Asoman datos del aumento de los suicidios en la Argentina dados a conocer justamente en el día de Prevención del suicidio (10 de septiembre). Entre 2017 y 2025 aumento un 57,7 y es la principal causa de muerte entre los jóvenes de 15 y 34 años. Según la Dirección de Estadísticas e Información en Salud (Ministerio de Salud) en el 2023 hubo 3488 muertes ligadas al suicidio y la tasa de suicidios adolescentes llego a triplicarse en tres décadas según la Unicef.
Son datos que en todo el mundo están resonando de una manera similar. ¿Vale la pena vivir?...quizás muchos se pregunten esto.
En su momento E. Durkhein (sociólogo y filósofo francés -1858/1917) en el siglo pasado se preguntó por el suicidio y fue uno de los primeros en relacionar el suicidio con un fenómeno derivado de la complejidad del vivir y lo resumió con el fenómeno de la anomia o sea la “anemia” social y normativa-valorativa de un modo de vivir. No es solo el acto suicida un fenómeno individual y psiquiátrico sino un modo social de existir. Es un llamado el de Durkheim a pensar la complejidad de nuestra existencia.
Muchos pensadores salen al paso de estos fenómenos. El espacio del Poder que ocupa el universo económico-financiero, tecnológico y mediático con los déficits de la Política en la organización de la sociedad han tenido una gran influencia en el deterioro de la vida humana.
Alan Touraine (pensador francés 1925/2023) habla de un debilitamiento de los controles sociales, culturales, de los Estados, Iglesias y Familias como fenómeno masivo y en realidad en la clínica cotidiana de nuestro trabajo vemos una creciente des-familiarización con jóvenes solos y desligados de cualquier contexto de cuidado y proximidad. Llegamos así a una certidumbre que en la clínica de las adicciones resulta fundamental y que es la de una sociedad desvinculada o sea la desvinculación como hecho central.
El Dr. Claude Olievenstein (pionero en el estudio de las adicciones francés 1933/2008), nos enseña que en esta sociedad es difícil ser joven o simplemente ser y surge la masificación de la droga como el “olvido” de este no ser y nos habla de una sociedad, que, siguiendo a Touraine, incorpora como un nuevo fundamentalismo a la adicción.
RASGOS DE LA SOCIEDAD ACTUAL
La adicción como fenómeno masificado en la sociedad permite enfrentar patológicamente los rasgos de este vivir que muestra los siguientes hechos: sociedad compleja, abierta, con un gran margen de incertidumbre y fundamentalmente globalizada.
En primer lugar, es una sociedad compleja en donde los contextos turbulentos y cambiantes son lo fundamental con una gran inter-retroacción de todos los factores que están en juego desde valorativos hasta económicos y, por supuesto los que dependen de la criminalidad organizada.
El adicto frente a esta complejidad simplifica la realidad con la dosis. La fijeza del consumo liquida toda esa turbulencia para la cual no se está preparado para absorberla, metabolizarla y comunicarla.
En segundo lugar, es una sociedad abierta ya que no hay localidades no conocibles por los “ojos” mediáticos y tecnológicos. La droga, por lo menos, permite cerrar todos los espacios desde el narcisismo con la creación de
márgenes alucinatorios permanentes. El autismo tóxico resulta ser un refugio.
En tercer lugar, es una sociedad donde reina la incertidumbre; esta es una nota apodíctica de estos tiempos ya que nada es permanente y todo reina en su fugacidad. Las drogas en la monotonía de su uso sería la única certidumbre. La dosis paraliza lo incierto. Es una certidumbre fiel, aunque letal.
Por último, la nuestra, es una sociedad globalizada en donde la periferia y lo central de nuestras existencias se han planetarizado en todos los aspectos. No hay ya localidades o comarcas que resistan la fuerza de la planetarización. La droga es una huida hacia localidades que, aunque a costa de la alienación, aseguran un cierto territorio sustitutivo de una realidad que solo puede desmentirse.
En estos territorios inciertos, globales, complejos y abiertos crecen con fuerzas las “Economías Criminales” como nueva cara del poder y la barbarie de lo inhumano.
Durkheim que estudio profundamente el fenómeno suicida se pregunta: ¿…que está ocurriendo en esa sociedad en que esa persona vive? y lo relaciona con dos grandes fuerzas:
A) La integración social que es una red de pertenencias, vínculos y convivencias.
B) Regulación social o sea todo el continente normativo, límites y horizontes vitales.
El maestro Durkheim nos enseña que cuando estos fenómenos se deterioran aparece la anomia. Las crisis normativas compartidas, las pertenencias y los roles reconocibles se esfuman, así como las expectativas de futuro y los proyectos. También muestra como los cambios sociales acelerados favorecen la incertidumbre y la mayor vulnerabilidad.
DATOS CLINICOS
La Argentina atravesó en los últimos 50 años distintos hechos que marcan la prevalencia de contextos anómicos: cambios laborales, transformaciones familiares con un debilitamiento de los lazos y los vínculos, modificaciones culturales y tecnológicas y esto actuó muy fuerte en la configuración de la Identidad en los adolescentes: crisis de pertenencias, de Identidad y de la noción de futuro.
Así nos encontramos con fenómenos que nos golpean en la asistencia de los pacientes:
A- Familia debilitada.
B- Escuela que pierde capacidad integradora con una menor referencia adulta.
C- Trabajo y futuro incierto.
D- Narco cultura.
E- Redes sociales y cultura digital en auge como nueva impronta cultural.
F- Vigencia del paradigma del alcohol y las drogas.
En todos estos contextos aparece ante nosotros en un consultorio lo que Massimo Recalcatti (psicoanalista italiano-1959) llama la clínica del vacío: vacío normativo, vincular y de futuro y propósito de vida.
Así va apareciendo otro modo de vivir en donde el consumo voraz manda, la violencia impera fuera de todo marco legal, el dinero rápido es fundamental y la narco cultura reina.
Todo este enfoque nos acerca a grandes pensadores del siglo pasado y también de este siglo tanto del psicoanálisis, la terapia familiar y la neurobiología. Donald Winnicott (psicoanalista inglés-1896/1971), nos muestra en este contexto sociocultural las dificultades de un ambiente sostenedor de la niñez y las consecuencias resultantes con la falta de apego y el abandono desde temprana edad.
Luigi Cancrini (maestro italiano en terapia familiar 1938) nos describe el auge de familias inexistentes o de familias multiproblemáticas con múltiples enfermedades en su seno y básicamente expulsivas
Por último, la Neurobiología actual nos enseña como quedan los cerebros “domados” por sustancias desde edades puberales por un consumo voraz de alcohol y sustancias sometiendo a los jóvenes a la impulsividad, el stress crónico, el secuestro motivacional y los sistemas de recompensas ligados al placer que quedaron sometidos a la esclavitud creciente de las dosis y de los “dealers” que operan como “farmacéuticos” barriales de su alienación.
EL CAMINO HACIA LA MUERTE
Llegamos a una situación en donde quedamos sujeto a un declive de las transmisiones familiares y de las instituciones otrora socializadoras (escuela, iglesias, barrio, instituciones deportivas, etc.), a la civilización mediática y del marketing, a una ética de mercado, la identidad ya no depende de transmisiones sino de mimesis que son puertas vacías de identificación y a la enfermedad como renta.
El esclavo a las drogas rinde y múltiples personajes desde el narco barrial hasta el responsable de entidades financieras o políticas se rinde ante esta evidencia que es fundamentalmente lucrativa.
Así van apareciendo nuevos crónicos (ricos o pobres) que van por las ciudades durmiendo en la calle, en sitios lujosos o en “paradores” como “nadies” ya vacíos de toda identidad en busca de la pócima salvadora y fundamentalmente tóxica y letal que pasa en su recorrido hacia la muerte por varias etapas:
A) Ataraxia: búsqueda de la ausencia de turbulencia.
B) Anestesia: tratar de lograr la insensibilidad para bloquear el dolor.
C) Eutanasia: llegar a terminar con la vida.
El término de la vida puede ser un accidente multiorgánico ligado a una sobredosis o el suceder de una lógica de ausentarse del mundo de una vez por todas en su melancolía de falta de propósito existencial.
La desaparición final está ahí o el lento y doloroso tránsito hacia la demencia por los daños cerebrales que nos autoinfligimos con el consumo de drogas.