Los estudios genéticos que previenen accidentes aéreos
Si bien una de las tareas del museo es poner a resguardo la historia de la naturaleza, en este tiempo
también tomó parte de dos proyectos que miran al futuro de la ciencia.
Uno es el proyecto global (GBIF), cuya siglas en inglés significan global biodiversity information facility. "Es un proyecto internacional que busca formar una base de datos donde esté todo lo colectado o identificado con su lugar, la época en que fue recogido y toda la información que posee’’, cuenta Tubaro.
El investigador indica que esta información va a permitir tener datos sobre distribución, apuntando a mejores evaluaciones sobre la diversidad de los lugares, y problemas de conservación de las especies.
"El país participa y el Museo lidera el proyecto a nivel nacional, lo que nos permitió empezar a informatizar los datos de las colecciones para poder ponerlos online’’.
El otro proyecto es el denominado iBOL (International Bar-cod of life project) que plantea obtener los códigos de barras genéticos de todas las especies del planeta.
"Identificar las especies es una tarea muy difícil para los expertos. Se estima que como máximo tras muchos años de trabajo puede identificar mil especies. En cambio con el proyecto iBOL todo cambia’’, destaca Tubaro.
El proyecto permite identificar las diversas especies a partir de la recolección genética de un segmento corto. "El museo hoy está liderando el proyecto en todo el país, y por ejemplo ya pudimos identificar el 75 por ciento de las
especies de aves, del 40 por ciento de las mariposas diurnas y de los peces marinos’’, dice el director.
Del proyecto participan la Argentina, Brasil, México, Canadá, la Unión Europea, Japón, China, entre otros. ‘‘El objetivo es llegar al año 2015 con cinco millones de secuencias de las 500 mil especies, de organismos de mayor importancia económica, sanitaria, de conservación. Es un tercio de todo lo que está descripto para la ciencia’’.
Actualmente el proyecto permitió registrar 200 mil especies con más de 2 millones de secuencias. "A partir de estas investigaciones se obtienen aplicaciones importantes", dice Tubaro.
Una de ellas es que se va a poder identificar la especie en cualquier momento de su ciclo de vida.‘‘ Actualmente si no está en su fase adulta casi nunca se puede clasificar’’.
También se podrán identificar ejemplares a partir de fragmentos. ‘‘Esto permite descubrir engaños, por ejemplo si una lata tiene el alimento realmente que dice la etiqueta’’.
Tubaro recuerda que a partir de estudios de este tipo se descubrió haciendo un estudio sobre sushi que se vendía en Nueva York, que el 60 por ciento de los ingredientes no correspondían con los que se anunciaba tenían estos bocadillos.
En la Argentina también gracias a esta clasificación ya se han hecho algunas pericias a instancias de la secretaría de Medio Ambiente, cuenta el investigador.
‘‘Estudiamos fragmentos de aves que aparecen tragadas por las turbinas de aviones cerca de Ezeiza y en algún caso pudimos saber que ejemplar era. Con esto se pueden tomar medidas para hacer inhóspito el ambiente
para esta especie y así ayudar a la seguridad aérea’’.
El tema de las aves es preocupación para la empresas aéreas. Tubaro recuerda que se descubrió gracias a un estudio genético de tejidos que el accidente de hace 3 años cuando un avión pudo aterrizar de emergencia en el Río Hudson en Nueva York, fue causado por un pelícano que se metió en la turbina de la aeronave.