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Economía
SI SE SIGUEN ACUMULANDO PRESIONES, LA CORRECCION EN 2013 SERA INEVITABLE
Esperando soluciones mágicas
01.07.2012 | En Europa, hay un falso debate entre ajuste y crecimiento. Políticas keynesianas expansivas requieren de nueva deuda que hoy muchos países no pueden emitir. En la Argentina, al igual que en Europa, el gobierno parece esperar que un golpe de suerte resuelva el dilema que plantea la falta de fondos.

Por Daniel Artana *

La delicada situación europea ha llevado a instalar un falso debate entre ajuste o crecimiento. La opción keynesiana expansiva, que es aconsejable en momentos de receso, requiere de financiamiento. Es claro que el sector privado europeo (en particular, la banca) no tiene espacio para endeudarse ante las dudas sobre su solvencia. Y buena parte de los países europeos individualmente, y Europa como un todo, no parecen tener la capacidad de emitir deuda a tasas bajas por montos significativos.

La única salida al problema pasa por introducir reformas estructurales que mejoren la competitividad de las economías con mayores problemas de actividad y reformas fiscales estructurales en toda la Unión Europea, que permitan abrir el espacio para que mayores déficits fiscales hoy (acompañados de un nuevo impulso monetario) sean financiables por emisión de deuda a tasas bajas.

Pero la resistencia política a las reformas estructurales ha probado ser muy seria. Un ejemplo es el caso de Italia donde se ha avanzado poco y nada en tal dirección. En alguna medida, se apuesta a soluciones mágicas que resuelvan los dilemas sin pagar costo político alguno.

VICTORIA PIRRICA

En la Argentina, por medio de una suerte de victoria pírrica, el gobierno ha logrado aumentar el superávit comercial a un nivel del orden de u$s 10.000 millones anuales, pero la proliferación de controles a las importaciones y a los giros de dividendos y pagos de regalías al exterior han afectado seriamente a la inversión.

Al mismo tiempo, la confianza del consumidor se ha deteriorado, lo que se explicaría por una suma de efectos: la parálisis en la creación de empleo privado, los controles a la compra de divisas, las tensiones dentro del partido gobernante por la falta de fondos y la percepción de que el Gobierno, en el mejor de los casos, está tratando de ganar tiempo hasta que un golpe de suerte resuelva los problemas.

Acostumbrado a tomar decisiones en un contexto de abundancia, el Gobierno parece shockeado ante un escenario con menor holgura y sus respuestas sólo contribuyeron a aumentar la desconfianza llevando el riesgo país a niveles exorbitantes. Por ejemplo, los bonos públicos de corto plazo en dólares tienen tasas de retorno cercanas a 20% anual cuando los vencimientos de deuda son acotados y no justifican tal deterioro. La explicación viene por el lado de los rumores de medidas extremas, como la pesificación, que surgen desde el seno del propio oficialismo.

NO ES TAN GRAVE

Desde 2003 a la fecha, el Gobierno tuvo que enfrentar un contexto desfavorable solamente en el último trimestre de 2008 y la primera mitad de 2009. La crisis internacional de aquel entonces impulsó una depreciación del tipo de cambio real de Brasil del 26% entre agosto y diciembre de 2008, al mismo tiempo que el precio internacional de la soja caía 29%. A eso se sumó una sequía devastadora que redujo la producción en alrededor de 30 millones de toneladas.

El deterioro externo es mucho más acotado en la actualidad. El tipo de cambio real de Brasil se depreció 19% entre agosto de 2011 y mayo de 2012 y el precio internacional de la soja aumentó levemente en el mismo período. A su vez, la sequía costará alrededor de 15 millones de toneladas.

Sin embargo, el margen de maniobra del gobierno es mucho menor en la actualidad. Por ejemplo, el superávit primario del gobierno nacional genuino era de 2,5% del PBI en 2008. Algunas medidas activas y la recesión lo convirtieron en un déficit moderado en 2009. Hoy el punto de partida es un déficit primario genuino de casi un punto del PBI y sin capacidad de emitir nueva deuda para acolchonar la desaceleración en la demanda privada.

El Gobierno parece decidido a utilizar los fondos de la Anses, pero éstos están invertidos en activos dentro de la Argentina, con lo cual el impacto sobre la actividad está acotado a efectos de segundo orden de magnitud (por ejemplo, si la construcción genera más impacto sobre la demanda agregada que los préstamos a otros sectores, que caerían si se utilizan los plazos fijos del sistema previsional para financiar préstamos para la compra de viviendas).

Además, los números externos eran más holgados en aquel momento y no había atraso cambiario. Finalmente, el escenario externo, que se había agravado en forma fuerte y rápida, se revirtió de la misma manera. El real brasileño se fortaleció 19% en términos reales en la primera mitad de 2009 y la soja aumentó 35% en dólares en ese mismo lapso.

Dadas las demoras en implementar una solución efectiva para los problemas de Europa y dada la intención del gobierno brasileño de evitar una apreciación real de su moneda, no parece que en esta oportunidad Brasil le dé un alivio a la Argentina. El alto precio internacional de las commodities agrícolas se explica por problemas climáticos en Estados Unidos que deberían normalizarse en el mediano plazo si la economía mundial no reacciona a un ritmo más fuerte.

Ello sugiere que la menor disponibilidad de fondos será más duradera. Entonces, empiezan las pujas por pasarle el costo del ajuste a otro, típicas de la historia argentina. Las provincias que empiezan a tener dificultades para pagar sueldos en tiempo, luego de que ya agotaron las demoras en los pagos a proveedores; las empresas del Estado que pierden ingresos por la desaceleración económica y no tienen capacidad de endeudarse; y la Nación que sólo tiene como válvula de escape al Banco Central (que ya emite a un ritmo superior al 30% anual) o a la Anses, que no tiene la capacidad de inyectar recursos a la economía como un todo porque ya repatrió en el pasado las inversiones que tenía en el exterior.

COMO SIEMPRE

Y el sector privado, que siente la elevada presión tributaria más que nunca y reclama reducciones de impuestos que el Gobierno no puede afrontar. El problema no es muy diferente de otros episodios del pasado. En los momentos de auge, el gasto público de los tres niveles de gobierno aumenta a un ritmo inusual. Ante los problemas de ingresos, se recurre al Banco Central al mismo tiempo que se deja atrasar el tipo de cambio real para evitar agregar más inflación. Pero ello impacta negativamente en el sector transable de la economía.
Se decide entonces acentuar las restricciones a las importaciones, lo cual da un alivio parcial a costa de los consumidores, pero no puede resolver el problema de los exportadores. Ello no significa que la economía argentina esté expuesta a un Rodrigazo o a una crisis como la vivida en 2002.

Si bien existe un atraso tarifario similar al que había en 1975, el déficit fiscal de la Nación y las provincias es hoy alrededor de un tercio del que había en aquel momento, y el desabastecimiento de productos es mucho menor.

Además, no hay grandes problemas de stock a la vista: los vencimientos de deuda pública son manejables, no hay grandes alertas en el sistema financiero y la deuda externa privada es relativamente baja. En cambio, existe el riesgo de una estanflación o de una recesión modesta.

El Gobierno debería ajustar los números fiscales, corregir el tipo de cambio para acompañar la depreciación del real brasileño y eliminar las restricciones a las importaciones y a la compra de divisas. Ello generaría algún trauma adicional en el corto plazo, pero restablecería cierta coherencia en las variables macroeconómicas. La alternativa de esperar un golpe de suerte sólo parece destinada a acumular presiones hasta el año 2013, cuando -ya pasadas las elecciones de medio término- la corrección será inevitable.

* Economista jefe de FIEL.

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