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Alberdi, el paradigma del abogado

Por Marcelo Urbano Salerno *

 
Algunos lectores supondrán que el día del abogado que se celebra en honor de Juan Bautista Alberdi, obedece a ser el autor del libro Bases y Puntos de Partida para la Organización Política de la República Argentina. En la segunda edición de ese célebre libro incluyó el proyecto de Constitución de la Confederación que fuera sancionada en 1853, el cual sigue siendo materia de consulta por los publicistas.

Pero no es tan solo así. Alberdi es el paradigma del abogado: ejerció esa profesión durante varios años de su vida en diversos tribunales de sudamérica. Había nacido junto a la patria en 1810; a los cinco meses de nacer quedó huérfano de su madre Josefa Araoz. Esa temprana orfandad no le impidió desarrollar la vigorosa personalidad que evidenció a lo largo de su existencia, para defender causas justas gracias a sus dotes intelectuales.

Se conserva en el Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires el expediente que inició el famoso jurista a fin de hacer práctica forense en la Academia de Jurisprudencia. Esa institución, fundada en 1815 a instancia de Manuel Antonio de Castro, brindaba la enseñanza relativa al ejercicio profesional a fin de ordenar y tramitar los juicios, cuanto a dirigir las causas civiles y criminales distribuidas entre los académicos. Remitió esa nota a la Excma. Cámara de Justicia de Buenos Aires el 2 de julio de 1835, rubricada con su firma, a la que adjuntó su título de "bachiller en leyes" obtenido luego de rendir el tercer año del Derecho Civil. Tenía entonces 24 años. Había estudiado la carrera en la Universidad de Buenos Aires, y debió finalizarla en Córdoba.

En dicho expediente consta su petición a fin de practicar en los estrados del Tribunal porteño, y también consta que aprobó el examen de ingreso el 12 de agosto de 1835. Más tarde hubo de exponer durante media hora ante un jurado sobre el usufructo según las Institutas de Justiniano. El 24 de agosto de ese año se incorporó a la Academia en la "clase de socio practicante". Las referidas actuaciones demuestran plenamente que el ilustre tucumano se graduó de abogado en su país, desvirtuando versiones capciosas que intentaron negarlo. Esas versiones omitían considerar los sólidos conocimientos jurídicos de Alberdi, quien en 1837 publicara la obra Fragmento preliminar al estudio del derecho, escrita en 1836; originariamente sería su tesis doctoral, pero no quiso sustentarla por razones políticas.

LA CONFUSION

Es cierto que no ejerció la profesión en el país, aunque había sido autorizado a ejercerla en su provincia natal. La confusión habida en torno al título de Alberdi proviene del hecho de su emigración en 1838 hacia la Banda Oriental. Residió en Montevideo hasta 1843 desde donde partió en viaje hacia Europa, como lo relató en su conocido libro Veinte días en Génova. Regresó de ese viaje sin volver a su país. Embarcado en la nave Benjamín Hart, tras cruzar el Cabo de Hornos, lo deslumbró el océano Pacífico que recorrió hasta el puerto de Valparaíso. Decidió radicarse en Chile y allí vivió durante una década (1844-1855); en los últimos cinco años de su estadía habitó una casaquinta en dicha ciudad denominada Las Delicias, que había comprado con el producto de sus honorarios.

En el Uruguay, Alberdi se matriculó de abogado el año 1840 en la Academia Teórica Práctica de Jurisprudencia que presidía su compatriota José Gabriel Ocampo. Su amigo Miguel Cané (padre) se había inscripto en 1839; ambos trabajaron en la profesión y fueron periodistas, escribían en El Nacional que dirigía Rivera Indarte y en El Iniciador. 

Montevideo, llamada la Nueva Troya por Alejandro Dumas, era el escenario de un enfrentamiento armado de dos bandos rivales, entre sus defensores había una Comisión Argentina y hasta una legión italiana al mando de José Garibaldi. El sitio de Montevideo comenzó en el mes de febrero de 1843 cuando las tropas de Manuel Oribe tomaron el Cerro.

EN CHILE

En Chile, Alberdi revalidó su título en la Universidad de reciente creación presidida por el jurista y gramático Andrés Bello. Había desembarcado en el puerto de Valparaíso en abril de 1844. Para graduarse fue preciso que redactara una tesis; escribió veinte páginas en pocos meses y les puso el título de Memoria sobre la conveniencia y objeto de un congreso general americano. Defendió su tesis el 14 de septiembre de 1844 en la que sostuvo desde una perspectiva americana la necesidad de establecer la unión continental del comercio mediante convenios multilaterales, de modo que fue un precursor en la materia a fin de traspasar las barreras aduaneras.

La actuación profesional de Alberdi en el país trasandino es digna de destacar dado que alcanzó un gran prestigio y le fueron confiados numerosos casos, como lo testimonian sus alegatos que han sido publicados. 

A raíz de haber continuado con su actividad periodística, en especial en el diario El Mercurio de Valparaíso, del que llego a ser director en 1850, debió asumir defensas en materia de libertad de prensa. Incluso escribió un libro sobre la Legislación de Prensa en Chile (1846) y publicó en esas columnas el artículo Una cuestión de derecho penal en materia de imprenta (1849). En su autorizada opinión, la importancia de esta libertad consiste en ser "la mayor barrera contra los ataques de la tiranía, es el odio y el pavor de los déspotas".

Elaboró allí su obra Bases, perfeccionando el texto en sucesivas ediciones. Sus ideas fueron replicadas por Sarmiento en una polémica donde el jurista tucumano hizo valer su formación humanista y su habilidad dialéctica. Este debate dio lugar a las conocidas Cartas Quillotanas que escribió desde Quillota, localidad veraniega situada a 60 kilómetros de Valparaíso. Asimismo, polemizó con Vélez Sársfield cuando el jurista cordobés dio a conocer el primer libro de su proyecto de Código Civil. Demostró tener un "talento admirable" como lo reconoció Mitre en alguna oportunidad, y fue "un jurisconsulto de vistas propias y fundamentales", al decir de García Merou.

DE LA CONFEDERACION

Alberdi siempre tuvo presente los acontecimientos que sucedían en la Argentina. Era un hombre de la Confederación. Le encomendaron la misión diplomática de lograr el reconocimiento de la Independencia por España y otras naciones.

Poseía el perfil de un estadista, inquieto sobre el futuro de la patria unida definitivamente. Recorrió varias naciones europeas, visitando los tribunales de Génova -de donde vendrían tantos inmigrantes-, de Ginebra y de París, ciudad en la que vivió muchos años y falleció en uno de los suburbios.

Con motivo de haber sido designado diputado nacional por sus comprovincianos, volvió a Buenos Aires, la gran aldea de su juventud estudiantil en el Colegio de Ciencias Morales, y le tocó presenciar los episodios de la capitalización en 1880. 

Ese año lo invitaron disertar el 24 de mayo en el acto de colación de grados de la Facultad de Derecho ante numeroso público; el Decano Sixto Villegas le hizo entrega del diploma de miembro honorario. Dio una clase magistral que tituló La omnipotencia del Estado es la negación de la libertad individual; fue su discurso de despedida antes de retornar a Francia.

Nadie puede poner en duda su vocación por el derecho y la justicia.

* Académico titular de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires. Miembro fundador de la Institución Alberdi.

La estatua del Prócer en Plaza Constitución.