Una exposición exalta el mito de Antinoo -el joven amante del emperador Adriano cuya belleza inspiró a artistas del Renacimiento-, a través de cincuenta esculturas, relieves y monedas que pueden verse en el yacimiento arqueológico de Villa Adriana, en Tívoli, en las afueras de Roma.
La muestra "Antinoo. La fascinación de la belleza", abierta hasta el 4 de noviembre, hace revivir a través de obras provenientes de museos de todo el mundo la figura del joven esclavo que el emperador Adriano (73-138 d.C.), inmortalizado por Marguerite Yourcenar, conoció en uno de sus viajes por Asia Menor en el año 123.
Según los organizadores, el sentido de la exposición es develar el vínculo entre ambos, después de que otras muestras anteriores en Villa Adriana indagasen en las relaciones del llamado emperador viajero -sucesor del gran Trajano- con las mujeres que pasaron por su vida.
Ahora se perfila con más nitidez la figura de Antinoo, cuya muerte suscitó todo tipo de hipótesis en la Antigüedad, desde que se trató de un suicidio que buscaba implorar a los dioses para alargar la vida del emperador, hasta que fue asesinado.
La antología fue dividida en cuatro etapas para diferenciar las distintas idealizaciones surgidas en torno al joven, al que artistas de todas las épocas atribuyeron el ideal de belleza clásica de los cánones estéticos fijados en las estatuas griegas y romanas.
La primera parte aborda la relación entre Adriano y Antinoo a través de un busto de mármol del joven que se conserva en los Museos Vaticanos y de una escultura de bronce del Museo Arqueológico de Florencia. Mientras que la segunda y la tercera recogen la representación del joven en los papeles de los dioses griegos Apolo o Dionosio y en el de Osiris, el dios egipcio.
La última sección está dedicada a la concepción del joven a través de los siglos, y recoge un retrato realizado por el pintor italiano del siglo XVIII Agostino Penna elaborado para su libro "Viaje pictórico de Villa Adriana", que en la actualidad se conserva en los Museos Vaticanos.
Con esta exposición se inaugura el nuevo recorrido por el Antinoeion, la tumba-templo (excavada entre 2002 y 2005) que el emperador dedicó a la memoria del joven en Villa Adriana, a una veintena de kilómetros de Roma desde donde dirigió el imperio en sus últimos años.
El Antinoeion es la última joya descubierta en este importante yacimiento arqueológico en el que la región del Lazio va a invertir cuatro millones de euros hasta 2013 para acondicionar otros edificios, restaurar mosaicos y mejorar sus accesos y sus zonas verdes.
EL PALAIS DE TOKYO
Tras una renovación que aumentó su tamaño casi al triple, el Palais de Tokyo abrió en París sus puertas inaugurando lo que es ahora el más grande, y quizá más polvoriento, centro de arte contemporáneo de Europa.
El polvillo no está ahí por error, es parte de una obra inconclusa que busca inspirar a los artistas a quienes se les deja deambular libremente por su interior.
Unos cincuenta artistas realizaron una jornada de creación de forma ininterrumpida durante treinta horas para celebrar la nueva etapa del centro albergado en el imponente edificio Art Deco de París.
El costo de la renovación fue de cerca de 20 millones de euros y se realizó a lo largo de diez meses, dando como resultado 22 mil metros cuadrados de espacio para el arte, más grande que tres canchas de fútbol.
Los cuatro pisos del centro exhiben columnas de revestimiento áspero, bloques de concreto parcialmente pintados y cables de luz expuestos.
Pero la remodelación no está incompleta. El estilo inconcluso es completamente intencional, según deseos de su director Jean de Loisy y del curador Julien Fronsacq, apoyados por el ministro de Cultura, Frederic Mitterrand.
El proyecto de remodelación también abrió el sótano del Palais de Tokyo, de dieciséis mil metros cuadrados de espacio, desaprovechado que acumuló polvo durante veinte años.
Ahora se puede caminar desde la Torre Eiffel por el puente peatonal hacia el museo, porque hay una nueva entrada junto al río al mismo nivel.
El centro incluirá muestras de seis jóvenes artistas cada dos meses y busca recibir con el tiempo a unos quinientos mil visitantes anuales.
PALACIO PROVINCIAL
La ciudad francesa de Albi, capital del departamento de Tarn, que en 1864 vio nacer a Henri de Toulouse-Lautrec, reabrió en estos días el museo que alberga la mayor colección del pintor posimpresionista con el que pretende lanzarse como lugar turístico a imagen de lo que hizo Bilbao, en España, con el Guggenheim, según deseos del alcalde, Philippe Bonnecarrère.
Para eso, la ciudad vecina de Toulouse ha invertido treinta y ocho millones de euros en unas reformas que, durante diez años, han cambiado la fisonomía del museo de Toulouse-Lautrec, que alberga un millar de obras del pintor.
Albi cuenta con otro punto de referencia para atraer a los turistas, y es que en 2010 la Unesco la declaró Patrimonio de la Humanidad.
Situado en el Palacio Episcopal, a dos pasos de la característica catedral de ladrillo del siglo XIII que marca el perfil de la ciudad, el museo expone unas doscientas obras que suponen todo un repaso de su carrera, desde los pintores que más le influyeron hasta sus cuadros, carteles y litografías más conocidos, con curaduría de la directora del museo, Daniele Devynck.
Hijo de una familia aristocrática, Toulouse-Lautrec sufrió de adolescente la rotura de ambas piernas, lo que impidió su crecimiento, y los complejos que el hecho le significó.
Instalado en París, reinventó el afiche de la noche parisiense y pintó los cuadros más famosos de los burdeles de Pigalle, en los que pasaba mucho tiempo.
Pero mantuvo siempre una vinculación con su madre y con Albi que acogió su producción tras su muerte en 1901, luego que varios museos parisienses la rechazaran por su temática.
El museo propone un recorrido cronológico y temático entre las salas seculares del Palacio Episcopal. Sus obras de infancia, de madurez y sus cuadros más representativos, junto con algunas piezas del repositorio y otras prestadas por el museo de Orsay, entre ellas un Matisse, que muestran las influencias que jalonaron la vida de Toulouse-Lautrec, un personaje fascinante que el cine no ignoró. El actor José Ferrer lo encarnó en "Moulin Rouge", el filme de 1952 por el que fue nominado al Oscar.
Ahora, con la fuerza de un nombre reconocido internacionalmente, Albi espera sacar provecho de la herencia de su hijo más famoso y convertirse en un foco de atracción turística. Otras ciudades francesas intentan hacer algo parecido, como Metz, que abrió un Centro Pompidou en un edificio futurista, o Lens, que organiza una "sucursal" del Museo de Louvre.