LA MUERTE DEL EURO SERIA DEVASTADORA Y NADIE SALDRIA INDEMNE DE SUS CONSECUENCIAS

Europa tiene de rehén a todo el mundo

POR WALTER MOLANO *

El destino de la economía mundial pende de un hilo, mientras los líderes europeos se demoran y juegan a la política subalterna. No es la primera vez que el planeta queda como rehén de las maquinaciones continentales.

Los archivos históricos están repletos de episodios de temeridad y maniobras diplomáticas. Lamentablemente muchos de esos episodios terminaron trágicamente. Mientras el mundo espera sin aliento por los resultados de la próxima reunión cumbre europea, cada uno de esos encuentros es inconducente. Lo único cierto de las reuniones europeas es que a cada una de ellas le sigue otra cita o algún hecho catastrófico.

Es esta la característica natural de una estructura multipolar compuesta por actores de tamaño similar. Ningún actor puede imponer su control hegemónico; por lo tanto, el acuerdo es inestable. Los países cambian de bando todo el tiempo, lo que convierte a los enemigos en amigos y viceversa. Los anales de la historia también están colmados de grandes estadistas europeos, como Metternich, Talleyrand o Bismark, quienes fueron hábiles para usar el continente como un virtual tablero de ajedrez. Grandes cumbres como las de Versalles (1919), Munich (1938) y el Congreso de Viena (1815), pensadas para resolver conflictos, sólo causaron más problemas. Durante buena parte de los últimos cinco siglos el destino de la economía mundial quedó sujeto a disputas europeas menores.

EL VIEJO MUNDO DOMINA

Después de la Segunda Guerra Mundial hubo medio siglo en que el mundo ya no fue dependiente de los asuntos europeos. El surgimiento de Estados Unidos y la Unión Soviética como enormes superpotencias permitió la imposición de una estabilidad hegemónica. El ascenso de China, otro país que empequeñece a cualquier estado europeo individual, indica que el sistema mundial se mantiene estable, pero otra vez nuestro destino depende de lo que pase en el Viejo Continente.

Mientras muchos europeos empiezan a maldecir el día en que aceptaron la moneda única, el resto del planeta está llegando a la misma conclusión. No es tanto que un régimen de tipo de cambio fijo no vaya a funcionar en una economía que carece del factor de la movilidad, un sistema bancario unificado y una estructura fiscal integrada.

Se trata más bien de que la moneda única habilitó a Europa a conseguir una escala con la que podía competir con otras superpotencias y por lo tanto hizo que sus celos, rivalidades y viejos prejuicios reinfectaran a la economía mundial. Nunca habrá una solución al problema europeo en tanto se permita que las pasiones teutonas, galas, latinas, escandinavas o íberas fijen la agenda. Las culturas tribales son demasiado diferentes y los países son excesivos para conseguir un ambiente político estable.

Así como en los días tranquilos de agosto de 1914 el resto del planeta esperaba pacientemente que la racionalidad se impusiera, y terminó viendo que el continente explotaba en un destello ilógico de pólvora y muerte que pronto se extendió a los cuatro extremos del mundo, ahora esperamos que Europa actúe lógicamente y ponga fin a la locura de la crisis actual. Lamentablemente, puede que nos aguarde otra decepción. El tiempo se agota y el mercado pronto tomará las cosas en sus manos. Esto podría producir una crisis que conduzca a la disolución del régimen de moneda común.

El problema es que la ruptura del euro sería devastadora y haría que el derrumbe de Lehman pareciera un incidente menor. El fin del euro conducirá a controles de capital, a la implosión de los bancos en los principales centros monetarios y al repudio de las deudas soberanas. Las contrapartes financieras desaparecerán, se evaporará la liquidez y el sistema de pagos quebrará. El repudio de las deudas soberanas fijará además un precedente que será seguido por otros países del mundo en desarrollo. Nadie escapará a los daños de la desaceleración mundial, que llevará al desplome de los precios de las materias primas y a interrupciones en los flujos comerciales. Al extenderse el declive económico se disparará la agitación política y social. Hasta la economía estadounidense será gravemente afectada por los efectos del freno planetario.

Por lo tanto, los problemas de Europa son los problemas de todos. Muchos líderes de mercados emergentes se equivocan al pensar que sus economías son inmunes a lo que sucede a la distancia. Lamentablemente, estamos volviendo a una situación que creíamos haber dejado atrás medio siglo atrás, cuando Europa estaba reducida a un montón de escombros. Esta vez el conflicto ya no será militar sino financiero. Pero la destrucción será la misma.

* Economista de BCP Securities.