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Adicciones: tratando sobrevivientes

“…la humildad es la madre de los gigantes; desde el valle se ven las cosas grandes, desde la cima solo las pequeñas” (G.K.Chesterton)

El desafío a los límites de la existencia es negado en la vida adictiva y parecen transformarse en “ciegos” aun viendo y en “sordos” aun oyendo. Se sienten en los momentos compulsivos en una cima cuando en realidad se van precipitando al vacío. La rehabilitación en realidad es un ejercicio de humildad o sea no somos gigantes sino pequeños y solo desde ahí empezamos a tener y mostrar grandeza. Jorge llega a nosotros luego de un evento clínico que lo puso a los bordes de la muerte misma.

Tres semanas en coma luego de vómitos con sangre por la ruptura de las varices esofágicas luego de más de veinte años de consumo voraz de alcohol mientras trabajaba frenéticamente como disc-jockey en una radio o en distintos eventos. Había logrado tener una pareja codependiente que lo cubría de sus consumos ante el resto de la familia. La compulsión podía más que cualquier otra realidad. Desafiaba los limites psíquicos y orgánicos hasta que el cuerpo dijo basta. Hoy pensándose dice “¿este era yo…como pude llegar a esto? o sea afortunadamente se puede preguntar y quizás esta sea la iniciación de una rehabilitación.

Oscar durante cuarenta años consumió cocaína de manera voraz; me describe días enteros de consumo hasta quedar desplomado en una cama. Un médico del “palo” (argot adictivo) que también consumía le dijo que para no lesionar el tabique nasal la probara depositándola en la lengua. La consecuencia fue un infarto intestinal o sea una isquemia mesentérica que se produce cuando el intestino no recibe suficiente sangre y oxígeno. Estuvo internado dos años en un servicio de clínica médica con cuidados intensivos, pero aun así lograba que los “dealers” le suministraran drogas. Desafió el límite de la invalidez orgánica porque como él me decía “no podía parar”. Luego pudo frenar con ayudas médicas y se salvó. Hoy disfruta de su familia y de su “abuelazgo” así como de una paternidad olvidada. Es feliz. Aceptó al otro como ayuda y la humildad lo salvó en sus casi setenta años.

Hay otros que no pueden escuchar y viven en un mundo de trampas y de escondites con certezas psicóticas para guarecerse en las drogas y el alcohol. Leandro luego de noches de boliche en consumo de estimulantes y alcohol choca con su moto y sufre daños cerebrales, queda en coma varios días, fractura de mandíbula y daños cognitivos que llevan en su rehabilitación a un tratamiento cognitivo permanente ya que su memoria no responde. Hoy acepta que llego al límite y vencido empieza a escuchar y a escucharse confiando en otro que lo ayude a vivir y a encontrar un sentido a su existencia. Habitualmente ya están con daños cerebrales (defrontalización) en donde solo obedecen al impulso y ya no pueden escuchar.

El lóbulo frontal dañado es clave para la toma de decisiones, el control de las acciones, la planificación, la conducta social y el juicio moral (de ahí que muchos delinquen).

 

RESPUESTA VIOLENTA

La empatía no existe y el otro es solo un objeto para manipular. Contradecirlos es sinónimo de respuesta violenta. Se creen gigantes y son pequeños seres buscadores de sensaciones que día a día lo van dañando.

Esta misma conducta los lleva a muchos a desbordes sexuales y delitos con utilización de menores en circuitos de “only fans” ofertando sexo por internet a ojos ávidos de perversión. Muchos vagaban por el mundo con su enfermedad negada a cuestas en campamentos de “ayahuasca” en distintos países especialmente de America Latina culminando sus días en hoteles de los márgenes de la ciudad entre ladrones, vendedores de drogas, etc. y en un estado de deterioro enorme.

La clínica diaria nos confronta con el dolor de los que solo pueden sobrevivir rozando el límite de la muerte permanentemente. Escuchar al paciente nos enseña todos los días. Vivir, sentir, proveer ternura y amor, cuidar, ser responsables … vivir…eso parece algo muy lejano.

Para muchos es solo esperar el nuevo día a ver si se sobrevive. Al lado de él, Oscar que acaba de llegar en sus 40 años nos dice no le encuentro un “porque” a esta vida: “Gracias por recibirme, la botella de alcohol etílico me persigue adonde voy y no puedo dejar de hacerlo hasta caer dormido y vencido. No tengo más voluntad”. Y desde los 28 años repite esta conducta de una manera compulsiva: “No puedo trabajar ya que no puedo cumplir horarios y me falta lucidez para enfrentar tareas” …y dándose cuenta de que se acerca a un cruce de caminos en donde debe retornar a la vida encontrando un “porque” vivir que es encontrar un “para que” y un propósito en el existir.

 

EL PORQUE VIVIR

Encontrar un para que vivir es fundamental y a muchos pacientes les recuerdo la frase del gran filosofo Nietzsche: “quien encuentra un porque vivir resiste cualquier como”. Tendrá que sufrir los dolores de la abstinencia con la compañía de un grupo de profesionales y compañeros de tratamiento, escucharse con otros y aprender de los otros; o sea descubrirse ya que el alcohol etílico es una forma de ocultarse. Desnudar su vacío y darle un contenido a su vida que no va a estar en una botella de vodka.

Cuando logramos vincularnos con el paciente y superando la abstinencia inicial que es muy dura nos enfrentamos con toda una línea de tiempo o sea un relato de una historia de traumas o sea las heridas emocionales no suturadas y que generan una gran vulnerabilidad desde temprana edad con abandonos, violencias, etc. que debe superar lentamente perdonándose por los hechos que vivió en donde en algún caso dañó a otros y perdonando a personajes de su vida que lo violentaron.

Es el llamado por nosotros proceso de reconciliación sin el cual es difícil que se pueda avanzar. Ayudarlo es tratar de encontrar ese “porque” no encuentra un significado a su vida, trabajar esa identidad desorientada, vencer la frialdad y la apatía.

 

VICTOR FRANKL

El vacío delata una falta de contenido existencial y el gran Víctor Frankl llamo a ese contenido “sentido del vivir”. En el campo de concentración en los cuales durante años vivió como preso 119104 le pudieron quitar sus posesiones, su manuscrito escrito, pero no sus propósitos y su razón de vivir. Descubrió que los hombres no morían solo por hambre o enfermedad sino cuando perdían la razón para vivir. Descubrió, también, que la gente se moría en el campo de concentración cuando abandonaba toda esperanza y su cuerpo colapsaba en cuestión de días.

Los médicos en ese momento -década del 40- lo la llamaban la “enfermedad del abandono”. Ayudaba como psiquiatra a sus compañeros en el campo de concentración y les susurraba: “¿quién te espera, que trabajo te queda por hacer, que le dirías a tu hijo para sobrevivir a esto?”. Les brindaba la posibilidad de soñar y formar un mañana. Víctor Frankl salió solo ya que todos sus familiares habían muerto, pero reconstruyó su historia en un escrito centrado en el sentido de la vida recordando, nuevamente, aquella frase de Nietzsche: “quien tiene un porque puede soportar cualquier como”.

El libro “Un psicólogo en un campo de concentración” se convirtió en la piedra angular de una escuela de psiquiatría: “cuando ya no podemos cambiar una situación se nos desafía a cambiarnos a nosotros mismos”.

En segundo lugar, la cantidad de hombres y mujeres solos, sin un porque vivir, que apostaron al frenesí y a la anestesia emocional y no le encontraron un sentido a su vida. Y están entre nosotros como “muertos” en vida. La empatía es fundamental y en nuestro lema institucional proveer: Amor, Limites y Valores porque “la cura con amor terapéuticamente hablando” es nuestra filosofía.

Pero para lograr una rehabilitación quizás primero debe aceptar que su vida llego a experiencias limites, concepto clave en la psiquiatría y filosofía de Karl Jaspers (enfermedades lindantes con la muerte, sufrimiento, abandonos, etc.) que tiene que aceptar y transitar para encontrar un propósito en la vida.

La enfermedad surge en los momentos límites de la vida, pero es también si aceptamos esto el encuentro con la autenticidad de la mano por un tiempo de otros (equipo terapéutico).