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Cultura
LA HISTORIA Y LA FILOSOFIA DEL SEPTIMO ARTE BAJO LA MIRADA DE ALEXANDER KLUGE
Mentor del nuevo cine alemán
05.09.2010 | El reciente libro del escritor y cineasta no sólo aporta un detallado análisis personal, sino que funciona como una suerte de enciclopedia con un intenso sesgo metafísico

El libro "120 historias de cine", del escritor y cineasta alemán Alexander Kluge, funciona como una enciclopedia desquiciada de intenso tono metafísico, construida sobre una lógica que avanza desde el cine mudo o primitivo hasta llegar a la TV.

Editado por Caja Negra en su primera versión al castellano, el volumen "es un objeto perfecto escrito como a la vuelta de casa", que puede abrirse (sin miedo) porque está cocido, con un margen para anotaciones y cuidadas fotos que envió el propio Kluge: "un lujo y un enorme acto de resistencia cultural", resumió durante su presentación en el Instituto Goethe, la escritora Gabriela Massuh.

CADA VEZ MAS CINE

La jornada compartida por los críticos David Oubiña y Pedro Rey, sirvió también de antesala al filme "Noticias de la Antigüedad Ideológica. Marx, Eisenstein, el capital", un trabajo monumental de Kluge cuya versión completa de quinientos setenta minutos se proyectó hasta el 29 de agosto en el porteño teatro San Martín.

Con catorce largometrajes, una treintena de cortos documentales y de ficción, casi tres mil programas culturales para la TV, cerca de cuatro mil páginas literarias y otras tantas en clave de ensayo, su obra constituye el inventario multimedia de un buceador de historias.

Ex asistente de Theodor Adorno y del cineasta Fritz Lang, en pocos años se erigió como padre del Nuevo Cine Alemán, un movimiento que revitalizó el cine de ese país y posibilitó el surgimiento de directores como Fassbinder, Werner Herzog y Wim Wenders.

Como en todos sus trabajos, a lo largo de las siete secciones que componen "120 historias del cine" Kluge -Halberstadt, 1932- transmuta forma y contenido, diluyendo las fronteras entre documentación y ficción, reportaje, narrativa y poética.

En estas páginas se refiere a su "principio cine", una especie de teorema con dos corolarios: "hay más cine del que uno puede ver en la pantalla y más cosas que hablan de cine que las que uno puede ver en una sala de proyección", explicó Oubiña.

VISION OPTIMISTA

La Tierra funcionando como un gran proyector y todas las películas de la humanidad orbitando en el universo como una especie de Aleph, son una de las obsesiones que atraviesan el libro entero.

Para Kluge hay cine en todas partes, "el cine es una matriz de sentido que le permite leer el mundo". Hay algo en esa relación que establece entre el cine y el cosmos muy interesante, "la idea de que la estrella que estamos viendo a millones de años de distancia puede no existir", y es en ese lugar donde arte, ciencia y tecnología forman una poética extraña y verosímil.

¿Verdad o documento? Sus personajes, sus historias, plantean un juego permanente con lo "verdadero o no", destacó Rey, una dualidad de la que gusta y se hace notoria en relatos como "La última función en la Cancillería del Tercer Reich".

Su visión optimista del cine -derivada del constructivismo ruso- se evidencia en esta suerte de "compendio klugeliano" que parece prever una continuidad del cine en los medios digitales.

En sus textos cuenta adaptaciones que tuvo que realizar de viejos lentes para trabajar con tecnología digital y anécdotas en las que cuenta sentirse como un druida que traslada el legado del celuloide a la electrónica.

Este intelectual tuvo una fuerte injerencia en las políticas cinematográficas de su país, abogado recibido con una tesis doctoral sobre la decadencia de las instituciones, redactó gran parte de la nueva ley de televisión que permitió a la tevé exhibir cine que ayudó económicamente a producir.

Así fue como se ganó el mote de "padre" de ese nuevo cine alemán, ya que esa ley le dio aire para generar a hoy reconocidos creadores como Wenders y Fassbinder.

Con un tono ligero y a veces trastornado, "120 historias del cine" trae a la mano del lector el universo de este "buceador de historias" y confirma uno de sus principales preceptos: la película no tiene lugar en la pantalla sino en la cabeza del espectador.


 

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