martes, 21 de mayo de 2013 I Buenos Aires, Argentina
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Opinión
Siete días de política
Moyano puede ser opositor porque el ajuste llegó a la clase media
01.07.2012 | El camionero solo pretende conservar su poder personal. No es una peligro real para el gobierno. El problema es que, si no para la inflación, la presidenta terminará armando un frente opositor.
Por Sergio Crivelli

El miércoles Hugo Moyano encabezó su primera movilización contra el kirchnerismo, lo que dio lugar a una serie de hipótesis sobre su nueva condición de líder opositor y sobre el daño político que estaría en condiciones de infligirle al gobierno. El acto montado en la Plaza de Mayo demostró, sin embargo, que la iniciativa fue "táctica", que sólo apuntó a preservar el poder sindical del camionero y a evitar que lo manden a la cárcel.

Se trata de una jugada que no promovió la formación de un frente opositor ni de un proyecto electoral alternativo. Eso se vio en el palco y en la convocatoria a la que no quiso sumar a otros sectores enfrentados con la actual administración. Se limitó a mostrar sus músculos (en verdad, bastante modestos) y a denunciar las maniobras de la Casa Rosada para romper la CGT.

De hecho, el paso al frente del líder sindical es una etapa más de un largo proceso de ajuste económico que comenzó en 2008 con las retenciones móviles. Como ya en ese momento el gasto público había desbordado la capacidad razonable de sostenimiento por parte de la actividad económica aun con la soja por las nubes, la presidenta debió aumentar la presión sobre los productores agrícolas disparando un conflicto que representó su primera derrota. Entonces acusó a los chacareros de conformar una "oligarquía vacuna" destituyente, pero más allá de los folclorismos, la raíz de la pelea era la puja por el ingreso.

El proceso continuó incluyendo enfrentamientos por la caja con otros sectores. Así se expropió YPF en una cruzada contra los "grupos concentrados" de la economía, se "apretó" a los gobernadores negándoles recursos y hasta hubo problemas con la clase media cacerolera por el establecimiento del corralito cambiario.

La lógica empleada es siempre la misma: en lugar de ajustar al Estado, se ajusta a cualquier otro sector lo que acarrea protestas y pases a la oposición. De esa manera se va disgregando el frente social de apoyo al gobierno a medida que los beneficiarios del "modelo" se reducen.

Cuando le tocó a los miembros de su sindicato, Moyano, que tiene una alta imagen negativa y no puede aspirar a competir con nadie en una elección abierta, vio el momento de dar un paso al frente y encarar a los políticos de los que había sido socio. El apriete fiscal había llegado a la clase media con ingresos apenas superiores a los seis mil pesos, es decir, a los que permitieron a la presidenta alcanzar el 54% hace apenas ocho meses. Esa es la naturaleza de la oposición inaugurada el miércoles: oportunista, "cuentapropista" y táctica. No alcanza, además, a los sectores marginales de bajos ingresos que siguen leales al gobierno.

Lo reducido de la amenaza no quiere decir, sin embargo, que la presidenta pueda seguir perdiendo aliados e iniciativa. Si persevera en su inmovilidad y en la política de parches a cargo de Guillermo Moreno, el número de afectados aumentará. Ya están comenzando los cierres de establecimientos que se dedicaban a la exportación y la caida de la construcción en mayo (casi 9%) fue la mayor de la última década.

El problema no es Moyano, sino la falta de un plan para romper el círculo vicioso, la increible idea de que desde el atril y por el sólo efecto de repetir como un mantra los "logros" del modelo, se saldrá de la actual parálisis.

La inflación, el retraso cambiario y la pérdida de competitividad están a la cabeza de una agenda urgente que, sin embargo, no tiene lugar en los anuncios presidenciales.

La experiencia histórica enseña que los cepos cambiarios han terminado siempre catastróficamente, pero nadie desde el gobierno aclara qué medidas se tomarán para salir del desfiladero por el que se ingresó el día en que la AFIP resolvió no vender más dólares.

Tampoco hay política antiinflacionaria, a pesar de que la suba de precios erosiona los salarios y habilita movilizaciones como la de Moyano.

La incertidumbre adelanta, además, la pelea por la sucesión dentro del peronismo, activa a los opositores y preocupa a los kirchneristas de tercera fila que ya están empezando a pensar en cambiar de bando. Nunca se oyeron "off the record" tantas quejas internas en el oficialismo.

Motivo predilecro de esas protestas sordas es el "aislamiento" de la jefa de Estado que parece no registrar la magnitud de la tormenta que se está gestando. Rodeada de incondicionales, continúa practicando el secretismo y la sorpresa que ya no desorientan a sus adversarios, sino intraquilizan a sus seguidores.
 

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