Del modelo original no queda casi nada
Por Alejandro Caldarelli *
En la actualidad las condiciones macroeconómicas son diametralmente opuestas a las que existieron en la época del crecimiento a tasas Chinas. El aumento del nivel general de precios minorista se ubicaría entre el 25 y el 30% anual; ocho veces más que en 2003 (3,7%). El dólar, medido en términos reales (descontando la inflación acumulada) vale hoy la mitad que en 2003 (1,1 contra 2,1 pesos). La industria doméstica perdió protección y dejó de crecer en los primeros meses de este año. La percepción de atraso cambiario con alta inflación genera una fuerte fuga de capitales, que sólo es detenida con la prohibición de comprar dólares (corralito verde).
Sin embargo, la fuerte intervención oficial genera un desdoblamiento del tipo de cambio con una brecha que en la actualidad asciende a 35%. En este marco, las expectativas de depreciación aumentan y potencian las proyecciones de aceleración inflacionaria. El círculo vicioso y la caída del consumo y la inversión se potencian. De esta manera, la construcción (otro puntal del modelo) también se enfría y el nivel de actividad general se desacelera.
Este deterioro del crecimiento ya se siente en la recaudación, que en mayo creció nominalmente al 20%, suponiendo una caída en términos reales cuando descontamos la inflación. Las finanzas del Sector Público Nacional se deterioran y el déficit primario nacional ascendería ya al 1,0% del PBI en 2012. Este deterioro fiscal se traslada y acrecienta en la esfera provincial, que a nivel consolidado tendría un resultado global negativo del 1.4% del PBI.
Paralelamente, el mundo juega a favor con mucha menos fuerza que en los años anteriores. Este comportamiento del mundo sumado a la fuga de capitales doméstica conduce a un déficit del sector externo y pérdida de reservas, que se busca minimizar con las trabas comerciales. En pocas palabras, ya no hay superávit fiscal ni de cuenta corriente, por lo que el BCRA no acumula más reservas. Para peor, se financia al Tesoro con emisión y se paga deuda con reservas, deteriorando la relación reservas / base monetaria, que cayó 63 puntos porcentuales entre 2009 (149%) y 2012 (86%).
Una tasa de crecimiento en torno al 2% podría ponernos enfrente del mayor riesgo: la suba de la tasa de desempleo. Un aumento del desempleo con alta inflación conduciría a una caída del salario real y a un menor nivel de actividad, retroalimentando el círculo vicioso.
En pocas palabras, el modelo ya no tiene las condiciones macro que lo sustentaron originalmente. Es imperioso atacar la inflación e implementar políticas económicas más parecidas a los que se aplican en Brasil; Uruguay y Chile, que piensan más en un crecimiento sustentable de largo plazo que en maximizar el crecimiento presente.
* Director de la consultora Economía & Regiones.