miércoles, 19 de junio de 2013 I Buenos Aires, Argentina
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Economía
"El dólar competitivo no existe más"
24.08.2012 | Eduardo Curia explica como se acomodaron los argentinos a las nuevas restricciones. Se frenó la actividad, pero el esquema no sucumbe. Los efectos negativos de la inflación, las restricciones cambiarias y las trabas aduaneras. La paradoja del modelo: sustituir importaciones, pero rogar por las divisas que trae la soja.
Por Gustavo García
Como los viejos navíos, la economía cruje, pero sigue navegando. Han mermado los vientos de cola y ahora soplan cruzados, aunque el velamen continúa henchido y, al menos por el momento, no se vislumbran cambios en el derrotero trazado por el capitán. Hay quienes, además, creen que pronto las condiciones permitirán mantener nuevamente un rumbo tranquilo.
 
Eduardo Curia, economista de raigambre peronista, es un celoso defensor del tipo de cambio competitivo y el proceso de sustitución de importaciones. Por razones que bien explica, no comparte lo que él denomina como las fórmulas gubernamentales aplicadas a la macroeconomía. Y en la lista inscribe al control cambiario, las trabas aduaneras y la falta de un programa de metas inflacionarias, entre otros detalles.
 
-¿Se han naturalizado en la economía distorsiones como el control cambiario, las trabas a las importaciones y la inflación crónica?
 
-En rigor, la economía no es que sufre una destrucción ni sucumbe. Lo que ha habido es un proceso de fuerte desaceleración, que es indiscutible y perceptible, que también se registra en el tema del mercado laboral. Claro que no como destrucción masiva de empleo, sino como de una falta de creación de empleo adicional. Uno puede decir, el escenario podría haber sido peor.
 
-Hay algunos datos macro que hacen ruido.
 
-En junio, a nivel oficial, se habla de crecimiento cero en el interanual. Otros dicen que es menos tanto, pero siempre podría ser peor. Yo me enrolo en la postura de que se podría atisbar en el ciclo de negocios alguna mejoría, que tiene que ver con el tema Brasil. Pareciera haber señales de alguna retonificación en la economía brasileña. También está el tema de que las paritarias terminaron cerrándose, y eso vuelca sobre la economía cierto poder de compra. Por ahí está la comparativa del turismo interno, porque el año pasado estuvo el tema de las cenizas en el sur; el semiaguinaldo gastado en julio...
 
LINEA DE RESISTENCIA
 
-¿El Gobierno seguirá apostando fuerte a la dinámica del consumo interno?
 
-Claro, es como una línea de resistencia. Mientras la performance de la inversión, sobre todo en el segundo semestre, ha sido bastante degradada, el consumo es como un colchón. Con esos elementos, de confirmarse, podría perfilar cierta mejoría del ciclo de negocios. A esto hay que sumarle el tema de la soja.
 
-¿Cuánto pesa el precio récord de la soja en la mejora de la economía?
 
-Está la soja este año, y más aún las perspectivas para el año que viene. Si los precios se mantienen alto y no nos joroban con la sequía, si Dios es criollo, la cosecha gruesa, el maíz también puede dar, hay menos vencimientos de deuda, entonces es como que el ciclo de negocios podría andar. Se podría distender la cuestión de las divisas.
 
-¿Podrían relajarse los controles sobre el mercado cambiario?
 
-Y, en una de esas quizás hay un lapso problemático, finalizando septiembre y hasta abril, donde se produce una especie de brecha porque el tema sojero amaina o hay residuales. Entonces uno teme que pueda volver a sentirse con cierta dureza el tema cambiario en ese momento.
 
-Parecía que el avión había comenzado a caer, pero ahora está levantando la naríz. ¿Hay buena muñeca del Gobierno para la conducción?
 
-En rigor, el Gobierno hace lo suyo. No es algo que me satisface su política macroeconómica que practica el Gobierno, pero hay sus aportes. El tema del empleo tiene estas políticas que sostiene el tema de las suspensiones a las contribuciones, esto en algunas industrias está bastante claro, como en el rubro textil. La mezcla monetaria y fiscal es una política de cierta expansión. Da la impresión que la expansión es menor que el año pasado, pero también cayó la recaudación. Como decantación el déficit va a ser mayor. Hay una pretensión relativa anticíclica.
 
A TROCHE Y MOCHE
 
-¿Estamos viendo intervencionismo estatal en la economía o capacidad del Gobierno para desarrollar políticas macro?
 
-Hay una intención de hacer política macro, pero yo tengo diferencias. No porque el tema me preocupe, la cuestión de la intervención, soy un tipo que discute bastante las fórmulas. Discrepo con el tema del racionamiento de divisas a troche y moche, aplicado al control de capitales, control del comercio exterior, controles en cuenta corriente. No es porque me ahuyente la intervención estatal o la sustitución de importaciones, de la cual soy celoso defensor. Me parece que esta fórmula es una contención medio promiscua de dólares, porque está el tema del dólar barato.
 
-¿Se resignó el tipo de cambio competitivo?
 
-Eso ya no existe más. No hay atisbos de que pueda suceder otra cosa. La apreciación parece tener curso en el tiempo. Mi discusión es sobre la manera de encarar la intervención. A la postre se da esta paradoja: estamos cayendo sin darnos cuenta en un esquema donde le agradecemos las divisas a la soja. Si profundizáramos el análisis podría decirse que es como bailar con la llamada Enfermedad Holandesa. Es decir, es un commoditie que nos da divisas, mientras que el sector industrial tiene el tipo de cambio con problemas de rentabilidad. Dependerá de los paliativos y los amparos que pueda darle el Gobierno. Claro que cuando luego hay problemas para importar equipos, aún a los sectores amparados les es difícil producir.
 
-El Gobierno alienta la política de sustitución de importaciones. ¿Qué le está faltando para ser realmente exitosa?
 
-Veo que no hay estrictamente una política orgánica, son como improntus. Está la intención y se la enarbola, y hay algunos casos en los que se producen avances. Este tema mismo del racionamiento de divisas en el comercio exterior, tan ruda e indiscriminada, cuando uno analiza las experiencias fructíferas y consolidadas, como China, Malasia, Corea del Sur y Japón en su momento, había temas de factibilidad, plazos. Había que limitar importaciones que eran competitivas a la producción que se quería proteger, pero al mismo tiempo se sabía que se habilitaban importaciones.
 
-¿Se requiere una política más flexible?
 
-En el mundo trasnacionalizado en que estamos, el análisis del balance es complejo. Uno no puede decir que quizás porque hace algo en un rubro de bien final, esté mejorando automáticamente el balance de divisas. Requiere cálculos sofisticados. Querer hacer sustitución de importaciones y a su vez exportar mañana en forma orgánica arrastrando la hipoteca del dólar barato, es un tema que se las trae. Por eso terminamos prendiéndole velitas a la soja y todos somos prosojeros. Es una paradoja.
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