Ciencia y Salud

Anorexia y su relación con el ejercicio físico

La anorexia nerviosa es uno de los trastornos de la conducta alimentaria más complejos y peligrosos. Se caracteriza por una restricción severa en la ingesta de alimentos, un miedo intenso a ganar peso y una distorsión de la imagen corporal. 
En personas con anorexia, el ejercicio físico suele ser parte de un trastorno psicológico. Puede convertirse en una forma de eliminar o compensar las calorías ingeridas. En este contexto, el entrenamiento se torna obsesivo, rígido y con una fuerte carga emocional. 
Es importante tener en cuenta que en personas que padecen trastornos de la conducta alimentaria, la actividad física puede presentar algunas señales de alerta importantes: tener una sensación de ansiedad, culpa o irritabilidad si no se puede compensar la ingesta de alimentos con la quema de calorías que produce el ejercicio físico; sería como una manera de “castigo” por haber comido; aun en un estado bajo de peso; 
El ejercicio excesivo, combinado con una ingesta insuficiente de alimentos, puede llevar al cuerpo a un estado de agotamiento y deterioro extremo. Algunas de las consecuencias más comunes incluyen: pérdida de masa muscular y fatiga crónica, desregulación hormonal, incluyendo la pérdida del ciclo menstrual, problemas cardíacos graves, como arritmias o incluso riesgo de paro cardíaco, fracturas por estrés debido a la disminución de la densidad ósea, deshidratación, se puede agravar la ansiedad, la irritabilidad, la obsesión por el control y el aislamiento social.
Durante el tratamiento de la anorexia, uno de los primeros pasos suele ser detener o limitar el ejercicio físico, si está siendo usado de manera excesiva.
A medida que se avanza en la recuperación, y siempre bajo supervisión profesional, es posible reintroducir el movimiento en forma gradual y segura. El objetivo no es volver al ejercicio como forma de quemar calorías, sino redescubrirlo como una herramienta de bienestar emocional, conexión con el cuerpo y disfrute.
Algunas formas de movimiento más saludables durante la recuperación pueden incluir: caminatas suaves al aire libre, clases de yoga restaurativo, TAI CHI, baile libre o terapéutico, ejercicios de respiración o movilidad, natación y ciclismo. 
La educación y la prevención son claves para evitar que el ejercicio se convierta en un problema. La conciencia y el acompañamiento profesional son fundamentales para salir del círculo de la anorexia y volver a encontrar una forma de vivir que sea libre, saludable y plena.
Claudio V. Penna
Prof. Nac. de Educ. Física. Ig: @lospenna