Un volumen reunió catequesis sobre la oración del Santo Padre
Hay que aprender a rezar, recuerda un libro del Papa
El secretario de la Nunciatura Apostólica en la Argentina, monseñor Richard David Murphy, presentó el lunes en la Feria del Libro El hombre en oración, un libro que compila una serie de catequesis sobre el tema ofrecidas por el papa Benedicto XVI entre mayo y agosto pasados, y destacó el hecho de que la obra salga a la luz en el actual contexto de crisis de fe, en el que las referencias evangélicas de la sociedad van desapareciendo.
El padre Murphy, licenciado en teología fundamental, nacido en Solihull, cerca de Birmingham (Inglaterra), refiere que estas catequesis se inscriben en el intento del Santo Padre por ofrecer en sus audiencias de los miércoles una visión integral de la fe.
Explica que en este libro, publicado por la editorial Agape el mes pasado, el Papa "nos habla a través de su catecismo, nos brinda una enseñanza sobre la oración, que es continuación de su magistral exposición de las figuras de la fe, los apóstoles, los padres de la Iglesia y los santos".
"En esta enseñanza -dice- se juntan el corazón y la sencillez de un grandísimo pastor con la formidable inteligencia de un profesor alemán, una de las más brillantes mentes teológicas del último siglo".
Para este ciclo de catequesis, el Papa se inspira en la cuarta parte del Catecismo de la Iglesia católica, y más específicamente en la parte referida a la oración cristiana, según el secretario de la Nunciatura.
"A esta estructura, el Pontífice añade semana tras semana como un prefacio, una introducción a la oración como un fenómeno humano que se ha revelado a través de los siglos en culturas diversas", explica.
La invitación del Papa se debe a que, en sus propias palabras, "hace falta aprender a orar. Incluso quienes están muy adelantados en la vida espiritual tienen la necesidad de entrar en la escuela de Jesús para aprender a orar con autenticidad".
FENOMENO UNIVERSAL
Murphy indica que, en las primeras catequesis, el Papa plantea la oración como fenómeno universal, que no inventaron los cristianos ni tampoco el pueblo judío, sino que es "una herencia de toda la humanidad", y que "se manifiesta en diferentes culturas porque brota del corazón del hombre", para luego proponer un itinerario por las grandes tradiciones orantes: Egipto, Mesopotamia y la antigua Grecia.
Es una etapa donde "la oración surge del sufrimiento, del sentimiento de culpa que necesita un perdón, pero que aún en su búsqueda confusa reconoce la misericordia de Dios", dice Murphy. "La oración se va desarrollando de una visión utilitarista a algo más refinado", dice, y añade que "el primer gran paso es la toma de conciencia de la condición humana de dependencia, de criatura, que también es capaz de entrar en comunión con Dios".
Después, el Santo Padre invita a estudiar algo específico de la tradición judeo-cristiana con la intercesión de Abraham por las ciudades de Sodoma y Gomorra frente a la ira de Dios. "En este contexto, la palabra clave es la alianza entre un Dios que se revela y la humanidad que le responde", remarca.
"Abraham no teme volver a pedir a Dios hasta llegar al número diez. Qué consolación para el mundo saber que por un mínimo número de justos el Señor aplicará su misericordia", manifiesta el padre Murphy.
En su repaso por la obra, el padre Murphy menciona la intercesión de Moisés por los israelitas, que alababan al becerro de oro y que el Papa aprovecha para alertar que "la tentación de hacerse un Dios a la medida".
A esa catequesis le siguen una referida a la idolatría en tiempos del profeta Jeremías, y otras centradas en el salterio, libro que según el Papa tiene algo para todos: súplica, lamento y alabanza.
Luego quedan las catequesis del verano (boreal), que abordan el tema de la oración y el descanso, donde el Santo Padre invita a descubrir algún libro de la Biblia, a rumiar las lecturas, a meditar en el silencio, y las referidas a la importancia del arte y de la belleza como medio para acceder a Dios.
En su presentación, el padre Murphy destacó el éxito que tiene el Santo Padre con sus enseñanzas, algo que puede verse en las multitudes que convoca cada semana, y expresó "la inmensa fortuna de tener un pastor supremo que guía al rebaño con certeza y convicción en medio de un mundo tan contrario".