Una reseña de su último libro publicado

El espanto del encierro

En su vuelta a la narrativa breve, Carlos Fuentes presentó en Carolina Grau (Alfaguara, 177 páginas), una colección de ocho relatos breves que transitan entre lo real y lo fantástico articulados por la presencia continua al personaje femenino que da título a la obra. La ofrece una estructura versátil que permite leer los ocho cuentos como historias autónomas.

"El carcelero tiene su carcelero y éste al suyo y así al infinito. Tú y yo somos los eslabones finales de una larga cadena de sumisiones. Así está ordenado el mundo, mi joven amigo. ¿Hay otra salida?", asegura el protagonista de "El prisionero del castillo de If".

La cuestión recurrente en este relato y otros que integran el libro es la del encarcelamiento en todas sus variantes. Tras "El prisionero del castillo de If" el siguiente relato es "Brillante", la historia de un niño que se apodera de la voz del padre muerto y sigue "El hijo pródigo", donde un joven abandona la ciudad y llega a una aldea donde lo reciben con un entusiasmo que al principio no comprende.

Otros cuentos son "Olmeca", en el que Cristóbal de Olmedo deserta de las tropas de Hernán Cortés, encuentra a una indígena a quien bautiza como Carolina Grau y con quien se adentra en un templo azteca y "La tumba de Leopardi", sobre el hijo deforme de un aristócrata con el que acabará el linaje y que buscará a su amada en los espejos

Los tres últimos relatos son "Salamandra", la única historia narrada en primera persona por Carolina Grau, "El arquitecto del castillo de If", donde el arquitecto erige la prisión únicamente para él y para su amada, y finalmente "El dueño de la casa", en el que un individuo se queda solo en su casa, abre las seis puertas que permanecen cerradas y la última le revela que en realidad él es el padre presentado en "Brillante".