Abel Pintos cantó y encantó en el Luna Park, ante un público respetuoso que lo quiere
Un artista que supo madurar
La columna vertebral del recital es el repertorio de su último disco, "Sueño dorado", que reúne, a su vez, temas de los dos álbumes anteriores: "La llave" y "Reevolución".
Abel Pintos en el Luna Park. Músicos: Marcelo Pedracino, Ariel Pintos, Alfredo Hernández, Norberto Córdoba, Claudio Di Cicco. En el Luna Park. Repite mañana y el domingo.
Se percibía desde hace tiempo que el de Abel Pintos era un fenómeno en ciernes. Desde su salto al conocimiento público, siendo aún preadolescente, hasta este presente con frescos 29 años, el crédito de Ingeniero White trabajó duro, se formó, se lanzó a escribir y fue absorbiendo lo mejor de cada uno de los grandes músicos y cantantes (Mercedes Sosa, León Gieco) que vieron en él a un futuro gran artista.
Fruto de esa maduración, y gracias a una humildad que no parece pose, Pintos alcanzó el rango de ídolo popular: agotó varios teatros Opera en octubre e hilvanó nada menos que doscientos shows por todo el país durante el verano. El ritual de la comunión con su público se repitió el último fin de semana, esta vez en el porteño Luna Park (quedan dos funciones, mañana y el domingo).
La columna vertebral del recital es el repertorio de su último disco, "Sueño dorado", que reúne, a su vez, temas de los dos álbumes anteriores: "La llave" y "Reevolución". Así, Pintos abre la noche con tres de esos temas que a esta altura corean todos, antes de saludar y presentar la canción que co-escribió con su hermano Ariel y que da título a su última placa.
PEREGRINO
El espíritu del disco, que fuera grabado en vivo en la ciudad sagrada de los Quilmes, en la provincia de Tucumán, hace ya un año, se manifiesta en distintos momentos a través de la iconografía que inunda las dos grandes pantallas que presiden la escena.
Abel canta "Cactus", el tema de Ceratti, y pareciera que el tiempo se detiene. Con "La llave", ascendido al escalafón de "hit", ocurre algo similar. Planta bandera contra la trata de personas, retribuye gentilezas y regala bendiciones. Tal vez por la serenidad y el íntimo regocijo que el músico transmite en todo momento, sus fans son una suerte de rara avis. Exultantes pero nunca desbordadas, no profieren alaridos ni corren por los pasillos para conseguir una foto. Parecen haber aprendido cuál es el mejor momento para manifestar su devoción al artista.
La noche del debut, los invitados especiales fueron dos figuras de gran incidencia en la carrera del cantante: Raúl Lavié (el primero que trajo a Buenos Aires un casete con una grabación de Pintos) y Gieco, que lo hizo grabar y se convirtió en su padrino. Con el primero, Abel cantó a dúo el tango "Nada", en una impensada, bella incursión en el dos por cuatro. Más tarde, y antes de emprender la recta final, convocó a Gieco para "Canta". Fue el mismo Gieco el que subió una torta con velita cuando el reloj marcó la medianoche. Pintos cumplía años y la fiesta tenía un nuevo justificativo. Público de todas las edades cantó y bailó, en el cierre de una noche plena de emociones.
Foto 3:
Pintos cumplió años sobre el escenario. Lo saludaron Gieco y Raúl Lavié.
