lunes, 20 de mayo de 2013 I Buenos Aires, Argentina
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Economía
LA PROLIFERACION DE SISTEMAS TECNIFICADOS FAVORECE ERRORES CATASTROFICOS EN EL MUNDO DE LAS FINANZAS
Una economía que olvidó al ser humano
19.08.2012 |
POR WALTER MOLANO *
 
Hechos recientes han puesto de manifiesto el papel de la tecnología en la industria financiera. El desarrollo tecnológico llevó a la humanidad a una relación diferente con el entorno. Al principio las sociedades trataban de comprender su situación básica. ¿Cuál era el vínculo entre la naturaleza y el hombre? La gente apelaba a explicaciones religiosas para situarse en su ambiente. Con el avance del tiempo y del conocimiento, la humanidad empezó a desarrollar una ciencia para dominar su entorno, y fue capaz de contrarrestar los caprichos de la naturaleza mediante el uso de técnicas agrícolas, de riego y medicinales.
 
El dominio de la naturaleza a través de la ciencia provocaría la respuesta del romanticismo, cuyos escritores y artistas detallaron los peligros intrínsecos de enfrentarse al destino. Goethe, Shelley y Nietzsche sondearon en las consecuencias de la ciencia y de la búsqueda irrestricta del conocimiento. Sin embargo, la sociedad siguió adelante en su impulso hacia la revolución industrial y los horrores de la guerra mecanizada. En el siglo XX las nuevas tecnologías permitieron que las sociedades mejoraran sus comunicaciones gracias al transporte y el procesamiento de datos.
 
HUIR DE LA REALIDAD
 
Ahora el camino va en un nuevo rumbo. Los increíbles avances en tecnología informática habilitan a la humanidad a desvincularse de la realidad y a desarrollar una nueva interfaz con la naturaleza. Ya no se trata de entender o dominar el entorno, ahora es cuestión de separarse de la naturaleza y reemplazarla por algoritmos que prescriben una realidad ficticia. Lamentablemente, ello está creando nuevos problemas que debemos atender.
 
Vivimos en un mundo virtual que se proyecta en nuestras vidas a través de formatos como Facebook, las consolas X-Box o Bloomberg. Ellos aportan el contenido informativo que fija nuestro mundo, nos conectan a través de vastas distancias y nos mantienen físicamente alejados. Esa realidad sintética nos permite trabajar a distancia desde una playa desierta del Caribe o tratar con zombies que lucen asombrosamente reales. Esos cambios, empero, exceden el entretenimiento y las comunicaciones pedestres.
 
La desvinculación de la realidad también nos quita los instintos básicos para reaccionar a estímulos externos. Hace tres años un Airbus 330 de Air France atravesaba el Atlántico. Dos tripulantes jóvenes estaban al mando cuando ocurrió un defecto catastrófico en el sistema de tubos pitot que incorporan los datos para calcular velocidad, altitud y ángulo de vuelo. Cuando el avión se trabó la tripulación quiso mantener la altitud, lo que agravó el problema y llevó a la aeronave a hundirse en el mar. Aunque los pilotos tenían buen entrenamiento, gran parte de su capacitación la habían hecho en simuladores de vuelo, artefactos refinados que no reemplazan la realidad.
 
Cualquier piloto experimentado con muchas horas de vuelo habría reconocido las condiciones estáticas de la aeronave y habría reaccionado bajando la nariz y recobrando velocidad. La tripulación habría estabilizado el aparato y entonces podría haber ayudado a resolver el problema. Lamentablemente, nuestro entorno virtual no nos prepara plenamente para el conjunto infinito de cosas que pueden suceder. Los programas de computación no pueden calcular suficientes algoritmos para atender todos los factores que pueden salir mal. De ahí que ni personas ni máquinas sepan cómo reaccionar cuando las cosas no salen según el guión.
 
Lo mismo pasa con las finanzas y la economía. El uso de nuevas tecnologías y de modelos informáticos condujo a una completa disociación de la realidad y de los incontables trucos que nos puede jugar la naturaleza humana. La proliferación de nuevas técnicas que llevó a la creación de productos sintéticos y derivados no fue capaz de responder adecuadamente al colapso financiero de 2008. Los nuevos programas de transacciones comerciales pueden terminar abrumados por los caprichos de la vida cotidiana.
 
Por otra parte ha habido una desintermediación del proceso de préstamos. Los banqueros ya no juzgan a los posibles prestatarios en virtud de su caracter. Ahora confían en mediciones que pueden manipularse fácilmente. Por eso hay relatos de innumerables fraudes perpetrados por personas que ciertamente no habrían recibido ni un centavo en los comienzos de los bancos de inversiones. Asimismo los economistas perdieron la idea de que estudian seres humanos. La ciega dependencia de fórmulas, series de datos y procesos matemáticos llevó a la profesión a desvincularse del hecho de que estudia comportamientos humanos básicos. El énfasis en velocidades y multiplicadores elimina las cualidades del caracter humano.
 
Por eso se cometen tantos errores. Así como los pilotos que se entrenan en simuladores pueden no estar preparados para cuando pierdan un solo instrumento de vuelo, los banqueros de inversiones y economistas tecnificados están perpetrando errores que causan miles de millones de dólares en innecesarias pérdidas y privaciones humanas. Por eso deberíamos obedecer las advertencias de los románticos sobre el peligro de la tecnología y cultivar un mayor respeto por la naturaleza.
 
* Economista de BCP Securities.
 
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