Opinión
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Adictos: Memento Mori

 

Juan ingresó, hace alrededor de tres años, por la sala de urgencias con una sobredosis de cocaína y otros estimulantes. En sus 38 años había sido un próspero empresario y con esposa y dos hijos habiendo perdido todo lo económico y la familia ya se había alejado de él. 

Durante años vivió obsesionado por el dinero, acumulando monedas virtuales, descuidando sus relaciones personales y fracasando en los negocios por su ambición.  

Llega a nosotros derrotado, solo y su pasaporte de salvación era un carnet de una obra social que le servía para salir de este trance. Ya había pasado por siete circunstancias parecidas, pero solo aceptaba “un lavado” de cara y no un tratamiento que lo ayudara a sobrevivir de su adicción e iniciar una seria rehabilitación que no fuera una mera desintoxicación sin cambios profundos en la conducta. 

Su vida se había convertido en una ruleta rusa esperando como dice sabiamente la letra del tango:

” …ya ni el tiro del final le salía”.

No podía abandonar ese delirio de omnipotencia que le traía el consumo de estupefacientes y la compulsión repetida lo sometía en una depresión que a su vez lo llevaba a consumir cada vez más.

En nuestro refranero popular un canta-autor poeta Facundo Cabral en su celebre canción Vuele Bajo nos enseñaba:

” …Vuele bajo…vuele bajo porque abajo está la Verdad…el hombre ambiciona cada día más y pierde el camino por querer volar…esto es algo que los hombres no aprenden jamás”.

En veinte años de consumo me encuentro con un paciente con daños cognitivos evidentes, con una atención fluctuante que le imposibilitaba enfocarla en una tarea, no podía adquirir nueva información y su memoria fallaba repetidamente no recordando lo que había hecho hace pocos minutos. 

Estábamos entrando en un proceso de envejecimiento cerebral acelerado con un enlentecimiento en la realización de tareas muy evidente.

De aquel empresario exitoso ya quedada poco y podríamos decir que era un edificio en ruinas que solo se sostenía precariamente.

Se fatigaba cognitivamente rápidamente y no podía planificar ni sostener rutinas.

Además, la regulación emocional casi había desaparecido y cualquier circunstancia, aun mínima, lo llevaba a ciclos depresivos y obsesivos con ideas de ruina y perjuicio o de lo contrario a sensaciones persecutorias.

Los padres de la filosofía

En Juan vemos como desafiar los limites humanos tiene sus consecuencias y es bueno recordar la sabiduría de los padres de la filosofía cuando tratamos personas con adicciones.

Memento mori es una expresión utilizada en la Roma antigua y trata de graficar el límite de lo humano, nuestra fragilidad.

Hoy esto parece olvidado. En la Antigua Roma durante los desfiles de triunfo cuando un general regresaba victorioso y era aclamado como si fuera un Dios un esclavo se colocaba detrás de él y le susurraba al oído: “memento morí” …o sea le recordaba su condición humana en donde la soberbia, el delirio de omnipotencia y la identificación con el Poder Absoluto lo hacía sentir Dios olvidando todo limite y la fragilidad humana.

Las drogas por un momento generan esta sensación de grandiosidad delirante, así como en aquel que vive éxitos políticos o económicos. 

Los romanos mostraban la banalidad de todo esto ya que el limite y la fragilidad nos circundan.

Seneca y Marco Aurelio genios de la filosofía estoica les recordaban que el límite y la muerte sirven para ordenar la vida y que la búsqueda de lo ilimitado es solo una presunción errónea y que nos lleva a desgracias.

Vivir con sobriedad era clave y con la humildad como bandera. Marco Aurelio lo graficaba magníficamente:

“Todo es efímero… tú también”.

Todo esto en clave psiquiátrica y psicológica desarma fantasías de omnipotencia. Marco Aurelio nos invita a una vida más verdadera.

La tentación del Narcisismo ligado al Poder hoy es enorme y máxime en un mundo de pantallas inundadas de like que operan como un fortalecimiento etéreo del Yo. 

Las drogas agregan a esta situación una fantasía de control total de la realidad cuando en realidad no es mas que una huida habitualmente ante un vacío existencial.

Píndaro y la humildad

En la misma sintonía, pero en la Grecia Antigua Píndaro (518 a.C -438 a.C) nos enseñaba que debíamos aspirar a la grandeza, pero sin olvidar nuestros limites y luchar contra la “hybris” o sea la desmesura.

Nos enseñaba:”El hombre es el sueño de una sombra” mentando la fragilidad humana; “agota solo el campo de lo posible”; “el silencio es el ornamento del sabio”.

Llegó a decir Píndaro: “…la gloria sin límites prepara la caída”. Y precisamente el consumo ávido y voraz de drogas y alcohol, hoy tan banalizado, nos recuerda la fragilidad de nuestro cuerpo y de nuestra psiquis.

En la India antigua el Dharma tiene puntos de conexión con el pensamiento greco-romano en el sentido que hay un orden que precede al Yo y lo limita.

En la tradición india hay un orden cósmico, un orden moral y un orden propio que permite sostener la vida.

En Píndaro y en el pensamiento indio el límite no empobrece, sino que es una brújula que nos orienta…el norte y el propósito de nuestra vida.

Aceptación y renunciamiento

El tratamiento fue muy positivo y comenzó con un lema que llamaba a la humildad: La Oración de la Serenidad (1932) escrita por el Dr. Reinhold Niebhur y que formo parte de las oraciones de Alcohólicos Anónimos desde 1940:

Aceptar las cosas que no puedo cambiar: en las adicciones hay una lucha interna para controlar los impulsos, la culpa, la abstinencia y las consecuencias de nuestras acciones;

El valor para cambiar las cosas que si puedo: buscando ayuda, alejándose de personas, lugares y situaciones que lleven a recaídas, reparar vínculos rotos, etc.;

Sabiduría para reconocer la diferencia o sea apostar al discernimiento y a realizar una tarea terapéutica seria.

Desde ahí fuimos evolucionando positivamente y tratando de reparar heridas y traumas de su vida y los vínculos deteriorados. 

Los valores centrales sobre los que trabajamos fueron la aceptación (lo tengo que hacer solo pero solo no puedo ya que necesito de todo un equipo terapéutico), la humildad (eje de la escucha para un cambio), la transparencia frente a las manipulaciones de la vida adictiva, la perseverancia con cambio de hábitos de vida que van desde el sueño hasta la actividad física y la alimentación, la reconciliación como ejercicio severo de contacto con el si mismo y las sombras de su vida y el perdón a familiares y amistades y por ultimo el servicio que es devolver al otro lo aprendido en la comunidad ya que todo lo que se da vuelve de una manera doble. .

Todo esto dentro de un proceso de renuncia cotidiana al consumo: “Ocúpate del día a día que el mañana viene solo...”.