Lo dice Carlos Fuentes en Inglaterra y antes de partir de vacaciones a su patria

"Cuando se hayan olvidado de Madonna ahí seguirá estando Homero"

En Londres el otoño se estrena como siempre: demasiado pronto. Corre viento y llueve de costado. Quizá por eso, el escritor mexicano decidió hacer sus valijas. Pero antes habló de la fama, de Chiapas, y de su hijo muerto.

Por Juan Ramón Iborra ABC Dos días después volaría hacia su país por escapar seis meses de la bruma británica, del crudo invierno europeo, al refugio acogedor y templado del sol azteca, al calorcillo de la polución de México D.F. Al encuentro con un acento necesario. Con su lengua, que es música que conoce y que le da palabras para armar historias. Las escribirá cada mañana, en primavera, a su regreso. Cuando los cafés abran sus terrazas en Convent Garden. Pero hay que huir de las ciudades con inviernos. Lo curioso es que la fecha coincidió con la concesión del Premio Nobel. -Tiene usted todos los premios. Y le falta uno. Más de una vez ha sonado en la lista del Nobel. -Sí. Ahora mismo estuve. -Pero no fue... -No, no... Los premios caen del cielo. Pero, como yo siempre he dicho: "Premio dado, ni Dios lo quita". Eso también es cierto. -Antes, el escritor era un ser accesible a una entrevista. Ahora, los más grandes, como un cantante, un actor, dependen de la promoción de un nuevo libro... -Por supuesto, sí. El escritor ya no es lo que era. Ni siquiera en América latina donde hemos sido estrellas durante tanto tiempo. Pero yo siempre digo, ¿pero qué somos al lado de Madonna o de Tom Cruise? Como personalidades públicas no existimos. La famosa frase de Warhol "todo el mundo tiene derecho a ser famoso durante 15 minutos", pues yo creo que a los escritores nos tocan dos, o cinco. Y a Madonna puede que le toquen los 15. Ahora, ¿cuál fama dura más? Ese es otro asunto. Cuando todo el mundo se haya olvidado de Madonna, ahí seguira el señor Homero. -Y nadie le pidió una entrevista. Ni a Cervantes. -No, no hay ninguna entrevista de Cervantes. -¿Sigue usted leyendo El Quijote en cada Semana Santa? -Claro que sí. ¡Claro que sí! -Dicho así, más parece una penitencia -No es una penitencia. Es como renovar mis votos literarios y mi fe en la literatura porque encuentro que cada lectura de "El Quijote" resulta ser nueva. No sé si soy un nuevo lector o si realmente redescubro el libro. LEYENDA DE CABALLERIA -¿Tanta vigencia puede encontrar en una leyenda de caballería del siglo XVII? -Yo creo que sí. Usted me pudo haber preguntado: ¿tendrá vigencia la radio una vez que llegó el cine? ¿La tendrá el cine una vez que llegó la televisión? O con el aparatito ese famoso, como se llame, Red, Internet y demás, ¿tendrán vigencia todas las formas anteriores? -¿Y qué se responde? -La siguen teniendo. Coexisten. Cambia un poco la composición de la audiencia, desde luego, pero sigue habiendo lectores. Y muchísimos. El efecto de la lectura siempre ha sido de filtración. Aunque sea una minoría la que lee, eso acaba por tener influencias que no se sospechan, en múltiples maneras. ¿Quién iba a decir que los descubrimientos formales del surrealismo, del cubismo, iban a acabar incorporados al mundo de los anuncios de finales de siglo XX?, ¿qué las técnicas narrativas de Joyce iban a servir para vender medias y calzoncillos y desodorantes? Pues sí. El arte funciona por un proceso de capilaridad. -Esa capilaridad se demuestra en usted, de quien se dice que aborda la literatura con una visión cinematográfica. -No sé, porque el hecho es que mis novelas son tan literarias que no funcionan para el cine. Cada vez que se ha intentado hacer una novela mía en cine, fracasa porque es un hecho verbal. Puramente verbal. Yo recuerdo conversaciones con Buñuel, en que me decía: "Caramba Carlos ¡cómo le envidio su habilidad verbal! Yo soy muy malo para escribir. Le escribo una carta a mi mamá y digo: "Querida madre te escribo para decirte que te estoy escribiendo. Te quiere tu hijo Luis". Quite usted la palabra y el mundo se derrumba. Creo que la palabra es el sostén del mundo. Mucho más que la imagen. UN PERIODISTA NIÑO -¿Cuándo descubre usted que su camino es la palabra? -¡Ay, muy pronto! Por muchos motivos. Yo escribía en una revista a los siete años de edad, cuando vivía en Washington, y la distribuía por los departamentos. Ya estaba pi