MAURO ROSALES PARTICIPO EN LOS DOS TANTOS Y TERMINO SIENDO LA FIGURA

River ganó sin sobrarle nada, una historia ya conocida

El conjunto de Diego Simeone le ganó a Central con goles de Tuzzio y Ríos sobre el final de un partido al que no le encontró la vuelta. El equipo de Simeone deberá mejorar si pretende repetir el título.

POR GASTON DOMINGUEZ

 

El 2-0 es el peor resultado. Tal vez, ésa sea la patraña más enorme y menos consistente de todas las que nutren el siempre vilipendiado manual del futbolero argentino. Sus acérrimos defensores arguyen que si un equipo va ganando con ese margen y le descuentan, no pasará mucho tiempo hasta que le empaten. La teoría, por supuesto, carece de sustento experimental. Un absurdo ejemplo revelará enseguida lo falaz del razonamiento: si durante dos días hubo sol y al tercero llueve, al cuarto llueve también. ¡Una estupidez!

Abordada la cuestión general, se pasará a analizar el caso particular, extendido en el tiempo. Se aplicará esta curiosa teoría tanto en el pasado como en el futuro, tanto a un equipo como al otro, tanto de manera afirmativa como interrogativa...

El 2-0 fue el peor resultado (para Central). El engaño del marcador es tal que ni el golazo de Ríos después de la pared con Rosales puede ocultar lo que evidenció el partido durante más de 89 minutos. Sin jugadores desequilibrantes, sin pruritos a la hora de revolearla, sin creatividad aunque sea para aprovechar errores, el final era una inexorable igualdad sin goles, destinada al más oculto de los arcones del más viejo y mugriento de los sótanos. Si alguien lo pretende menos poético y más futbolístico, el de ayer no fue un River-Central por la segunda fecha del Apertura: fue un amistoso entre Luján y Dock Sud.

Es cierto que en el primer tiempo River fue un poco (sólo un poco) más. Pero eso no implica que haya merecido el triunfo. De hecho, en esa etapa inicial ni siquiera pudo disponer de una chance netamente clara (más allá de una palomita de Rosales sobre el final). Ferrari se asemejó a los automóviles de la marca de su apellido. ¿Por su velocidad? No, porque se mostró y se mostró y se mostró, pero nadie se animó a acercársele, como si le pudieran hacer algún rayoncito... Rosales, espinoso, inquietó por la banda derecha y hasta se tiró al centro, pero al fin y al cabo le faltaron lo que lo transforman en lo que es: las flores (el uruguayo, cuando entró, hizo sapo). Y así jugó River, esperando que el pie de Abelairas se iluminara o la pelota diera de casualidad en la cabeza del debutante Salcedo y por esto de la suerte del principiante terminara en el arco de Broun.

Por eso el 2-0 fue el peor resultado para Central. Porque pese a que fue superado de arranque, en el complemento se animó un poquito más, consiguió con Zarif lo que no había logrado con Danelon, los González pudieron entrar en contacto con la pelota y, cuando quedó expuesto, apareció Ribonetto para despejar cualquier riesgoso acercamiento. En ese panorama, no extrañó que hasta el primer gol de River temiera aparecer. Si después de ese cabezazo de Tuzzio, manotazo de Broun, travesaño y cuerpo del uno, la pelota entró como pidiendo permiso, como creyendo que un gol en semejante bodrio era inevitablemente un pecado mortal...

¿El 2-0 será el peor resultado (para River)? Dicen que es mejor corregir errores cuando se gana. Otra teoría de esas incomprobables. Sin embargo, un empate no hubiera encendido una, sino dos señales de alarma en el Cholo Simeone y su cuerpo técnico, que se verían obligados a replantear esquemas (al entrenador le encanta) y probar variantes incluso desde los nombres. Ahora, la victoria...

La victoria puede darle esa sensación de invencibilidad (del tipo ""gané jugando mal, cuando juegue bien será baile"") que nunca es bien ponderada. Quedará en River aprender de lo que pasó. Porque nadie duda de que el 2-0 es un excelente resultado... si al partido siguiente se repite.