Ficha técnica:
"Cenizas" (Wrecks), de Neil LaBute, en versión de Fernando Masllorens y Federico González del Pino. Dirección: Alejandro Tantanian. Escenografía y vestuario: Oria Puppo. Iluminación: Jorge Pastorino. Música: Diego Penelas. Actor: Patricio Contreras. Regina (Santa Fe 1235).
El norteamericano Neil LaBute es capaz de cuestionar la falsa moral o la hipocresía, con piezas, en las que sus protagonistas -por amor, o por odio-, se ganan el respeto, o el repudio de la sociedad en que viven.
Sus obras ejercen una extraña fascinación en el público, tal vez por su originalidad en el tratamiento de ciertos temas, por el humor cruel, o por instantes tan brutalmente sinceros, como ingenuos, que forman parte de la identidad de sus protagonistas.
Esto pudo observarse en su película "En compañía de hombres", en "Gorda" de rotundo éxito en la cartelera porteña y ahora en "Cenizas", en la que LaBute primero logra despertar la compasión, a través de lo que confiesa el único personaje de su obra y luego transforma a ese viudo, en un ángel redentor, en un cínico, o en un ser al que se admira porque fue capaz de reconstruir un vínculo esencial de su vida.
EL HUERFANO
"Cenizas" es una pieza para un solo actor, pero no puede considerarse un unipersonal, porque lo que se impone es esa historia de amor, contundente, que nació a partir de una situación azarosa.
Edward Carr es un ciudadano común norteamericano. Huérfano desde pequeño nunca conoció a sus padres. Su infancia fue nómade, vivió en un hogar y en otro, sin encontrar el sentimiento de familia que necesitaba.
Carr fue un fiel empleado de un hombre de origen suizo, a quien un día le pegó una trompada porque lo acusó de mirar a su mujer, cuando en verdad no era así, sólo estaba viendo el viejo modelo de auto de su empleador.
Edward Carr es un fanático de los autos viejos, de hecho más tarde con su mujer, crean una agencia de autos alquilados, que se convierte en un rotundo éxito, con varias sucursales a lo largo de los Estados Unidos.
EL VELATORIO
En el momento en que el espectador descubre a Edward Carr en escena este aparece en la sala en la que se está velando a su mujer, que murió luego de una larga enfermedad. El está solo a uno de los costados del cajón en el que se presume yace su mujer. Al fondo hay una puerta, que lo separa de familiares y amigos, que se acercaron a saludarlo.
Con "Cenizas", LaBute, obliga al director a desafiar ciertos códigos de la puesta en escena. Al comienzo frente a un micrófono, el protagonista intenta cantar una canción de amor. Poco después mientras fuma intermitentemente, se dirige al público, como si le hablara a su conciencia, a amigos de toda la vida, a los que les dice lo que piensa de él, de su mujer, del amor, de la sociedad y de los hijos.
"Cenizas" se convierte en un hipnótico termómetro emocional para el espectador, porque juega con sus sentimientos, aunque en apariencia, el único personaje, no es un manipulador. Claro que en los minutos finales, en los que revela el secreto que se mantuvo oculto a lo largo de la obra, el público quedará tan golpeado, por el impacto como si le hubieran dado un cross en la mandíbula.
La dirección de Alejandro Tantanian es de una teatralidad admirable, luminosa. Faltan palabras para definir la excelencia interpretativa de Patricio Contreras. Un exquisito equipo técnico -Oria Puppo, Diego Penelas, Jorge Pastorino- convierten a "Cenizas" en un espectáculo para no dejar de ver por su perfección y calidad artística.