Escenarios en la historia
Por Claudio Ratier
Ciudad de las Artes, 222 páginas
Docente, musicógrafo, periodista, figura en fin de vasta actividad en el campo de Santa Cecilia, Ediciones Ciudad de las Artes, dirigida por Daniel Varacalli y Patricia Casañas, acaba de publicar un atrayente trabajo historiográfico de Claudio Ratier. Consagrado a los antiguos teatros líricos de nuestro país, la obra, luego de rozar la sala de la Ranchería, se desliza por el Coliseo Argentino, ubicado en el predio que hoy ocupa la casa central del Banco Nación, el Teatro de la Victoria, en la calle homónima ahora Hipólito Irigoyen entre Tacuarí y Bernardo de Irigoyen, el primer Colón, también en la manzana de Bartolomé Mitre, 25 de Mayo y Rivadavia, el Ópera, donde actualmente está el cine homónimo, y el Politeama, en Corrientes y Paraná.
Con nutridas citas bibliográficas, entre las cuales se incluyen Historia de nuestros viejos teatros, de Alfredo Taullard y El arte lírico en la Argentina, de Néstor Echevarría, el libro enhebra un prolijísimo y rico material que gira alrededor de funciones, artistas, estrenos de esas épocas, que llegan casi hasta poco más de 1908, cuando la apertura del segundo Colón inauguró una nueva y definitiva era para el género melodramático en el río de la Plata.
En este amplio espectro, pasan así por las páginas de Ratier, Picasarri, el tío de Esnaola, el tenor Mariano Rosquellas, precursor de la ópera en estas orillas, la premiére de El Barbero de Sevilla en 1825 (primer título completo que se dio en la Argentina), y el ominoso silencio que se extendió durante casi todo el tiempo de Rozas, hasta que Manuelita consiguió resucitar el movimiento lírico con el estreno de Lucia de Lammermoor en 1848.
Desde entonces la actividad no paró. En el gran país que iba a conformarse a partir de 1853, fortalecido por las poderosas corrientes inmigratorias europeas, y en el marco de una vasta paleta, con público tan numeroso como entusiasta, se ofrecieron en esos años de oro muchísimas óperas de Luigi Ricci, Verdi, Mercadante, Auber, Rossini, Boildieu, Bellini, Halévy, Thomas, Hérold, Meyerbeer, Nicolai, Flotow, Gounod, Gomes, Massenet, Goldmarck, Bizet, y algo más acá Puccini, Mascagni, Leoncavallo, Ponchielli, Boito, Giordano, Catalani, Franchetti, Saint-Saëns, Debussy, Smetana, Messager.
Entre los cantantes ilustres, desfilaron “la divina” Tani, Ida Edelvira, Bonci, Anselmi, Francesco Tamagno, Enrico Tamberlick, la célebre Adelina Patti, de Lucia, Stracciari, De Luca, Caruso (debut en América, 1899).
Y en el podio, aparte de Albert Wolff, Mugnone, Mancinelli, el joven Toscanini, que estuvo en tres temporadas, condujo la primera presentación de Tristán e Isolda en 1901. “Un hecho artístico de muy alto impacto". Mozart se había dado en 1827.