Mirador político

Ruido de guadaña

Mientras siguen lloviendo escándalos que van desde la compra de futbolistas hasta el alquiler de rompehielos, Diana Conti profetizó que Amado Boudou sería un digno sucesor de Cristina Fernández. Como no hubo un cable inmediato de Télam para desmentirla y el ex piquetero `ultra K'  Edgardo Depetri también avaló la idea, un sindicalista que apostó sus fichas a la Presidenta, Omar Viviani, salió rápido a pedir internas en el peronismo para decidir a quién tiene que votar en 2015.
Estas declaraciones de personajes de reparto no tendrían ninguna relevancia si no aparecieran en un preceso de declinación del kirchnerismo. No son pocos quienes creen que el 27 de octubre por la noche el sueño de `Cristina eterna' se habrá esfumado por un magro resultado electoral y la totalidad de los dirigentes oficialistas largarán la carrera para buscarle un reemplazante.
Bajo esas circunstancias sospechan también que la mejor jugada `K' sería la designación de un candidato perdedor para 2015. Si ganase un hombre que dispusiese de la estructura del PJ, el retorno kirchnerista resultaría imposible. Boudou aparece por lo tanto la opción ideal para garantizar la derrota, según la totalidad de las encuestas conocidas. Cabe recordar que Carlos Menem jugó en contra de Eduardo Duhalde en el 99 y que después del fracaso de la Alianza ganó la primera vuelta de las elecciones de 2003.
Todas estas parecen martingalas, pero no lo es tanto la preparación de lo que cada vez suena más como una retirada. Hoy en el Senado se aprobar una ley de blanqueo que tiene todo el aspecto de una autoamnistía, porque no sirve para otra cosa que para ingresar al circuito legal dinero sin preguntar de dónde viene.
Si a esto se añade la sanción de la llamada reforma judicial, que pondrá a los jueces en manos del kirchnerismo por al menos los próximos dos años, el gambito para evitar las investigaciones estar completo. La atmósfera de cierre de un ciclo y la toma medidas precautorias hablan el mismo idioma.
Más elocuente aún en ese sentido es la negativa a tomar medidas de fondo para reordenar una economía que muestra disfunciones graves. El gobierno `K' destruyó por motivos electorales las ventajas macroeconómicas que había recibido tras el brutal ajuste duhaldista y ahora se niega a rectificar los errores, porque confía que tendrá que hacerlo su sucesor como ocurrió con Fernando de la Rúa después de la irresponsable fiesta menemista.
Con la economía estancada, una inflación del 25% anual, un atraso cambiario que destruye la competitividad, un déficit de alrededor del 5 puntos del PBI financiado con emisión, tarifas atrasadas, subsidios al consumo energético ya impagables, pérdida de reservas e inversión en retroceso, la respuesta de cualquier gobierno serían un plan económico integral para restablecer el equilibrio perdido. Como es obvio, nada se arregla con una devaluación, si no se la aplica en el contexto de un reordenamiento del gasto público y una baja del déficit. Pero eso no ocurrirá, porque todos los dirigentes buscan transferir a otro el costo de decirle a la gente que la fiesta terminó. La actual Presidenta, también.