LA NUEVA CONDUCCION DEBERA ACTUAR CON AUDACIA SI QUIERE MANTENER SU PUÑO DE HIERRO SOBRE UN PAIS QUE MUTA A GRAN VELOCIDAD

China siente la presión de cambiar

Hay 150 millones de trabajadores sin derechos sociales y el país marcha a la cabeza en corrupción y destrucción del medio ambiente. Cruje el método paternalista de gobierno.

POR JASON SUBLER Y JOHN RUWITCH

Por más cuidadosos que sean los nuevos líderes chinos en su reforma de la segunda economía del mundo y su forma de gobierno, las presiones que habrán de acumularse en el próximo decenio posiblemente los pondrán frente a la necesidad de un gran cambio.

El presidente Xi Jinping y el primer ministro Li Keqiang fueron elegidos hace meses como los máximos líderes del partido Comunista en apenas la segunda vez que la entidad consiguió hacer una transición pacífica desde que tomó el poder en 1949.

Xi, un "príncipe heredero" hijo de un funcionario de alto rango, y Li, experto en política con formación de abogado, heredan una China que es más próspera y confiada, y con mucha más fuerza en la diplomacia y la economía que cuando hace diez años tomaron el timón sus predecesores, Hu Jintao y Wen Jiabao.

Pero también se enfrentan inmensas dificultades sociales, económicas y políticas, que si no administran con habilidad podrían sacudir al partido hasta la médula.

David Shambauh, director del programa de políticas sobre China de la estadounidense Universidad George Washington, opina que si los nuevos líderes carecen de visión, "podrían verse ante un XIX congreso del partido", una alusión al XVIII cónclave que el año pasado anunció a la nueva generación de conductores.

MAS EXIGENCIAS

Puede que sea una idea extrema, pero muchos expertos coinciden en que la nueva conducción tendrá que ser audaz en las reformas para mantener su puño de hierro sobre un país que cambia a gran velocidad.

Gracias al éxito del partido en presidir un rápido crecimiento económico que sacó de la pobreza a cientos de millones de personas, Xi, Li y sus subordinados se enfrentan a una población más exigente.

Los chinos del común tienen mucho de qué fastidiarse. Alrededor del 40% de los ríos del país están gravemente contaminados; China figura casi en el fondo de algunas clasificaciones sobre la corrupción, y cerca de 150 millones de trabajadores migrantes carecen de beneficios sociales en las ciudades porque no tienen derecho de residencia allí.

Esas estadísticas ilustran uno de los desafíos del ascenso de China. Si bien el crecimiento ha incentivado los ingresos, la mayor prosperidad empuja a más personas a ser menos tolerantes con los efectos colaterales, y con lo que algunos ven como un método paternalista de conducción.

"Al pueblo chino lo tratan como a niños. Lo escuchan un poco pero al final el que sabe lo que les conviene es papá", resumió Tony Saich, profesor de la Facultad de Gobierno de la Universidad de Harvard.

China es más próspera que hace un decenio, cuando Hu y Wen tomaron el poder, pero la busqueda de la prosperidad ensanchó drásticamente la diferencia entre ricos y pobres, para furia de muchos de sus ciudadanos.
Naciones Unidas indica que el 13% de los 1.300 millones de chinos viven con menos de un dólar con 25 centavos por día. Pero el país también tiene 2,7 millones de millonarios en dólares y 251 milmillonarios, sostiene el Hurun Report, una editorial que compila la lista de los chinos más opulentos.

QUE FASTIDIO

Los chinos del común están especialmente hartos con la riqueza acumulada por muchos miembros del partido. El tema nunca fue tan delicado como ahora, tras el escándalo que rodeó a Bo Xilai, el jefe del partido en Chongking, quien fue acusado de corrupción y abuso de poder. Las notas periodísticas del exterior que detallan la riqueza reunida por las familias de Wen y Xi también desataron protestas en Internet.

En el discurso que pronunció tras ser presentado como secretario general, Xi dijo que el partido debe enfrentar la corrupción. En su informe de despedida, Hu consideró que el tema es "de vida o muerte" para el partido.
La inquietud se percibe por igual entre los chinos del campo y la ciudad. Las protestas no dejan de crecer, ahora que la reintegración de China a la economía mundial en los últimos tres decenios significó que el país fuera barrido por la revolución tecnológica, y moderniza e invierte la mitad de sus ingresos nacionales en activos fijos, infraestructura y tecnología.

La capacidad de los chinos de enviar mensajes instantáneos, llevar blogs y tomar fotografías de manifestaciones sobre temas como la corrupción y la contaminación aumenta la presión sobre un partido decidido a dominar la información que circula dentro de las fronteras chinas.

El hilo que conecta lo bueno y lo malo -más prosperidad y mayor desigualdad, una clase media que crece y la corrupción que indigna- es el implacable crecimiento económico de China. Y eso mismo, según muchos economistas, está en duda.

SIN LUNA DE MIEL

La necesidad de reestructurar cómo China logra su crecimiento -realzando el consumo por encima de las inversiones o exportaciones- implicará grandes cambios de política como el relajamiento del dominio que ejercen las empresas estatales en muchos sectores.

"En esta coyuntura, si (los nuevos líderes) no se mueven rápido, las consecuencias serán claras e inmediatas"", alertó Daniel Rosen, economista y director del Grupo Rhodium, una consultora con sede en Nueva York. "El crecimiento del PBI se deteriorará de aquí a un año, y eso tendrá consecuencias. No creo que tengan siquiera un año de luna de miel", agregó.

El partido se ha ganado legitimidad entre una amplia franja de la población gracias al veloz crecimiento económico. Con todo, el avance ha caído por siete trimestres consecutivos y llegó al 7,4% en el período julio-septiembre. Si el crecimiento se debilitara más, el descontento aumentará.

Aunque la economía parece haber repuntado a corto plazo, los analistas presumen que a fines de este decenio el crecimiento estará más cerca del 5% que del 10%.

Algunos, tanto dentro como fuera de China, temen que para distraer la atención el gobierno apele al nacionalismo y al populismo que ya se exhibe en publicaciones en Twitter sobre las diputas territoriales en los mares del Sur y de la China oriental.

Para quienes impulsan la reforma política lo ideal sería que el conjunto de presiones convenza al partido de la necesidad del cambio, al menos porque más adelante ese cambio sería más difícil.

Que se multipliquen las voces de los chinos aliviará la rabia de algunos, a pesar de que tengan pocos recursos para protegerse de la característica arbitraria de un poder político sin limitaciones.

El problema es que los nuevos líderes nunca dieron indicios de desear la reforma política. Más bien en sentido contrario, la dirigencia china vio con alarma la primavera árabe y, antes de eso, el derrumbe de la Unión Soviética.

"La estabilidad tiene primacía sobre todo lo demás. Las amenazas a la estabilidad serán cortadas apenas broten", comentó una fuente vinculada a la dirigencia que pidió el anonimato para evitar repercusiones. En vista de la obsesión por la estabilidad y la tendencia a avanzar con cautela, podría precisarse de una crisis grave para que los dirigentes chinos aceleren el cambio.

En 1989 el amplio descontento político y económico combinado con la inspiración que llegaba de la ex Unión Soviética y de otras partes de Europa oriental, desató las protestas estudiantiles en Pekín, que fueron aplastadas, pero sólo después de activar un encendido debate en la cima del partido acerca de si debían aplicar una reforma política seria.

"Reconocen los problemas pero para que se precipite la acción algo tiene provocar un punto de inflexión", observó Damien Ma, analista en el Grupo Eurasia. Al final los instintos de supervivencia del partido podrían terminar por conducir a los cambios que se necesitan para mantener el rumbo del país, y garantizar que el partido se mantenga en el poder.

Ese instinto y la necesidad de adaptarse fueron resumidos por Bo Yibo, padre del caído en desgracia Bo Xilai y miembro de un grupo de funcionarios que pasaron de combatir como rebeldes en la guerra civil a gozar de un notable poder en las décadas de 1980 y 1990.

"Quien es líder de un país de 1.300 millones de habitantes siempre tiene que estar un paso adelante de ellos. Porque si no lo hace será pisoteado y después no podrá volver a levantarse", confió Bo a la fuente anónima.