La disminución en las tasas de vacunación en la Argentina plantea riesgos concretos para la salud pública, ya que cuando baja la cobertura aumenta la posibilidad de brotes de enfermedades prevenibles como el sarampión, la tos ferina o la poliomielitis, lo que puede traducirse en más casos, internaciones y complicaciones.
Además, se debilita la inmunidad colectiva, que es la protección indirecta que se logra cuando la mayoría de la población está vacunada, dejando más expuestas a personas que no pueden recibir vacunas, como bebés pequeños o quienes tienen el sistema inmunológico comprometido.
Durante los últimos 50 años, esta herramienta de salud pública ha salvado más de 150 millones de vidas, transformando enfermedades antes mortales en prevenibles gracias a la vacunación, aseguró la doctora Valeria El Haj.
Sin embargo, el escenario actual es frágil y en los últimos años el descenso en la vacunación de niños y adolescentes encendió las alarmas en el sistema sanitario. En la actualidad, el mayor desafío no es solo el virus, sino la circulación de información falsa, frente a la cual la evidencia científica es contundente. Las vacunas pasan por años de pruebas antes de ser autorizadas, y los mitos sobre su vínculo con el autismo o la presencia de microchips carecen de sustento. Asimismo, aunque la higiene y el acceso al agua potable son fundamentales, no reemplazan la protección específica que brindan las vacunas frente a enfermedades que circulan a nivel global.
También se destaca que la aplicación simultánea de varias vacunas es segura y necesaria para completar los esquemas a tiempo, sin generar una sobrecarga en el sistema inmunológico. En grupos de riesgo, como las personas gestantes, la vacunación resulta clave para proteger tanto a la madre como al bebé, y en el caso de la gripe constituye una barrera frente a una enfermedad que provoca cientos de miles de muertes cada año en el mundo.
Recuperar la confianza social y garantizar el acceso igualitario aparecen como prioridades actuales. No se trata solo de protección individual, sino de una responsabilidad compartida. Invertir en salud y educación no es opcional, es la única forma de asegurar que las futuras generaciones crezcan libres de enfermedades que ya sabemos cómo evitar, concluyó la doctora El Haj.
INFORME
Un reciente informe del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC) analizó el estado de la vacunación en el país a partir de un trabajo conjunto entre referentes del sector público, obras sociales, organizaciones de la sociedad civil y organismos internacionales, con el objetivo de evaluar los desafíos actuales de la inmunización.
Según el relevamiento, las tasas de vacunación en la Argentina se encuentran por debajo de los niveles necesarios para garantizar una protección colectiva adecuada. Desde 2018, las coberturas del Calendario Nacional, gratuito y obligatorio, se ubican por debajo del umbral del 95 por ciento recomendado para sostener la inmunidad colectiva.
Entre 2022 y 2024, alrededor de 1,7 millones de niños no recibieron alguna de las vacunas correspondientes a su edad, con caídas más marcadas en los refuerzos de la segunda infancia y la adolescencia. En ese contexto, el refuerzo de la vacuna triple viral alcanzó apenas el 46,7 por ciento en niños de 5 años, cuando menos de una década atrás superaba el 90 por ciento, mientras que la cobertura contra la poliomielitis descendió al 47,6 por ciento en ese mismo grupo.
En adolescentes, la vacunación contra el Virus del Papiloma Humano, fundamental para prevenir distintos tipos de cáncer, llegó en 2024 al 55,5 por ciento en mujeres y al 50,9 por ciento en varones, niveles considerablemente inferiores a los registrados en años anteriores.
Las bajas coberturas también alcanzan a adultos y personas mayores, que no siempre reciben las dosis recomendadas, en parte debido a dificultades en la organización del sistema de salud.
De acuerdo con el Índice de Confianza y Acceso a las Vacunas de la Fundación Bunge y Born, el país mantiene niveles de confianza cercanos al 86 por ciento, superiores a los de muchos países de la región. No obstante, el desafío actual radica en una reticencia difusa y multicausal, alimentada por la desinformación en redes sociales y por la falta de recomendación activa por parte de algunos equipos de salud, especialmente entre jóvenes de 15 a 25 años.