domingo, 26 de mayo de 2013 I Buenos Aires, Argentina
Enviar comentario Recomendar Imprimir Ampliar tamaño Reducir tamaño
Cultura
HECTOR TIZON MURIO EL 30 DE JULIO EN JUJUY A LOS OCHENTA Y DOS AÑOS
Escribir con la memoria
05.08.2012 | Es uno de los escritores argentinos más admirados y más respetados. Fue un hombre de conducta intachable, que creó obras que desafiarán el tiempo. Su ideario queda al descubierto en esta memorable entrevista.

POR JORGE BOCCANERA

 Destacado contador de historias, indagador del alma popular, Héctor Tizón, uno de los principales narradores argentinos, autor de "Fuego en Casabindo", "La casa y el viento" y "Luz de las crueles provincias", falleció el 30 de julio en su provincia, Jujuy, donde había nacido en 1929 y de la que sólo lo sacaron su trabajo como diplomático en México y un exilio de seis años en España en tiempos de la dictadura militar.

A propósito de esos años de destierro, le hice la entrevista que sigue.

- ¿Qué trabajos realizó fuera del país?

-Los que pude, escribiendo. Los de pala y pico, no, porque no soy habilidoso para eso, y porque ya no era tan joven.

-¿Cómo fue su vida cotidiana en el exterior?

-A menudo, en España, trataba de no dejarme atrapar por la nostalgia, la furia o el rencor. A menudo no lo logré, sobre todo en los primeros años, Luego, creo que sí. Llegó un momento en que sentí que mi estado de ánimo cambiaba; me otorgaron la ciudadanía española, pero en el fondo nunca me abandonó el ominoso sentimiento de que la vida estaba en otra parte, donde la había dejado, y que yo no podía convertirme en otro.

LA CARA OPUESTA

-Hábleme de la solidaridad y de la cara opuesta, la discriminación.

-Al llegar a España como exiliado, el cadáver de Franco estaba aún tibio y el dictador había tenido -a impulsos de su trasnochada y ridícula megalomanía imperial- una legislación de acogimiento a hispanoamericanos: se les daba un estatus semejante al del español nativo. Esto fue cambiando hasta endurecerse con el gobierno socialista por efectos de su política de trabar la inmigración de fuera de la Comunidad Europea. Ahí nació el mote de sudaca, como meteco.

-Con qué escritores se reunía en el exilio?

-En Madrid visité al escritor rumano Ventila Horia, del que rechazaba todo menos su calidad como escritor. Me regaló su novela "Dios nació en el exilio", una supuesta autobiografía de Ovidio que se inicia con esta línea: "Cierro los ojos para vivir". Nada de lo de afuera podía perturbar la tierra que había dejado atrás.

-¿Qué libros escribió en ese tiempo?

-Durante los años de España, entre 1976 y 1982, escribí un montón de basura alimentaria aunque también, creo yo, alguna cosa aceptable.

EXILIO PRESENTE

-Hay textos suyos, como "La casa y el viento" que se inscriben en ese tiempo, además de aludir al tema de las mudanzas.

-El exilio no sólo está presente en "La casa y el viento" y en "Luz de las crueles provincias", sino que me parece -ahora, en perspectiva- como una constante, una melodía que se va y regresa una y otra vez; por ejemplo en "El cantar del profeta y el bandido", en "El hombre que llegó a un pueblo" y en varios relatos el exilio está aludido de una manera u otra.

-¿Se escribe con la memoria?

-Sí, creo que los instrumentos esenciales de un escritor de ficciones son la memoria y el oído. Todo lo que un narrador necesita lo tiene en sí acumulado, sólo debe recordar, estar atento; en cuando al oído me refiero al registro del habla, para ser fiel -en su esencia, no en su mera reproducción- a la lengua: es decir, a la materia con que un escritor elabora sus historias, esto es lo principal.

-¿Cómo juega la oralidad de la gente en la respiración de su narrativa?

-Una persona se hace sujeto en la oralidad; desde ella construye su vida, elabora su estilo de ser y estar, creando un mundo complejo y desbordante, que se ahormará más tarde en el transcurso de la escritura. La experiencia que se transmite de boca en boca es la fuente de los narradores.

MIRAR Y ESCUCHAR

-Usted dijo una vez que era un voyeur del oído.

-Los más grandes narradores son aquellos que menos se apartan en sus textos de la forma de contar de los numerosos narradores anónimos. Todo lo que aprendimos aquí, al menos hasta mi generación, de lo esencial de la vida, nos lo transmitieron hablando.

-En uno de sus primeros cuentos, "Ligero y tibio como un sueño", el personaje regresa a su pueblo tras una larga ausencia y encuentra todo cambiado, ¿Cómo encontró usted su pueblo a su regreso?

-Si no recuerdo mal, en esa narración está todo cambiado menos lo esencial. Esto es lo que siento yo mismo cada vez que regreso después de una ausencia larga. El destino de un hombre es como un periplo: por lejos que ande, por más vueltas que se dé, siempre regresa a lo mismo. Todos somos Ulyses y tarde o temprano llegamos al mismo puerto.

-¿La nostalgia es uno de los ejes de su narrativa?

-A veces se tiene a la nostalgia como sinónimo de melancolía, pero es todo lo contrario. La melancolía en realidad es malhumor, está relacionada con la estupidez. La nostalgia es algo más noble y, como la misma palabra lo indica, significa dolor del regreso, dolor de regresar. Y esto sí, lo reconozco, estuvo presente en mí desde siempre, desde el día en que siendo niño abandoné mi casa en Yala para ir donde había escuela.

-¿A qué narradores contemporáneos se siente más cerca?

-Contemporáneo, como adjetivo, es equívoco. Me siento contemporáneo de Gogol y Melville. Pero a medida que los años transcurren se acelera el pasaje y nos vamos quedando solos de contemporáneos propiamente dichos. Si tuviese derecho a resumir en un par de nombres a mis escritores padres diría que Sarmiento, sobre todo en "Recuerdos de provincia", "Facundo" y "Viajes", y a Gogol en toda su obra.

 

Enviar comentario Recomendar Imprimir Ampliar tamaño Reducir tamaño
Ranking de notas
 Por sección Todas las secciones Comentadas Recomendadas