La Prensa

Los superministros que sí hacen falta

Lo que hay que corregir antes de corregir la economía, finalmente resultado de la acción humana.

La pantomima con la que asumió Sergio Massa el Ministerio de Economía, su coordinada y remunerada consagración como superministro, la universal atención que se prestó a su asunción y las expectativas en las finanzas globales que despertó su designación, pueden haber hecho creer que no sólo eso de superministro era cierto, sino que la economía del país es un tema suficientemente excluyente como para justificar la designación de un superhéroe en el cargo. (Pese a la desmentida a la que se vio obligado el funcionario luego de darse cuenta de que se le había ido la mano con le estimulación periodística)

Sin embargo, hay otras áreas que harían imprescindible la designación de algún superfuncionario, de un paladín, un zar, un “intocable”, sin padrinos ni sponsors ni compromisos, que representase a toda la sociedad en ciertas áreas que son mucho más importante que el valor del dólar blue o el pago o default de la deuda interna, o de los bonos externos, o del ritmo inflacionario y al que no le importase nada más que el servicio que puede brindar al país, sin aspiraciones ni ambiciones políticas. 

La más obvia es sin duda la seguridad. Es hora de que cada jurisdicción tenga a alguien que la proteja y la defienda.  La sociedad tiene necesidad - y derecho – a vivir en paz y sin miedos ni violencia, cualquiera fuera su lugar de residencia, sus ideas o su condición socioeconómica. Ya ha sido suficientemente ofendida y amenazada por encubridores de muertes de fiscales, cómplices de delincuentes, operadores, ministras terroristas que directamente despenalizaron cualquier crimen. No tiene mucho sentido, ni ofrece ninguna esperanza, una sociedad donde se mata o hiere hasta a los niños, donde la policía está mal entrenada y criminalizada mientras los ladrones y asesinos o violadores están sueltos y gozan de leyes, tratados, o de la protección de organismos, entidades locales o trasnacionales, donde las mujeres son golpeadas, abusadas, maltratadas o simplemente no pueden transitar por la calle. Rosario es una exageración aberrante. Pero todo el país tiene latente ese mismo grado de violencia y de impunidad. Es hora de que alguien tome el mando. Es hora de que el país vuelva a ser vivible. Casi incomprensible que se haya llegado a la situación de hoy, no sólo de impunidad sino de permiso, de zona liberada generalizada, de menores usados o entrenados como soldaditos asesinos para que eludan cualquier pena. A veces se sospecha con razón que detrás de este imperio del delito y el crimen hay negocios, pactos, pagos, asociaciones ilícitas. También es posible. Como es igualmente posible atribuir el triunfo de la violencia y la muerte a alguna ideología trasnochada, o a algún plan macabro de disolución social o aun de soberanía. Sí es evidente que la ausencia del estado no es casualidad, ni es meramente incompetencia, ni es solamente la designación de figurones incapaces. También es posible colegir que los gobiernos cleptocráticos se justifican y se perdonan a sí mismos justificando y perdonando a su vez a ladrones y asesinos. 

El gran responsable

No hace falta demasiado esfuerzo intelectual para atribuir una culpa muy importante al peronismo en todos sus formatos de esta situación. Tanto sus políticas activas (pongámosle) cuando son gobierno, como sus políticas pasivas cuando son oposición se vienen sumando y convergiendo al desorden social sistémico, a la sociedad atemorizada y apichonada, buscando con temor feudalista la protección de sus amos políticos, como busca un choripán, un pancho o un plan. O directamente con coimas a la ciudadanía con planes inventados a favor de grupos de reivindicación de percepción genérica o cualquier otra cosa. 

La violencia en sus mil formas. Desde el asesinato masivo por negar vacunas a la población con argumentos dialécticos cuando se ocupa un carguito de favor en el gobierno, hasta el tiro cobarde, sorpresivo, inmerecido y siempre injusto a alguien que osa no dejarse robar. Para demostrar que no  se trata de un plan, de un proyecto de disolución social para someter con el terror, un gobierno serio, (perdón por soñar) debería designar un campeón, un Batman, si vale el símil, alguien que luchase legal, política, policial y penalmente para asegurar algo más importante que una tarifa, que un plan, que un puesto público, que una prebenda, que una licitación, que un cuaderno. Esto será entendido mucho más por quienes han perdido un ser querido en manos de un chorro, o de un borracho, o de un drogado. Por quienes temen por sus hijos, a veces victimarios a veces víctimas. Por los padres que no han visto volver a un hijo. O por quienes temen no verlo volver. Por quienes hoy mismo tienen un chico esperando por una operación en un hospital para reconstruirlo luego de un artero balazo. Esa Argentina simplemente no puede ser. Debe ser expulsada, rechazada, repudiada. Y con ella quienes la promuevan, consientan o usen. Ahí haría falta un superministro. 

Casi al mismo ritmo, pero más organizadamente, las mafias y el narco se han apoderado de los sectores más pobres y marginales de la sociedad. Un estado paralelo, un feudalismo latino, también consecuencia de la demagogia, del populismo, de la corrupción pequeña y la grande. Del delito del chiquitaje y del delito de los dirigentes. Del delito como salida laboral. Puede que, para algún fondo o algún banco o inversor internacional parezca menos dramático e importante este punto, porque no suele aparecer en las columnas del Excel, pero es otra corrupción, en el sentido delictivo y en el sentido de putrefacción, sobre la que se montan los políticos profesionales, con las que se somete al pueblo, con la que se financian campañas políticas y se enriquecen muchos. La columna ha calificado esta esclavitud masiva a que se somete a los sectores marginales como una traición del peronismo a la clase que juró defender, a sus creyentes, y sólo la usa como excusa para enriquecer a unos cuantos vivos mientras la embrutece, la somete y la entrega. ¿Dónde está el superministro para esto? Donde está el Elliot Ness argentino, dónde está el héroe, o mejor, ¿dónde está el mártir? Rosario de nuevo, cruzada por cicatrices de dolor, de muertes al voleo, de lucha de bandas, de enfrentamiento de jurisdicciones del estado y también de zonas reservadas y autoasignadas del delito. ¿Cuánto tardará en expandirse, en generalizarse? ¿O quizás está ocurriendo ya en silencio en muchas partes? ¿O no es la historia de cualquier villa? ¿O la chica violada o el chico al que le robaron las zapatillas a trompadas no saben quién fue el canalla y tienen miedo de decirlo? 

¿Cuál es la función principal del Estado? ¿Repartir subsidios y AUH o cuidar a la sociedad y ponerla a salvo de estas subordinaciones, de estas dependencias de la droga como vicio controlador y como fuente de dominación espuria y clandestina? ¿Quién defiende a su familia, señora? ¿Quién protege su casa, a sus hijas, su derecho a ser libre, su decencia, sus sueños sus esfuerzos y su futuro? ¿Quién defiende su derecho a optar? Y ¿dónde está el superministro? ¿Dónde está Bruce Willys?, como dice la clásica broma, si hubiera ganas de bromear. 

Ciudadanía asqueada

Ayer la ciudadanía se asqueó ante una decisión de la Administración Nacional de Parques –un hato de burócratas supernumerarios y sublimados sin poder ni valor legal alguno– que decidió declarar lugar sagrado mapuche al volcán Lanin y sus alrededores hasta el infinito. Decisión luego revertida pero sin impedir que se haya creado un irresponsable precedente que será usado contra la Nación. Otro agujero negro sin dueño ni responsable que padece la sociedad. Desde la Constitución de 1994, cuando varios coimeros empujaron el Pacto de Olivos que llevó a regalarle a Alfonsín su contrabando de Constitución Socialista, se introdujo subrepticiamente la resurrección del concepto de reivindicación territorial (que se había zanjado tras los pactos preexistentes que cita el preámbulo y muchas muertes) y peor aún, se abrió la puerta para incluir alegremente como originarios a los mapuches, que no solamente eran chilenos, sino que habían asesinado, sometido y desposeído de su identidad a la gran tribu realmente originaria del sur argentino, los tehuelches, identidad que los supuestos mapuoriginarios usurpan ahora para reivindicar su supuesto y falso origen nacional. Obviamente que hay un negocio sucio y corrupto de varios políticos en este movimiento. Pero hay un crimen de fondo. Un crimen de lesa patria.

Si se lee el proyecto de Constitución chilena, se garantiza en él a los mapuches la condición de nación, con lo que el avance del que el caso del volcán es sólo un pequeño paso es evidente. La intención de ampliar esa nación hacia el territorio argentino y defender luego ese concepto -con éxito- ante otras burocracias internacionales igualmente ideologizadas y corruptas. Exactamente el mismo criterio que quería imponer el terrorismo derrotado en batalla abierta en Tucumán en los años 70. No es un peligro imaginario, ni imaginado. Es un peligro cierto, nacido y criado en el peronismo. Y expandido y defendido por él. Basta leer el texto con que supuestamente se rectifica la imbecilidad (Pichetto dixit) cometida por el club de amigos de los maputruchos de la Administración de Parques. La similitud calcada del proyecto guerrillero (del que el peronismo actual cobija hijos y entenados) de crear un enclave y solicitar a la ONU la condición de territorio tomado por una fuerza disidente, al que increíblemente ese ente burocrático socialista otorga un estatus especial, sería suficiente motivo para que las tres ramas del Estado Nacional actuasen coordinadamente en defensa de la soberanía. No sólo el Ejecutivo y el Legislativo prohíjan con su silencio esta entrega, sino que la propia justicia guarda silencio, salvo una intervención que aún permite discutir ciertos aspectos de la incorporación de tratados internacionales, pero no da un cierre al tema. ¿Quién es el funcionario importante de cualquier rama del poder que defiende la integridad territorial? ¿Quién es el superministro designado para semejante tarea? ¿Quién es el campeón, el gladiador que se abrazará a los estudios y textos del gran Rodolfo Casamiquela y peleará por defender el suelo patrio?  Por el momento, el único superministro disponible está ocupado en determinar si el subsidio a las tarifas eléctricas se mantiene o no por encima de las 400 Kw de consumo. El peronismo no tiene ninguna intención de designarlo. La ciudadanía parece no prestar atención. 

Se habrá notado que todos los aspectos de fondo cubiertos hasta ahora tienen un correlato importante y está entrelazado con el accionar de la Justicia. Y aquí no se debe confundir las opiniones sobre su accionar con las barbaridades que ha espetado Cristina Kirchner, despropósitos sólo dirigidos a descalificar a sus jueces, licuarlos, amedrentarlos, reemplazarlos, obligarlos a negociar con ella y devaluarlos ante la sociedad. Tras hacer esa salvedad, es justo destacar la ausencia, morosidad, complicidad, lenidad, procrastinación, superficialidad, permisividad, garantismo aberrante, del sistema judicial, que ha tenido participación, o a veces que no ha tenido participación, en todos los temas hasta aquí abordados, y es socio cómplice en todas las falencias apuntadas. No solamente en la aplicación de la nefasta teoría Zaffaroni, preso de un comprensible odio juvenil a la policía y a la ley, sino en todas las liberaciones inconcebibles e inaceptables de asesinos, violadores y delincuentes aún hasta hoy, parte por causa de la corrupción multipartidaria, pero al mismo tiempo parte del permiso que todo gobierno cleptocrático extiende a sus colegas delincuentes de menor cuantía para que se le deje saquear en paz. También el silencio ha sido ruidoso en los casos de violencia del seudomapuchismo, las implicancias constitucionales de los tratados y la lucha antimafias que contó con su notoria ausencia. Ni siquiera los sistemas administrativos judiciales están seriamente modernizados para aplicar el expediente digital y los controles de velocidad procesal que permitiría, pese a todas las declaraciones que sostienen lo contrario. ¿Hay alguien a cargo de promover una mejor justicia, fuera de los miles de abogados del estado que se especializan en dejar caer los plazos procesales en favor de algún contratista o empresario prebendario? ¿Hay una especie de superministro que se dedique a promover la modernización, que se ocupe de la construcción de cárceles para evitar la excusa de que “no hay lugar para más presos”, que apele cada fallo, que ponga en evidencia las falencias y demoras evidentes? ¿Hay alguien que se ocupe de que un juicio no tome 10 años? ¿Sabe la sociedad que cualquiera de las causas contra la vicepresidente no tendrá fallo en firme en menos de ese tiempo? Cuando los bancos e inversores internacionales reclaman “seguridad jurídica”, ¿sólo se refieren al default y el incumplimiento de contratos? ¿Quién controla, coordina, empuja y promueve el cumplimiento del mayor contrato de todos, de la seguridad jurídica de la sociedad y de la seguridad sin aditamentos de la sociedad? ¿Quién es el motor de esta única reforma aceptable, imprescindibles y permitida de la justicia? ¿Quién es Catón? 

No hay democracia sin educación


Y para no seguir abundando, ¿quién será en este gobierno o en cualquier otro el Nicolás Avellaneda, el superministro de Educación de Sarmiento que empezó a construir el país, lo amalgamó y le creó oportunidades desde la educación? No hay democracia en serio, no hay justicia, no hay decencia, no hay eficiencia, no hay sociedad si no hay educación. El sistema sindical docente, que oscila entre el trotskismo y el peronismo según le convenga, ha sido funcional en destrozar el sistema educativo y triplicar su gasto sin ningún resultado. Con ello, ha sido facilitador de todos los males que aquí se describieron. Con ello, está garantizado el deterioro de la democracia, del bienestar y de la libertad misma. El individuo pasa a ser justamente esclavo de los políticos, de las mafias, (perdón la redundancia) de la droga y del desempleo, de la marginalidad. Deja de ser un ser social y se transforma en tribal o en esclavo. Sacarlo de ese camino de bestialización es una tarea impostergable y propende a un verdadero derecho humano elemental. Ahí deberían buscarse a los hombres providenciales, a los salvadores. Allí debería colocarse al mejor conductor, al mejor gestor. 

Este es una breve enumeración de los temas que importan. Que terminan conformando la acción humana, o sea la economía, en la magistral definición de von Mises. Nada funciona bien en lo económico sin esos ingredientes mágicos. Que nadie parece querer arriesgarse o animarse a propender. Tal vez cuando el superministro Massa termine su tarea de arreglar la economía, podría aplicar sus condiciones a resolver algunas de estas carencias de la sociedad, que la han sometido a la servidumbre, al miedo, el exilio y a la resignación. Tal vez pueda delegar parte de su actual tarea heroica en su vice, cuando se le permita elegirlo, y dedicarle algo de tiempo y esfuerzo al verdadero problema argentino. Que no es la economía. Es restablecer el derecho de la sociedad a vivir en su país en paz, con seguridad, soberanía y libertad.