Espectáculos

Ada María Elflein, la cronista viajera de ‘La Prensa’ que rompió todos los esquemas

Una obra teatral rescata la figura de una periodista que fue pionera. Basada en una novela de Cynthia Cordi, Amancay Espíndola rescata en ‘Velado amor viajero’ el legado de la precursora del turismo aventura y profundiza en los desafíos de una mujer que, a principios del siglo XX, escribía en un cuarto sola, apartada de los hombres.

Más de cien años después, Ada María Elflein (1880-1919) vuelve a las páginas de La Prensa. Esta vez no lo hace para narrar sus crónicas de viaje, sino como parte de una reivindicación de la figura de esta gran escritora que rompió los moldes en una Argentina de principios del siglo XX, época que no solía dejar espacio para las mujeres fuera de sus casas.
Pionera del turismo de aventura, ella organizaba viajes junto a sus amigas que luego se convertían en narraciones que invitaban a los argentinos, y especialmente a las mujeres, a recorrer el territorio nacional. Durante quince años publicó sus relatos en este diario, donde combinaba geografía, historia y un profundo amor por la naturaleza con una pluma destacada.

VANGUARDISTA
Considerada la ‘madrina’ de las viajeras argentinas, también redactó ensayos, cuentos y poesías. Fue la primera mujer nombrada miembro de la Academia Nacional de Periodismo y ahora parte de su historia llegará al teatro cuando mañana se estrene ‘Velado amor viajero’, escrita y dirigida por Amancay Espíndola.
Se trata de una versión libre de la novela ‘Dos palabras’, de Cynthia Cordi. “Está escrita sobre una investigación que hizo ella a partir de los libros escritos por Ada María Elflein, las crónicas y los cuentos, y su vida. Un capítulo es el pensamiento de ella y otro es el de la mujer que la acompañó en todos sus viajes, que es Mary Kenny, una maestra sanjuanina”, explica Espíndola sobre la puesta de la obra que podrá verse los sábados a las 18 en el teatro El Popular (Chile 2080).
“La novela está muy poéticamente escrita y yo quería conservar eso en los diálogos. Obviamente, leí también los libros de Ada; sus crónicas de viaje son largas descripciones de paisajes con una importante carga emocional porque ella es hija de inmigrantes alemanes, pero profundamente enamorada de su país, lo recorrió entero a través de los trenes que existían en ese momento. Sus padres, a pesar de que eran de clase media, le brindaron una gran formación, estuvo pupila en colegios y hablaba cinco idiomas”, explica Espíndola sobre la primera cronista de viajes que tuvo la Argentina.
Ese es, quizás, su título más indiscutido, porque nadie antes que ella había relatado los paisajes de nuestro país de esa manera. “Ella llega a La Prensa recomendada por Bartolomé Mitre en una época muy crucial porque era la posguerra en Europa. Hasta ahí llegaban las crónicas de viaje desde allá, la prensa se alimentaba de eso, pero cuando esos relatos cesan, aquí entra Ada para hacer sus crónicas, pero para que se conozca el país y para que las mujeres especialmente se animen a viajar solas sin que estén esperando que un marido o un padre las lleve. Fue pionera en el sentido de animarse a viajar”.
Por aquellos años, Ada trabajaba en un cuartito sola, apartada de sus compañeros hombres, marcando la distancia que imponía la época.

AVENTURAS
Si bien iba en tren, después el recorrido para llegar a algunos lugares era a lomo de mula, a caballo, o en carro, no le importaba cómo fuera con tal de llegar a puntos que quería conocer. “Son descripciones tan amorosas de sus viajes, que digamos que me enamoré de esa historia y la obra se llama ‘Velado amor viajero’ porque no está explicito en la novela qué es lo que pasa entre ella y Mary Kenny; está hasta oculto en sus pensamientos y yo quería trasladar esto a la obra, decirlo y no decirlo; prácticamente no está en los textos, está en las acciones de las actrices”.
Para Espíndola, el teatro hace que se vuelva prácticamente imposible ocultarlo por completo. “Están los cuerpos de las actrices, las miradas, la intención de lo que se dice”, explica. Aunque el vínculo entre los personajes nunca se manifiesta de forma explícita. “No se tocan jamás”, señala. El subtexto emerge en escena, cargado de poesía y de deseo contenido.
En distintas escenas, las protagonistas comparten momentos de intimidad donde conversan sobre feminismo, recuerdan a Alfonsina Storni -con la que Elflein no se llevaba bien-, fuman, tocan la guitarra o bailan.
Con esta puesta, la figura de Ada María Elflein vuelve a ganar protagonismo, pero esta vez explorando una faceta un poco menos conocida en la que su mundo afectivo ya no tiene que ser velado y su vida abre nuevos interrogantes.