Por Germán Fermo *
La crisis europea ya se comió a cinco líderes: Papandreu en Grecia; Zapatero en España; Berlusconi en Italia; Mark Rutte presentó su renuncia en Holanda con su Reina debiendo convocar elecciones anticipadas para septiembre de este año; y ahora a un Sarkozy en Francia que aparentemente perdería con claridad en segunda vuelta contra su opositor político Hollande.
En especial, la aparente derrota del presidente francés amenaza el equilibrio político que caracterizó a la Unión Europea desde el inicio de la crisis. El pacto implícito que reinaba entre Alemania y Francia era muy sencillo: si Francia apoyaba los planes de austeridad exigidos por Alemania a cambio de una Alemania aceptando a un Banco Central Europeo emitiendo grandes cantidades de dinero para estabilizar a los bancos, el acuerdo cerraba. Y cuando Francia y Alemania cierran un acuerdo, por ahora al menos, el resto de la Unión Europea parecería no oponerse.
El problema es que si Hollande gana las elecciones en Francia podría haber un sustancial vuelco respecto a las medidas que hasta el momento se habían adoptado a través del Merkozy (Merkel + Sarkozy). Lo cierto es que la columna vertebral del intento de resolución de la crisis de deuda en Europa se basa en fuertes planes de recortes de gastos en varios de los países miembros de la Unión Europea y precisamente estos acuerdos están teniendo serias oposiciones por parte de las ciudadanías europeas como ya es el caso de España, Holanda, Francia y veremos qué pasa con las elecciones en Grecia.
PROYECTO EURO
En el nacimiento de la Unión Europea, habíase escuchado en repetidas ocasiones el concepto de convergencia. En esos tiempos de euforia cuando nacía el proyecto Euro se pensaba que toda Europa finalmente convergería a su pilar más productivo, Alemania, sin siquiera plantearse en esos tiempos de que en realidad el concepto de convergencia opera simétricamente: el resto de Europa podía converger a Alemania pero también podía darse el caso contrario, es decir Alemania convergiendo a la Europa PIIGS por ejemplo. Obviamente, también existía un tercer escenario del que nadie quería hablar en esos tiempos, el de la divergencia, convirtiendo a una Alemania aun más fuerte en términos relativos.
Lo cierto es que al inicio de esta crisis a mediados del 2007 esa convergencia se estaba dando en un indicador clave del mercado: las yields a diez años en España y Alemania por citar un ejemplo. Desde junio del 2007 hasta febrero del 2008, ambas yields cotizaban virtualmente en forma idéntica en torno al 4,50% con un spread entre España y Alemania de casi el 0%. Sin embargo, a partir de esa fecha comenzó una divergencia en yields que no paró más: la de España en la actualidad cotiza en 5,80% vs. una Alemania en 1,80%, resultando en un spread del 4%. Recordemos que la yield de un bono mide el retorno que el mercado le exige a ese bono resultando en el principal indicador de riesgo país.
En un aspecto muy relacionado, los Seguros por Riesgo de Default (Credit Default Swaps) están actualmente descontando una probabilidad de default acumulada a cinco años para España del 35% contra una Alemania en 7%.
Los mercados de acciones también muestran una clarísima divergencia: desde junio del 2007 el IBEX Español retrocedió 54% contra un DAX Alemán que sólo cayó un 18%. Si este análisis lo hiciésemos para Italia los resultados serían similares y si por ejemplo los efectuásemos para Grecia serían muchísimo peores.
Es bajo esta óptica de convergencia asegurada que se instaló el concepto de moneda única y es precisamente ese concepto el que actualmente está asfixiando a España. La Eurozona, compuesta por 17 países muy heterogéneos, tiene al euro como tipo de cambio único. Para aquellos países con productividades relativamente bajas, España por ejemplo, el euro está tan caro que las pérdidas de competitividad y consecuente desempleo han sido altísimas.
Otros con productividades relativamente altas como Alemania, por ejemplo, muestran una significativa fortaleza económica dentro de una Unión Europea caracterizada por un alto desempleo y heterogeneidad superando el mismo el 10% contra un Estados Unidos en 8%.
EL VIEJO TRUCO
Si países como España, Italia, Grecia y Portugal pudiesen devaluar, seguramente lo hubieran hecho. El euro es para estos países un grado de libertad menos que les ha sacado quizá la herramienta más eficiente que hubiesen necesitado para lucharle a esta crisis: la monetaria. España, dada su productividad relativa, es cara respecto a Alemania dentro de Europa y respecto a Asia fuera de Europa; la devaluación hubiese sido una forma rápida de oxigenar su economía a través de ganancias en competitividad. Obviamente, todo este estrés macroeconómico resulta por la sencilla razón de que la convergencia en productividad no ocurrió nunca, ni siquiera hubo indicios de que se hubiese iniciado.
La productividad es un factor sumamente importante en la determinación del tipo de cambio: en general cuando un país tiene elevada productividad su moneda tiende a apreciarse y por el contrario, a baja productividad se deprecia. En la Eurozona este concepto es especialmente importante dado que tiene 17 países con productividades y realidades muy diferentes, todos forzados a un mismo tipo de cambio para defender el Proyecto Euro que al menos hoy ya tiene muchísimos interrogantes respecto a su aceptabilidad social.
En última instancia la supervivencia de un sistema político y económico en el largo plazo depende de que su ciudadanía evidencie mejoras en sus estándares de vida. Surgen una serie de preguntas en este respecto. ¿Está mejor la ciudadanía de una Europa PIIGS con un sistema que la fuerza a vivir como Alemania cuando nunca lo fue? ¿Tiene sentido que 16 países vivan al ritmo de uno solo?
* Ph.D. in Economics (UCLA) y director de la Maestría en Finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella.