Lo que vendrá

CFK-Lula-Dilma: ¿tango?

Con mayor énfasis que nunca, tras el reciente paso por Buenos Aires del ex presidente Lula, el gobierno argentino cree que las tensiones en el seno del Mercosur, no serían para el país ciertamente problemáticas, al margen de varios aspectos de tipo comercial a los que considera "menores". ¿Esto es todo? 

Aquí, por caso, se reconoce el incordio de la construcción de una planta celulósica en el vecino Uruguay durante la gestión de Tabaré Vázquez, episodio que José Mujica, con proclamada paciencia estratégica, logró a su turno minimizar, aunque no sin algunas consecuencias atencionales negativas para nosotros, saldo tal vez asimilable al también claro aislamiento respecto del Paraguay.

Es verdad que, adicionalmente, Cristina celebra sus encuentros político-ideológicos con los ahora cuestionados conductores bolivarianos en términos de una imaginada simetría con Brasilia, supuestamente reforzada por el predecesor de Dilma Rousseff en suelo argentino. ¿Fue así?

Es cierto que el fundador del PT pareció sintonizar la longitud de onda de Cristina en orden a las necesidades de sus respectivos pueblos a través de formulaciones de un "deber ser" de carácter social, aunque con disparidad de ritmos y de resultados reales comprobables, dicho sea esto tras un cotejo exhaustivo de ambas experiencias que, por ejemplo, habla de 50 millones de brasileños abandonando la pobreza y de casi 13 millones de ciudadanos argentinos cuasi detenidos en condiciones bastante análogas a las del comienzo de la gestión K.

Si se alude, exclusivamente, a la ponderación del régimen de Caracas por parte de Itamaraty y de nuestra Cancillería, convendría detenernos menos en las aparentes lisonjas verbales, procurando -en cambio- desentrañar los por qué de las posturas de ese actor global que es Brasil en cotejo con la trabajosa realidad argentina.

En más de una ocasión hemos advertido que los "peteístas" apuntan a heredar la dispersión de fuerzas del bolivarianismo en su propio beneficio nacional, mientras el kirchnerismo parece privilegiar tanto lo puramente ideológico, en combinación con negocios -particulares y/o estatales- en nuestro caso, de tipo energético o de supuesta "filantropía" financiera. Toda una diferencia, entre muchas otras.

En un par de semanas, los máximos representantes del poder del país vecino bajo la impronta de un idéntico partido se pusieron en contacto con CFK desplegando arsenales argumentales que pueden parecer -tal vez sólo "parecer"- diferenciados y hasta supuestamente contradictorios.

Dilma habría desarrollado, ante nuestra jefa del Estado, algo análogo a una transcripción de las inquietudes del G-20 sobre las denunciadas transgresiones e inconsecuencias de Buenos Aires, por ejemplo, respecto de nuestros incumplimientos diplomáticos para frenar la belicosidad iraní.

Lula, por su parte, desplegó gestos y palabras que habrían sonado como música celestial en Olivos, en temas tales como el rol de los medios de comunicación y otras caracterizaciones opuestas a matrices de pensamiento de supuesta liberación. El admirado visitante -que pareció exhibir su incomodidad con cierta prensa por el reflejo público de supuestas transgresiones a la ética durante su administración- fue mucho más explícito en la condena a cualquier proceder con visos de "antipolítica" en cualquier campo: habló del peligro de los discursos objetivamente antisindicales y sostuvo también que "pueden no gustarte Dilma o Cristina", pero -sugirió- los señalamientos que eventualmente pueden concitar "deben marcar opciones políticas" (legalmente válidas, se entiende). Ambos brasileños, ¿bailaron con Ella tangos diferentes, o cada uno hizo, sin desentonar, el tango que le toca?