POR WALTER MOLANO *
Con más de un billón de euros en fondos LTRO inyectados en el sistema financiero europeo, las preocupaciones acerca de un inminente colapso del euro se han desvanecido. El Banco Central Europeo (BCE) fue capaz de ganar algo de tiempo, pero los problemas que subyacen en el Viejo Continente no fueron resueltos.
Es cierto que varios de los nuevos gobiernos del sur de Europa están llevando a cabo importantes reformas económicas que abordan algunos de los desequilibrios fundamentales.
El avance más notable se está realizando en Italia, donde el primer ministro, Mario Monti, impulsa cambios fundamentales para incrementar la flexibilidad laboral y aumentar la competitividad de la economía italiana. Afortunadamente, en Italia el déficit fiscal y el déficit de cuenta corriente no son tan agudos como los de sus vecinos mediterráneos.
Este año, la meta de déficit fiscal es de 1,6% del PBI y el déficit de cuenta corriente es inferior al 4% del PBI. Sin embargo,la carga de la deuda pública es del 120% del PBI, extremadamente alta, y Roma tendrá que realizar enormes esfuerzos para estabilizar la economía.
Grecia también está avanzando con reformas dolorosas, que se establecieron como condición previa para su rescate. Sin embargo, hay serias preocupaciones de que Atenas no cumpla con sus promesas. Es muy probable que el mes próximo haya elecciones y la oposición podría desconocer algunas de las promesas.
Lo mismo está ocurriendo en España. Madrid no pudo cumplir el año pasado la meta de déficit fiscal del 6% del PBI; registrando un desequilibrio del 8,5%. La exigencia para este año es un déficit del 5,8%, pero el primer ministro español, Mariano Rajoy, anunció recientemente que esto sería imposible.
Afortunadamente, él está convencido de que va a llegar a un objetivo de déficit del 3% el próximo año. Por último, Irlanda convocó un referéndum nacional para ratificar el nuevo pacto fiscal. A cambio de algunas garantías de que las medidas serán aprobadas, Dublín está pidiendo un alivio adicional de la deuda de sus bancos en problemas. Por lo tanto, la situación en la región está lejos de tener color de rosa.
CON URGENCIA
El programa LTRO ha comprado tres años más, pero los líderes europeos necesitan con urgencia poner en práctica reformas radicales si quieren evitar el colapso de la unión monetaria. Hay muchos problemas que deben abordarse. Algunos países están al borde de la insolvencia y otros son fiscalmente incompetentes. Sin embargo, el mayor problema es la variación enorme en la competitividad.
Un paseo corto a través de la frontera española muestra claramente el problema. Francia es la imagen de la austeridad. Las calles están mal iluminadas. Los coches son más viejos. Los precios de las viviendas sigen cayendo. Mientras tanto, el lado español resplandece con las luces de neón. Una flota de coches nuevos atraviesalas carreteras. Trenes relucientes irrumpen en estaciones futuristas y los restaurantes están todavía llenos. Los españoles pueden quejarse de la falta de trabajo, pero la mayoría de ellos no están desempleados.
No hay ningún interés para reducir las demandas salariales o buscar trabajos peor remunerados. En otras palabras, a pesar de todas las quejas que emanan de Madrid, los españoles siguen viviendo más allá de sus medios. Esto contrasta con la oscuridad de las grandes ciudades alemanas, donde los trabajadores se han visto forzados a hacer frente a las duras realidades de la vida.
NO ES LA SOLUCION
El programa LTRO proporcionan liquidez, pero no era una solución definitiva. Por otra parte, la fuerte intervención estatal está creando problemas más profundos de la zona euro. El primer problema es que se está creando una clase de acreedores seniors, integrado por las instituciones multilaterales y los bancos centrales. Esto es claramente evidente en la reestructuración griega, por lo que los acreedores privados se vieron obligados a tragarse pérdidas excesivas a fin de que los prestamistas oficiales recuperaran todo.
El segundo problema es la abrogación de los derechos de propiedad básicos. Los burócratas europeos hanintroducido medidas que cambian las reglas de juego lesionando los derechos de los acreedores. La ratificación en Atenas de las retroactivas Cláusulas de Acción Colectiva (CAC), que reescribió la emisión de bonos, será algo que el mercado nunca olvidará.
Del mismo modo, la decisión de no invocar los Credit Default Swaps (CDS), a pesar de la flagrante violación de los contratos de bonos, significará la sentencia de muerte de la industria de protección del crédito. Todo esto dice que Europa podría limitar su acceso a los mercados internacionales de capital.
Las recientes subastas de bonos tuvieron un buen resultado en la mayor parte del continente, pero eso fue debido a que los bancos europeos estaban reciclando sus fondos LTRO. Sin embargo, el resto del planeta está mudando sus capitales a Estados Unidos y al mundo emergente donde hay más respeto por los derechos de propiedad.
* Economista del BCP Securities.