La Prensa

El VAR armó la grieta - versión A: El arma contra la trampa

El sistema de video quedó expuesto a la discusión en la Copa América y despertó simpatías y tempestades. Con errores, porque es una herramienta en desarrollo, permite dejar atrás la idea de que en el fútbol debe justificarse todo con el argumento de que la falla humana es parte del juego.

El VAR está matando al fútbol. La frase, tendenciosamente apocalíptica, ha sido vomitada por millones de hinchas (y varios otros con mayores responsabilidades que ser un mero simpatizante) en estos días de Copa América. ¿El argumento? Que quita toda la emoción propia del deporte, incluso (sobre todo) la del grito de gol.

Los números están a favor de esta postura. Por sólo dar un dato, en los cuartos de final hubo más goles anulados por el VAR que efectivamente anotados. Sólo hubo dos marcados (ambos por Argentina), mientras no se convalidaron cinco: dos de Chile frente a Colombia (off side y mano, respectivamente) y tres de Uruguay frente a Perú (todos por posición adelantada). Eso, sin contar los anulados a Brasil en la fase de grupos contra Venezuela.

El caso del gol de Aranguiz frente a Colombia es elocuente. Posición adelantada de Alexis Sánchez. Por milímetros. En el inicio de la jugada. Antes de tres cuartos de cancha. En un pase que iba desde el círculo central hacia afuera. Con dos habilitaciones posteriores. Y un rebote. Todo eso, antes de la definición. ¿Está bien anular un gol por un off side tan intrascendente? ¿Alguien cree que, tras semejantes vaivenes, Alexis Sánchez había tomado ventaja de su posición, cuando todos los colombianos habían retomado su línea defensiva y el propio atacante chileno hasta había hecho una pausa en el armado para esperar a que le picaran por la espalda? ¿No es demasiado? ¿No es ridículo callar a aquellos que gritaron con ansías el gol por este adelanto tecnológico? ¿No es antinatural para un juego tan popular y emocionante como el fútbol?

Definitivamente, no. Al fútbol lo estaban matando las injusticias. Lo acribillaban las polémicas. Lo fusilaban resultados determinados por errores arbitrales. Eso es lo que el VAR está corrigiendo. Con errores, por supuesto. Claro que es ilógico lo que sucedió en ese gol de Chile. Sobre todo, porque ni siquiera los cuatro defensores cafeteros, ubicados en línea, levantaron la mano pidiendo off side. Pero no por ello debemos renegar del sistema.

Ese es un punto para corregir y perfeccionar. No debieran revisarse todas las jugadas. Ni siquiera tendría que ser una potestad exclusivamente arbitral. Como en el vóley, el hockey o el tenis, es más productivo que sean los propios protagonistas los que soliciten la participación tecnológica. Incluso manifestando abiertamente qué infracción piden. De esa manera, lo que no se vio en la cancha no puede ser modificado por la tiranía de las cámaras.

Muchos de los que hoy sostienen que el VAR le está quitando picardía al juego son los mismos que alzan la voz cuando les ganan una final con un gol con la mano y despotrican contra el árbitro y las autoridades porque "les metieron la mano en el bolsillo". Así de contradictorios son. Se quejan de las trampas, pero ahora las avalan. ¿Es lógico creerles?

Este redactor es un mero defensor del resultadismo. Ganar es lo más importante. Que es distinto a ganar como sea. Ganar con trampa, no. Porque cualquier "picardía" antirreglamentaria es trampa. Y no caigan con el golpe bajo del gol de Diego a los ingleses. Porque ese sí se habría anulado. Pero ningún VAR hubiera podido ahogar el grito del segundo.

Ese es el camino. No hay que pensar que el VAR quita ese pequeño engaño o ventaja que un futbolista puede obtener por fuera del reglamento. ¿Por qué no creer que debe incentivar al jugador a realizar ese engaño o conseguir esa ventaja, pero dentro de las reglas? ¿Acaso no implicaría ello un crecimiento?

Para que quede claro. El VAR no vino a matar al fútbol. Vino a matar a los tramposos que, en nombre de la picardía y el engaño propios del juego, pretenden sostener una estructura podrida desde sus cimientos. Allá ellos.­