Opinión
Páginas de la historia

Alfredo Gobbi

Treinta años al servicio del mejor tango hacen de Alfredo Gobbi una de las figuras consulares del género.
Autor de hermosos tangos instrumentales, violinista que, no obstante las precariedades técnicas que lo limitaron consiguió sacar del instrumento un gran sentido expresivo; director de una orquesta memorable que supo absorber del legado de Julio De Caro la savia con que forjó una manera interpretativa definidamente propia, tan emotiva como arrolladoramente milonguera.
Todas estas facetas hacen que la memoria de Alfredo Gobbi siga siendo un hito en los caminos del buen tango.
Nació en Francia el 14 de mayo de 1909 y antes de cumplir su primer año de vida llegó a Buenos Aires. Comenzó sus estudios musicales de piano a los seis años. Recién cuando tuvo diez años tomó su primer contacto con el violín. Su infancia transcurre trabajando de canillita en la porteña esquina de Triunvirato y Estomba.
Una noche, finalizada la labor del día, entra en el cine Select Lavalle para escuchar al sexteto de Julio De Caro. La encendida admiración que logra despertar este conjunto en su tierna sensibilidad lo lleva a que luego concurra a numerosas sesiones del mismo cine.
A los trece años integra su primer conjunto: Un trío que completan un bandoneón y una guitarra. A los catorce años compone su primer tango: “Perro fiel”.
En la última parte de la década del veinte, contando con poco más de 20 años aparece como segundo violín de la orquesta de Antonio Rodio e interviene en algunas aisladas grabaciones del conjunto de Roberto Firpo.
Sus actuaciones fueron muy diversificadas y cambiantes. Le costaba permanecer mucho tiempo en un mismo lugar. Tiene solo 22 años cuando se incorpora a un famoso sexteto: Vardaro-Pugliese, en el que actuaban nada menos que dos bandoneonistas ya incorporados a nuestra historia tanguera: Anibal Troilo y Ciriaco Ortiz. Se aleja Vardaro y el Sexteto pasa a denominarse Vardaro – Gobbi.
Corre 1931 y en ese año Gobbi forma su primera agrupación. Contrata a Troilo en bandoneón y a Orlando Goñi como pianista. Tiene musicalmente un estilo personal, con el que reemplaza una formación académica no muy completa. Pero su orquesta tiene una especial delicadeza, un señorío. A Gobbi lo llaman “El Violín Romántico del Tango”.
Expresamos ya que había nacido en Francia. Pero fue por una circunstancia. Su padre, Alfredo Eusebio Gobbi fue un pionero en la difusión del tango y su madre Flora Rodríguez, la primera mujer que grabo un tango. Estaban ambos en París.
Los había enviado la vieja casa Gath & Chaves, que ya no existe, para grabar varios discos en la capital francesa. Por esa circunstancia nuestro Alfredo Gobbi nació allí.
Querría acotar que su labor como director de orquesta fue bastante discontinua porque dejaba a veces su conjunto e integraba alternativamente como violinista otras formaciones orquestales como la de Pedro Láurenz por ejemplo. Como tambien se alternaron en las grabaciones con su conjunto cantores como Jorge Maciel, Alfredo del Río, Oscar Ferrari y otros.
Y cerramos con una anécdota: Un músico de su orquesta había tenido una actitud ofensiva con Alfredo Gobbi y este se había molestado mucho. Pero conociendo que el músico tenía un hijo gravemente enfermo no lo separó de su formación orquestal.
El chico se agravó y Gobbi donó sangre para el pibe y estuvo noches enteras acompañándolo al músico en el Sanatorio.
El pibe falleció finalmente y ante la precaria situación económica del padre, Gobbi costeo el entierro y todos los gastos emergentes.
Esto lo define con más justicia que su bohemia, sus noches con algunas copas de más y su carácter un poco taciturno y aparentemente reconcentrado. Un 21 de mayo de 1965, una semana después de cumplir 53 años muere Alfredo Gobbi.
Y un aforismo para su singular talento y su sobria personalidad: “El verdadero músico no quiere ser admirado. Quiere ser comprendido”.