¿Podrá desarrollarse Latinoamérica?

Para crecer con independencia de los atribulados países centrales, la región debe atender tres grandes fallas: cultivar un fuerte sistema de partidos, producir con valor agregado y fomentar la movilidad social.

POR WALTER MOLANO *

Mientras el planeta observa la implosión del mundo desarrollado bajo el enorme peso de sus deudas y déficit fiscales, muchos se preguntan si América latina podrá distanciarse y desarrollarse por su cuenta. Un recorrido por el continente confirma que ninguna de las preocupaciones que afectan a Europa y Estados Unidos son visibles en América latina. El nivel de desempleo está en mínimos récord, hay un auge del crédito y una sensación general de prosperidad. ¿Podrá ser la alborada de una nueva América latina?

Es claro que la región no sufrirá en la misma magnitud que sus vecinos del norte. Sin embargo, se trata de un fenómeno temporario. América latina siempre dependerá del resto del mundo y será vulnerable a los cambios en los mercados internacionales, a menos que emprenda tres cambios importantes. De lo contrario, la región saldrá de cada auge económico con una horrible borrachera.

El primer cambio es la formación de un sólido sistema de partidos políticos. Hay un tesoro de literatura académica que detalla la importancia de los partidos políticos para articular intereses dentro de las sociedades. Lo interesante es que los países latinoamericanos con los más fuertes sistemas de partidos, Chile, México y Brasil, son los que tienen los mayores niveles de estabilidad política y económica. Los países sin sistemas de partidos, Venezuela y Ecuador, son los menos estables. Es irónico que el BID y el Banco Mundial, que gastan miles de millones de dólares en fortalecer instituciones sociales en América latina, casi no le presten atención a la importancia de los partidos políticos. Debe existir la preocupación de que parte de los fondos lleguen a grupos políticos no que están totalmente alineados con los intereses norteamericanos o europeos.

LA DEPENDENCIA

El segundo cambio es volver a concentrarse en la producción con valor agregado. Es un tema que fue tratado por primera vez hace más de un siglo por John A. Hobson y luego refinado por Lenin en su crítica al imperialismo. En los años "60, académicos como Raúl Prebisch y Fernando Henrique Cardoso lo usaron para desarrollar la teoría de la dependencia que explicaba por qué América latina estaba en constante estado de subdesarrollo.

La decisión de romper con la dependencia condujo en los años "70 a un período de industrialización con sustitución de importaciones. Lamentablemente, muchos países derrocharon miles de millones de dólares para fijar industrias inútiles que no tenían posibilidades de competir contra economías altamente desarrolladas. América latina necesita, en cambio, agregar más valor a las materias primas que ya produce, lo que permitiría un aumento en los márgenes, la acumulación de capital y la creación de puestos de trabajo mejor remunerados.

El problema es que el resto del planeta no permite que América latina lo haga. Las empresas norteamericanas, europeas y asiáticas prefieren importar materias primas latinoamericanas y procesarlas en productos terminados. China, por caso, no tiene restricciones a las importaciones de soja, pero impone aranceles astronómicamente altos a los porotos de soja procesados. Como la región está relegada a la producción de materias primas básicas, siempre será susceptible a los mínimos cambios externos y quedará condenada a las menores remuneraciones.

El tercer cambio es permitir una mayor movilidad social. Las sociedades latinoamericanas son sumamente conservadoras. Aunque el grado de movilidad varía, del Uruguay relativamente móvil al rígido sistema de castas de Bolivia, la región limita la capacidad de los individuos de subir y bajar socialmente, y esto impide la optimización de la fuerza laboral. También fomenta la frustración que se manifiesta en agitación social, inestabilidad política y delincuencia.

NO COMPETITIVOS

Aunque cada país latinoamericano padece los tres problemas en grados variables, el de la baja producción con valor agregado es el más común. Incluso en México, que está altamente industrializado, pocos de los procesos con valor agregado están en los sectores de la agricultura, la minería o la energía. La mayor parte de la actividad industrial del país se concentra en áreas que sólo son competitivas debido a normas laborales y ambientales más laxas. No es una característica que le permita desarrollar un modelo económico sustentable.

Lamentablemente, los defectos profundos de América existen hace siglos, y son producto del modelo de colonización. Con el fin de maximizar el control de grandes poblaciones indígenas, los monarcas españoles y portugueses usaron en las colonias estrictos sistemas de castas. Dieron a pequeños grupos de las elites peninsulares la responsabilidad directa de tomar todas las decisiones. Por último, el terco uso del mercantilismo subvirtió toda forma de industrialización. Esos tres legados aseguraron que América latina esté condenada a una eternidad de amaneceres con resaca.

* Economista de BCP Securities.