destaca la anunciada reducción de Derechos de Exportación, con un esquema progresivo hasta 2028.

FOR EXPORT

Con una producción en niveles similares a los de la campaña pasada, las exportaciones del agro en cantidades se sostendrían en los niveles del 2026 (récord en toneladas exportadas). En conjunto las ventas de los tres principales granos alcanzarían las 104,4 mtn..

En detalle, si bien se proyectan mayores envíos de maíz (+1,6%, 44,2 mtn.) y del complejo sojero (+4%, 44 mtn.), los de trigo serían inferiores (−15,6%, 16,2 mtn.).

Por su parte, nuestro escenario asume una mejora del orden del 5,4% en los precios (promedio ponderado). Si bien los valores de los commodities agrícolas registraron una mejora significativa durante 2026, ésta se produjo de manera gradual a lo largo del año, por lo que su impacto sobre el presente año fue sólo parcial.

Así, si las cotizaciones se mantienen en los niveles actuales, tal como sugiere el mercado de futuros, en 2027 se reflejaría plenamente el impacto en el valor exportado.

Los fundamentos internacionales dan sostén a los precios.

El balance de octubre del USDA prevé para 2026/27 una caída del 2,8% en la producción mundial de maíz y del 8,7% en sus stocks finales; en trigo, las reducciones serían del 2,6% y del 2%, respectivamente. Los cereales presentan, así, balances más ajustados.

En soja, en cambio, la oferta crecería un 3,1%, hasta 442,7 millones de toneladas, limitando el potencial de suba del grano. De todos modos, dentro del complejo sojero, el aceite cuenta con el sostén de la demanda de biocombustibles.

De esta forma, con cantidades en niveles similares al récord 2026 y con los precios aportando positivamente, las ventas externas llegarían a los u$s 36.500 millones en 2027. Esto implica una suba del 5,2% interanual y unos u$s 1.800 millones más que en 2026.