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Cultura
EL LAUREADO LEOPOLDO BRIZUELA LLAMO "UNA MISMA NOCHE" A SU NUEVA NOVELA
En busca de la memoria perdida
01.07.2012 | Publicada por Alfaguara -y ganadora del premio que otorga el sello- la obra parte de un recuerdo perturbador del protagonista, y apunta a crear cierta conciencia histórica en el lector.

La lectura de "Una misma noche", la novela de Leopoldo Brizuela -ganadora del premio Alfaguara- involucra al lector en un ejercicio de memoria del cual nadie sale indemne al poner en primer plano las reacciones ambiguas de una sociedad enfrentada al horror cotidiano de la dictadura militar.

Un asalto en una casa, situada en los lindes de La Plata, dispara el recuerdo perturbador de un hecho de las mismas características ocurrido más de treinta años atrás, una situación borrosa que el protagonista, un escritor, se empeña por visualizar por medio de la escritura de una novela.

Leopoldo Brizuela (La Plata, 1963) es autor de las novelas "Tejiendo agua" e "Inglaterra. Una fábula". Publicó también el libro de relatos "Los que llegamos más lejos" y el libro de poemas "Fado". Obtuvo las becas Gulbenkian de Lisboa, de la Fundación Antorchas y del Banff Center for the Arts. Recibió, entre otros, el premio Clarín de Novela y el Primer Premio Edelap de Cuento.

El confiesa que en la novela "hay una carga real más que autográfica" al referirse a esa trama ficcional que trata de recuperar lo que pasó cuando tenía doce años y una patota apareció en su barrio, en su casa, buscando a alguien. Un episodio que por medio de la escritura intenta salir del cono de sombras donde permaneció por mucho tiempo.

DESDE LO REAL

-Por lo que cuenta, la escritura parte de un hecho real.

-Hay una escena concreta cuando vino la patota a casa a hacer una requisa y lo único verdadero, verdadero de lo que escribo, es que yo toqué el piano y un tipo con una Itaka al lado, con mi vieja en la vereda y mi papá por ahí. No me la acordaba para nada y de golpe me vino a la cabeza. Y pienso que a lo mejor para eso está la literatura escrita o leída, para esa relación con la memoria. Me gusta la idea de que los lectores se peleen o dialoguen con este libro.

-Llama la atención el título "La repetición" con el que presenta la novela aunque después quedó "Una misma noche". Da la idea del tiempo como una convención, que treinta años no es nada.

-Exactamente, sí, no es la idea de que hay dos noches similares, es una misma. La idea de la repetición no era tanto por las dos noches sino por el mecanismo ese que te hace aprender -lo que me obsesionaba y obsesionaba al protagonista- aprender hasta que te olvidas que lo sabés, como tocar el piano.

-En el libro se establece una relación entre memoria y ficción como pistas. ¿Por qué?

-Son pistas tramposas como para que el lector se identifique más fácilmente con esa situación, pero después hay otras cosas que -creo yo- sólo se pueden encontrar con los elementos de una novela. Me acuerdo que mucho tiempo después de lo ocurrido escuché por primera vez la palabra desaparecido. ¿Cómo se contaba entonces ese relato? Y con respecto al presente donde creo que en el relato común solo se toleran las versiones heroicas de esa época. Me empecé a dar cuenta que poca gente habla de su miedo. El personaje se castiga mucho y lo llama cobardía, pero esto hay que interpretarlo.

LAS RELACIONES

-Usted dice al final que somos aquello que no podemos expresar en un relato, como que la ficción puede tocar eso insondable del ser humano.

-Me di cuenta de la revalorización de la memoria pero como bajándola de un pedestal. El personaje no puede recordar solo y está desesperado porque no puede hacer memoria. Cuando quiere recordar al padre en una escena, no sabe si es sueño o realidad. La novela se me ocurrió al explorar una situación, porque ningún escritor plantea voy a escribir algo sobre la dictadura. Uno se imagina que algo pasó de determinada manera y basta un dato de la realidad y te trastoca la memoria. Y creo que es muy esperanzador en medio de la tragedia. Podrá ser terrible, pero las versiones se pueden recrear y la memoria es una actividad del presente.

-¿La relación del hijo con el padre no actúa como un obturador de la memoria?

-Implica un mayor grado de desesperación porque el hijo al no saber si lo que vio es un sueño empieza a recordarse el mismo de una manera que no tolera. Los momentos de cobardía son difíciles de recordar y me interesaba ver que el personaje al recordarse a sí mismo fue mucho más difícil cuando ya no pasaba nada cruento, no como en 1976 cuando todavía era puro. Una hipótesis muy consciente de la novela es que no se puede recordar solo, te tienen que ayudar y contener. Yo quería presentar a la dictadura no como un huevo que salía de la nada, sino como algo que se instalaba con historia. Cuando llega la patota al barrio hay tres personas al menos que tienen posibilidad de reaccionar para un lado u otro.

"Un tipo que hubiera hecho la colimba, ¿cómo reaccionaba frente a la aparición de una patota? Esa pregunta me parecía importante de hacer. Mostrar ese lado, sacarlo a la luz y comprender que en una situación así no se sabe cuál puede ser la reacción", asegura Brizuela.

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