La Argentina transita un tiempo de agendas partidas. Mientras el presidente Javier Milei se mueve en un plano de reformas profundas, alineamientos internacionales y redefinición del rol del Estado, el peronismo bonaerense parece atrapado en una discusión mucho más chica, más cerrada y marcadamente autorreferencial. No es solo una diferencia ideológica: es una fractura de escala.
Milei gobierna -con aciertos y errores- en clave de época. Habla de inflación, déficit, Estado y poder real. En su acción, se muestra como un líder que puede discutir la agenda con actores globales, se inserta en un mundo que redefine reglas y desafía consensos. Se ha acostumbrado a incomodar, pero no pasa inadvertido. Hace un año, en la misma geografía en la que habló, Davos, puso en marcha una serie de tropezones que generaron hasta la sensación de que su gobierno podría caer anticipadamente. En esta ocasión, eligió otra impronta sin apartarse de su núcleo discursivo habitual. En definitiva, la tentación de crear un relato es consecuente con ejercer el poder. Hay conflicto, hay tensión y hay relato. El Presidente discute qué país quiere construir -para algunos destruir- , aún pagando costos.
En la provincia de Buenos Aires, el principal distrito del país, la discusión es otra. En el peronismo bonaerense el eje está puesto en la conducción del PJ, en la interna entre Axel Kicillof y La Cámpora, en la conformación de listas y en la disputa por los cargos partidarios.
Una conversación legítima, pero desacoplada del clima social y del momento histórico. Esta mirada es la que sostiene la necesidad de evitar una confrontación que lo único que provocaría es alejar aún más esas brechas ante la sociedad que busca otra alternativa y el peronismo no asoma como factible para esa tarea aún.
La comparación empieza a incomodar incluso puertas adentro. Intendentes del conurbano reconocen en privado que la situación social en sus distritos se degrada: más demanda en comedores, mayor tensión en los barrios, más conflictividad cotidiana.
Sin embargo, hay un dato que los descoloca: no observan con claridad que ese deterioro impacte directamente en la imagen de Milei. El malestar existe, pero no se traduce automáticamente en rechazo al Presidente.
Ese diagnóstico empieza a filtrarse incluso en el entorno del propio gobernador. En voz baja, dirigentes cercanos a Kicillof admiten que Milei “no está tan mal con la gente como se dice públicamente”.
Días atrás, un intendente lo escuchó de la propia boca de hombres muy cercanos al gobernador. No hay luna de miel, pero tampoco un desplome. Y ese dato desnuda un problema mayor: la oposición no logra capitalizar el descontento.
La asimetría es evidente. Milei discute modelo. El peronismo bonaerense discute el organigrama. Milei se expone. El PJ provincial se protege. Milei rompe. El peronismo administra.
En ese contexto, comienza a moverse otra pieza del tablero. Sergio Massa se prepara para volver a recorrer la agenda política, con la intención de reconstruir un espacio más amplio, menos encapsulado en la lógica bonaerense pura.
En esa construcción aparecen nombres que hasta hace poco parecían improbables: ¿Horacio Rodríguez Larreta? Es uno. No sería de extrañar debido a su larga vinculación con el ex Ministro de Economía.
Hay quienes se animan a sumar en la lista a dirigentes como Martín Lousteau e incluso el ex intendente de San Miguel Joaquín De La Torre. Un intento de reagrupar volumen político allí donde hoy sobran fragmentos. Por ahora, todo embrionario.
La disociación de agendas no es solo entre Nación y Provincia. También se replica en el propio conurbano. Algunos intendentes intentan pensar a largo plazo. Por caso, Mario Ishii el alcalde de José C. Paz ahora de licencia por asumir como senador provincial, reconoce la necesidad de poner el foco en la educación como eje estructural. Viene cumpliendo un rol como Vicepresidente Ejecutivo de la red de ciudades del Aprendizaje de la Unesco.
Y desde allí advierte la necesidad de “dar un giro real en cómo educamos, America aún está lejos de los estándares que alcanzan los países que lograron desarrollarse”. Otro caso es el Ariel Sujarchuk. El alcalde de Escobar viene hace tiempo hablando y accionando sobre el impacto de la Inteligencia Artificial en el empleo, la gestión y la política. Miradas distintas, pero conectadas con transformaciones reales.
En el otro extremo, la política municipal se consume en disputas mínimas. Conflictos por límites comunales, peleas territoriales de baja densidad política, como la que enfrentó a Mariel Fernández en Moreno con el intendente de General Rodríguez, Mauro García. Mientras unos discuten el futuro, otros se pelean por el mapa.
En cada territorio se cuecen habas. Allí en Rodriguez también hay réplicas de la puja entre Kicillof y La Cámpora materializada en el intento del secretario de Justicia y Política Criminal Nicolás Rappazo quien se dispone a discutirle el liderazgo al jefe comunal con el apoyo del ministro de Seguridad provincial Javier Alonso.
El resultado es un sistema político fragmentado, sin una conversación común. La oposición no logra articular una narrativa que dispute sentido. Y cuando la política no ofrece horizonte, la frustración se convierte en lenguaje.
El mundo ya dio señales de advertencia. Estallidos sin conducción, juventudes sin expectativa, conflictos sin ideología. En ese contexto, discutir cargos partidarios no solo es insuficiente: es anacrónico.
CALMA ENGAÑOSA
Enero suele ser un mes de calma engañosa. Pero la historia enseña que las crisis no avisan. Cuando las agendas no dialogan y la dirigencia se encierra, cualquier chispa alcanza. Milei, con su estilo, parece haberlo entendido. El peronismo bonaerense, por ahora, sigue discutiendo hacia adentro.
Y en política, como en la economía, quién se queda hablando solo termina perdiendo la conversación. Pero además, el problema no es sólo hablar sino construir el discurso efectivo y encontrar el destinatario.
Como alguna vez se ha escrito en este mismo espacio, son momentos de estados asamblearios que, tarde o temprano tendrán derivaciones concretas.
Por ahora, el monopolio de la conversación pública lo logra la Libertad Avanza. El estilo Trump se disemina por el mundo. Se aguarda con ansiedad el resultado.