Mirador político

Nueve años después


La presidenta Cristina Fernández utilizó los festejos del 9 de julio para una autocelebración. Para que la multitud que le acercó el gobernador tucumano, José Alperovich, festejase su gestión y la de su desaparecido antecesor, Néstor Kirchner. Prácticamente no hizo mención a lo ocurrido en 1816 y redondeó su visión autorreferencial de la Argentina confundiendo a la patria con el modelo.

Otro aspecto central de su discurso fue el de aferrarse al pasado, una práctica que se acentúa a medida que crecen las dificultades en el presente. Con la economía que se frenó en seco, las turbulencias internacionales y las dudas sobre el futuro político, la jefa de Estado buscó una salida en la evocación del 9 de julio de 2003 (allí al parecer comienza la historia de la Argentina moderna) para medir el camino recorrido y felicitarse.

Las actuales condiciones no podrían, sin embargo, ser más distintas y menos auspiciosas que las de hace nueve años. Menos auspiciosas porque las condiciones que hicieron posible el crecimiento económico a tasas altísimas ya no existen. Peor aún, son casi las opuestas. La inflación ronda el 25%, el dólar es la mitad de competitivo que en 2003 y la industria ya no crece, sino que se contrae.

Además, la combinación de dólar bajo más alta inflación impulsa la fuga de capitales y las inversiones las hace el estado o no las hace casi hace nadie. Entre otras medidas poco felices la confiscación de YPF puso en duda para muchos empresarios la conveniencia de arriesgarse a hacer negocios bajo el kirchnerismo o esperar a que cambie el panorama político.

En Tucumán la presidenta insistió en que las dificultades que amenazan a la economía son producto de la crisis mundial o, dicho en sus palabras, de "un mundo dado vuelta". Eso, sin embargo, no refleja la verdadera situación. Hay dificultades por la falta de dólares como consecuencia de una cosecha más baja de lo calculado y por la desaceleración brasileña. A esto hay que agregar la decisión de pagar deuda con reservas a causa de las tasas brutales que debe pagar el gobierno si quiere acceder a algún crédito. Lo que se presenta como una virtud es, en realidad, una necesidad.

Existe, no obstante, una crisis internacional de fondo que no puede ignorarse. Pero hubo también crisis en 2008 tras la caida de Lehmann Brothers y de esa, sin embargo, el "modelo" de recuperó, algo que hoy parece lejano. Ya no hay AFJP para confiscar y los famosos "superavit gemelos" son un apenas un recuerdo. Las condiciones para lograr la reactivación mediante un aumento de la demanda, del consumo y del mejoramiento de los precios internos no resulta practicable. Ya está comenzando a hacerse carne la idea de que lo que se viene es una recesión larga, aunque sin crisis.

Contribuye al pesimismo, además, una circunstancia especialmente delicada: la política. La durísima embestida contra Daniel Scioli fue la respuesta a la afirmación pública del gobernador de que quiere anotarse en 2015 para suceder a la presidenta. Ese fue su pecado; adelantar las luchas sucesorias y exponer a una jefa política que no tiene posibilidad de reelecta a menos que reforme la Constitución, a un vaciamiento prematuro de poder.