Para los K, la ecuación es clara: se trata de hacer todo cuanto sea necesario -por encima, incluso, de cualquier límite explícito- para conservar y acrecentar el poder hasta llegar a lo más parecido a lo absoluto. Está en su naturaleza. Se supo desde sus comienzos en la intendencia de Río Gallegos, y basta ver su desempeño de hoy.
Para quienes -en cambio- rechazan la sola posibilidad de la continuidad del poder "in eternum" por vías que contrarían la Constitución y la legitimidad de la ley, se trata de encarar, como un mandato irrenunciable, el intento de una clara distinción entre lo esencial y lo secundario. En tal caso, el bien a preservar no es el triunfo de una simple opción electoral, sino la continuidad de la República, sin la cual no habría libertad, ni Justicia, o crecimiento inversor, o de empleo real. Así pareció entenderlo una parte del peronismo disidente, reunido en Córdoba.
El sistema de valores enunciado como carencia inocultable no debería velar, añadimos, que no se ha reducido la situación real de vastos contingentes humanos condenados a la pobreza (aproximadamente 11 millones de personas) muchas de ellas sometidas a inaceptables vías clientelares. La justicia social, así, continúa pendiente. Es por eso que caen los K, más no el peronismo "in totum". ¿Y entonces?
No pocos dirigentes o analistas políticos parecen retomar hoy aquélla fallida aspiración de distintas variantes de la izquierda -y también de la derecha- que durante los años setenta sostenía que ""el que no cambia todo, no cambia nada"", rechazando ideas acuerdistas, o de simple diálogo. Actualmente, todavía hay recelos al respecto, abogando algunos por una seudo pureza principista cerrada.
¿Alcanzaría un armado como el sugerido desde la docta? Seguramente, no. Lo han dicho, hasta con alivio, desde el periodismo "militante": faltarían los que podrían juntar a los distintos peronismos frente a eventuales desencantos en el furgón oficialista (¿los Scioli y/o los Massa?) aunque Joaquín Morales Solá descarta al primero y parece apostar a la irrupción del segundo, supuestamente "divorciado" del hoy gobernador. ¿Un diseño divisionista objetivamente proclive a la Rosada, o mensaje urgente para el ocupante del sillón de Dardo Rocha? En algo aparentan coincidir ambos, con sus estilos e improntas incluidos: habría que ganarle al "tajo" K anti-unión nacional. ¿Lo harán? Por separado, no serviría, aunque falte poco.
Es igualmente verdad que, en muy buena medida, entre el no peronismo y el antiperonismo podrían darse nuevas vueltas de tuerca en aptitud de materializar una conjunción de factores con potencial igualmente fracturista, a contrapelo de la "cultura del encuentro" propiciada por el hoy papa Francisco desde sus tiempos de arzobispo de Buenos Aires.
Metafóricamente hablando, los en tal sentido "resistentes" cultivan capillas conceptuales diferentes, en un variopinto que podría exhibir tanto voces macristas de centro o del presunto progresismo del radicalismo y/o del socialismo adherente, abierta o solapadamente, a la conducción de Olivos. ¿No hay hendijas de luz para diseños opositores, genuinamente unitarios, tal vez por miedo al qué dirán?
Al parecer, algo empezó a ocurrir, y no exclusivamente entre supuestos actores con cierto peso, también en el pasado, del panperonismo (al estilo de Roberto Lavagna, de Hugo Moyano, de José De la Sota o del vencedor de NK en la lid del año 2009, el diputado De Narváez, hipotético nexo con el ex motonauta); también parecen moverse elevadas dosis de comprensión del teorema del "bien supremo a preservar" para frenar los intentos del puro hegemonismo., por ejemplo, con arreglo a la óptica de la ex ministra de Salud y hoy diputada nacional Graciela Ocaña quien, siendo crítica en varios aspectos de la gestión capitalina hoy define con claridad sus prioridades, ampliando extensamente el arco de sus alianzas. Considera que sin ganarle al kirchnerismo ahora, no habrá 2015 republicano.