Siete días de política
Macri se perfila como el único opositor neto al kirchnerismo
Después de sufrir un fuerte desgaste a causa de las denuncias de corrupción el gobierno amagó con intervenir el Grupo Clarín. Macri le salió al cruce con un DNU en defensa de la prensa libre
La crisis de 2001 no sólo tuvo efectos económicos, sino también institucionales devastadores. Así como la economía nunca pudo recuperarse totalmente -persiste, por ejemplo, un 25% de pobreza-, la división de poderes quedó reducida a letra muerta y el sistema político está desaparecido. El oficialismo tiene todo el poder, los recursos y la iniciativa, mientras la oposición -dispersa y sin liderazgo- está lejos de cumplir con su papel de contrapeso al poder hiperconcentrado.
De allí que el gobierno sólo le tema al periodismo que no le disputa el poder en forma directa, pero que puede provocarle un daño irreparable. Eso ocurrió en las últimas semana con la difusión de una serie de investigaciones sobre corrupción que causaron un fuerte deterioro a la imagen presidencial registrado por todas las encuestas.
Simultáneamente con esta comprobación comenzaron a circular versiones de intervención a los medios denunciantes -del Grupo Clarín-, lo que hizo que el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, dictara un decreto de necesidad y urgencia para garantizar el ejercicio de la libertad de prensa en su jurisdicción.
Si se deja de lado el aspecto leguleyo del asunto, Macri demostró que todavía tiene reflejos y que está dispuesto a dar la batalla por la presidencia dentro de dos años. Fue el único que se enfrentó con Cristina Fernández, mientras quienes se supone que serán sus rivales más peligrosos, Daniel Scioli y Sergio Massa, guardaban silencio.
De cara a 2015 el número de dirigentes en condiciones de competir con posibilidades reales de éxito es muy reducido. Las encuestas señalan a Scioli, Massa, Macri y nadie más. Los radicales han desaparecido y Hermes Binner no remonta.
Scioli y Massa forman parte del oficialismo, aunque se han servido de los medios para difundir "gestos" opositores -ir, por ejemplo, a actos donde hay dirigentes anti "K"- pero que a la hora de la verdad no se transforman en decisiones. Esperan que el kirchnerismo se agote con el paso del tiempo y la imposibilidad de reelección, lo que les evitaría confrontar.
El jefe de gobierno porteño -que en un tiempo también evitó enfrentarse abiertamente al kirchnerismo- puede, en cambio, mostrarse como opositor neto, porque no depende del Tesoro Nacional para subsistir. Más zancadillas que las que ya le hizo la Casa Rosada, imposible.
Por eso con buen sentido de la oportunidad resolvió interponerse "entre dos gigantes" como él mismo los caracterizó, porque nada tenía para perder, sino para ganar: entre otras cosas la bandera de la cruzada antikirchnerista que hoy apoya mucho más de la mitad del padrón.
Sin embargo, no estará solo por mucho tiempo en esa situación. Se estima que la presidenta presionará al gobernador bonaerense y al intendente de Tigre para que formen parte de candidaturas "testimoniales", lo que equivale a comprometerlos de manera inequívoca con el gobierno. Para ambos el sometimiento a las órdenes presidenciales sería el fin de las maniobras para llegar al poder. Massa, según sus allegados, no aceptaría figurar en la boleta "K", Scioli es un misterio.
El plazo para las definiciones es, además, brevísimo. En menos de un mes cierra la presentación de alianzas y el 22 de junio vence el plazo para definir candidaturas. El misterio no durará demasiado.
Pero así como Scioli y Massa enfrentan dificultades objetivas para "blanquearse" como opositores porque pondrían en riesgo la gobernabilidad de sus distritos, Macri enfrenta el problema de la falta de estructura electoral. Intenta resolverlo con candidatos extrapartidarios y alianzas con peronistas "federales" o disidentes, pero enfrenta resistencias cada vez mayores, esto último, por falta de liderazgo.
El penúltimo capítulo de su pelea con Roberto Lavagna es una prueba de que a la oposición le cuesta organizarse alrededor del único candidato instalado del que dispone. Los ataques de Hugo Moyano y del propio Lavagna al macrismo ratifican que ese sector está lejos de representar un peligro para el gobierno. Otro tanto puede decirse de la denominada "centroizquierda", donde la falta de liderazgo ha hecho languidecer a Binner.
Pero esa fragmentación parece también llamada a ser pasajera. El 11 de agosto en las PASO quedará definido quien está en condiciones de disputarle el gobierno a la presidenta y si la década de poder hegemónico peronista se aproxima a su fin.