Carisma le sobra. Sonríe, hace chistes, arenga como en una cancha de fútbol. Es la hermana Verónica, quien posiblemente se transforme en la nueva estrella de la gastronomía televisiva. A partir de este lunes a las 18 será el centro de un programa que lleva su nombre y que se vincula directamente con otra monja, la recordada hermana Bernarda, ya fallecida, quien tuvo su propio show televisivo durante varios años por la misma señal.
Durante el lanzamiento del ciclo, realizado en el Monasterio de Santa Catalina -pleno centro porteño-, intentó, aunque sin éxito, que un grupo de periodistas cantara canciones de cancha en plena presentación de su programa. Es fanática de River, según confiesa.
Pero no sólo eso, también tiene matrícula de electricista, cocina desde chica y asegura que “a los que nos gusta mucho comer, tenemos la obligación de aprender a cocinar”.
Con algunos pantallazos del programa, se puede inferir que tanto la religiosa como sus compañeros la pasaron muy bien durante las grabaciones. Incluso, algunos ya apuestan también por la hermana Úrsula, una monjita mayor y encantadora que aparecerá preparando pan integral y que promete robarse más de una sonrisa.
“Hice el casting, pero no esperaba de ninguna manera que me llamaran”, contó durante la presentación del ciclo. “En una reunión de Zoom me dijeron: ‘Hermana Verónica, estás invitada a grabar una serie en El Gourmet’ y quedé de una pieza. Todavía no lo puedo creer”.
La experiencia televisiva, dice, fue tan intensa como divertida. “Fue fantástico, maravilloso, una experiencia única en mi vida. Grabábamos desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde y nos divertimos muchísimo”, relató.
El ciclo -grabado en su totalidad en el Convento de las Hermanas Benedictinas Misioneras de Tutzing, también conocido como Monasterio de la Epifanía- constará de 20 episodios con 60 recetas simples, abundantes y muy caseras, atravesadas por charlas, anécdotas y un clima entrañable.
La elección de esta comunidad religiosa tiene además un valor simbólico especial ya que las hermanas estuvieron históricamente vinculadas a la cocina de Los Toldos y a los inicios televisivos de la emblemática Hermana Bernarda, en una suerte de continuidad generacional dentro de la cocina conventual televisada.
“De gourmet no tengo nada y de chef tampoco, soy simplemente una hermana que cocina rico”, resume entre risas. Según cuenta, su vínculo con la cocina nació, por puro placer gastronómico.
“Las recetas que preparo vienen en gran parte de la tradición familiar heredada de mis padres y mi abuela, aunque dentro de la congregación también incorporé sabores internacionales. Las hermanitas son muy exigentes”, bromea.
A la hora de elegir su plato preferido, sin dudas elige la sopa paraguaya. “Es sencilla y me sale muy rica”, explica.
El programa combinará clásicos argentinos -como ñoquis de papa, empanadas de carne, bombas de papa, tortas fritas o budín tricolor- con platos del mundo aprendidos de otras hermanas de la congregación, entre ellos porotos al modo brasileño, chicken adobo filipino o panqueques coreanos de vegetales.
Verónica recordó los nervios de los primeros días frente a cámara. “El primer programa fue un poquito más duro, estaba más contenida”, dijo entre risas. “Pero después ya arrancó mejor. Además los camarógrafos y la producción estaban todo el tiempo haciendo bromas. El productor iba poniendo música según lo que hablábamos. Era una locura”.
La cámara, finalmente, terminó enamorándose de ella y hoy, incluso, ya se anima a hablar de una eventual segunda temporada. “Por supuesto”, respondió sin dudar cuando le preguntaron si volvería a hacerlo.
Su plato predilecto: la sopa paraguaya

La sopa paraguaya es, según suele contar la propia hermana Verónica, el plato que más disfruta preparar y también uno de los que mejor representa la cocina afectiva y familiar que busca transmitir en su programa. “Es una receta simple, contundente y muy de compartir”, suele decir la religiosa, que aprendió a cocinarla a partir de las preparaciones heredadas de su familia y luego la fue perfeccionando dentro de la comunidad benedictina.
La receta comienza rehogando lentamente tres cebollas grandes en manteca hasta que queden tiernas y transparentes, casi dulces. En un bowl aparte se baten cinco huevos con medio litro de leche y luego se incorpora la cebolla cocida. A esa mezcla se le agregan 500 gramos de harina de maíz y 500 gramos de queso criollo o queso fresco desmenuzado, condimentando con sal y pimienta. La preparación debe quedar húmeda, espesa y bien cargada de queso. Finalmente se vuelca en una fuente enmantecada y se cocina en horno medio durante unos 40 o 50 minutos, hasta que la superficie quede dorada y apenas crocante.
El resultado es una de las recetas más emblemáticas de la cocina paraguaya y del litoral argentino: sabrosa, humilde y perfecta para comer caliente o tibia, sola o acompañando carnes y guisos.